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"El lenguaje de hoy sufre de estrés"

Actor. Rafael Álvarez cierra su trilogía sobre la palabra con 'El Evangelio de San Juan', que abre en septiembre la temporada en el Centro Dramático Nacional

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Quillo, está usted un poquito más gordo que la última vez que vino!', suelta la señora al ver al hombre que se acaba de levantar de su mesa. 'Mujer, no me diga eso, que me empiezo a preocupar', contesta él con voz grave, evidentemente sonrojado. 'No, hombre, si está usted muy bien. Vamos a hacernos la foto para colgarla en la pared', concluye ella con una sonrisa. La conversación, entre una camarera y RafaelÁlvarez El Brujo, (Lucena, Córdoba, 1950) se produce en un bar de El Puerto de Santa María (Cádiz). Un local decorado con azulejos y escudos del Portuense, el equipo local de fútbol, donde fluye sin parar la cerveza de barril. Es sábado por la tarde. El bar está a solo unos metros del Colegio San Luis Gonzaga, donde un par de horas después el actor cordobés representa El Testigo, montaje con el que está de gira este verano. El cariño de la camarera se traslada al patio de butacas: llenazo total. Pero antes, el actor charla con Público sobre El evangelio de San Juan, la obra que abrirá la temporada del Centro Dramático Nacional el próximo 16 de septiembre. El texto es a la vez un cierre: el de la trilogía que el actor comenzó con San Francisco, Juglar de Dios y continuó con El caballero de la palabra. Con ella, El Brujo se ha regodeado en la palabra como un testimonio sagrado.

El evangelio de San Juan' tuvo su estreno en Mérida el año pasado, pero sera en septiembre cuando abra la temporada en Madrid. ¿Vamos a ver algún cambio en el montaje?

Sí. Es un texto muy difícil. El de San Juan es un Evangelio absolutamente poético, con un lenguaje bellísimo donde lo importante es el sentido oculto detrás de las acciones. Eso le hace ser el evangelio místico, que se revela ante la mirada atenta del espectador. Eso sí, si no está atento, es verdad que se hace incomprensible y pesado.

¿Qué se le reveló a usted?

Un tesoro inagotable de cosas. Todo gira en torno a la idea esencial de que Dios es comunicación. En eso consiste el misterio de la Trinidad: dentro del propio Dios hay conversación. Dentro de la unidad hay dos. Y lo que yo hago es coger al público e introducirlo en una especie de monumento poético como si fuera un guía, un cicerone en medio de esta enorme catedral de palabras.

¿Una explicación desde el agnosticismo o desde la creencia religiosa?

Trato de dejar de lado mi opinión personal. Lo más importante es que hable el Evangelio. Yo no soy un misionero, ni un proselitista, ni un clérigo. Soy un contador de historias. Y el Evangelio es un relato acerca de la vida de un hombre. Pero, quién es este hombre, a eso tiene que responder el espectador. El misticismo no invita a una confesionalidad sino al misterio.

A la jerarquía eclesiástica parece habérsele olvidado ese misterio.

La Iglesia actual y la pasada ha conservado el mensaje de Jesús, pero en estado latente. Parece ser que ahora es cuando más contradicciones tiene la Iglesia: ya no puede imponer nada. Pero también creo que la espiritualidad tiene un código diferente a esto.

Borges decía que la Biblia es el libro más fantástico nunca escrito. ¿Está de acuerdo?

Lleva razón. La Biblia es un libro mitológico. La literalidad de la Biblia ha sido establecida después por corrientes religiosas. Eso no quiere decir que no contengan una verdad espiritual, lo que pasa es que tiene que ser descubierta a través de la ficción. Cualquier relato es una mentira, es un cuento. Pero te toca porque te revela una verdad.

¿Cómo llega a interpretar este Evangelio?

Yo suelo hacer retiros en el Monasterio de Silos. Me voy diez, doce días, Una de mis amistades es el abad de Silos, Clemente Serna. Es un hombre profundamente instruido en estos temas, pero abierto y sabio. Yo allí hago vida juglar. Hace cuatro años, un día después de interpretarles El lazarillo, me dijo el monje: '¿Por qué no cuentas el Evangelio?'. A mí me pareció un disparate, pero me puse a leerlo. Me atraía mucho el de San Juan por su impacto estético, por ejemplo cuando Jesús dice 'mi carne es el manjar'.

Eso no suena muy religioso.

Claro, esa antropofagia hay que verla en el contexto del lenguaje poético. La palabra enunciada es una forma de transmisión...

Que se está perdiendo.

Sí. Eusebio Lárazo hablaba el otro día en un artículo del deterioro del lenguaje en el cine, de la simpleza de los diálogos, del escaso relieve de las frases Y si tú ves una película de hace 30 años hay unos diálogos impresionantes. Se está perdiendo la entonación, la capacidad de entonar las diferentes morfologías del lenguaje. Y esto también les está ocurriendo a los locutores de radio, que tienen prisa. El lenguaje sufre de estrés. Se está depauperando por un sistema de vida en el que hay mucha prisa, estrés, empobrecimiento.

En esta caída libre, ¿tiene salvación el teatro?

El teatro es el espacio de la palabra. Y no sólo en el sentido de la interpretación, sino en el rítmico, musical, la declamación, la prosodia.

Pero hace poco dijo que la interpretación había bajado muchos enteros en España.

Sí. El deterioro empezó con [Antonio] Resines (risas). Ahora es un actor apabullante, pero cuando empezó, como le ocurrió a toda mi generación, había una tendencia al naturalismo porque creemos que es más creíble si se habla mal: Jo, macho, tío. Pero el espacio del cine y el teatro deberían revertirse de una cierta dignidad poética. La culpa la tienen también los directores de cine que en muchos casos son unos analfabetos.

Para enseñar a los actores están las escuelas de Arte Dramático.

Ahora les enseñan con prisas. Les preparan para castings de Telecinco o Antena 3 donde van a cobrar muy barato. El cine está también infectado del mismo ambiente: mediocridad intelectual y deterioro del lenguaje. En cambio en el cine inglés, ves en la tele la serie de Los Tudor y es realmente increíble, maravilloso. Es una cuestión del desprecio que tiene la gente del cine español al teatro. Muy pocos directores de cine valoran el teatro y van al teatro. Aquí te encuentras a fantásticos cineastas como José Luis Garci que se ufanan de decir que el teatro les parece un coñazo y que no van nunca.

A usted se le ve poco en el cine.

Yo he trabajado poco en el cine porque veo que los directores tampoco se ocupan mucho del lenguaje. A veces veo a un actor diciendo unas frases muy mal dichas y el director está más pendiente del travelling. Mira los Goya. Generalmente cuando la gente se sube ahí a hablar dan un espectáculo bochornoso.

Por cierto, usted hace sus espectáculos solo. ¿Por qué?

Porque me cuesta mucho compartir el escenario con gente que no comparte todo esto de lo que estamos hablando. Y por otro lado, porque mi vocación es la del actor solista, donde yo me puedo expresar como contador de historias. Por eso tengo mi propio chiringuito.

Un chiringuito que ahora se lleva al Centro Dramático Nacional. ¿Cómo ha sido el traslado?

Fui a ver al Director General de teatro anterior, Carlos Marset, que es profesor de estética y nos enzarzamos en una discusión de este tipo. Cuando le hablé del Evangelio creí que me iba a encontrar con un muro de incomprensión: 'Este se ha hecho del Opus'. Pero me encontré con alguien que me decía que la teología era estética. Por otro lado, en el CDN está ahora Gerardo Vera, un hombre de mi generación que viene del teatro independiente y que es un hombre sensible a la gente que trabajó con él en aquella época. Y me ofreció el teatro para abrir la temporada.

Gerardo Vera también ha dicho que de aquí a 2012 el presupuesto se reduciría en un 36%. Imagino que su producción, más barata, habrá influido.

Puede ser que cuando hay crisis la gente trata de adaptarse a nuevas formas. Esta producción requiere mucho esfuerzo. Pero aún así es barata en comparación con Hamlet, por ejemplo.

¿La crisis le viene bien al teatro para dejarse de grandes producciones?

Sin duda. Tú puedes hacer El rey Lear con un presupuesto grande o pequeño. Pero a veces los pequeños montajes tienen más fuerza que cuando tienes el presupuesto de tu vida porque no sabes en qué gastarte el dinero.

Irse al teatro público ahora es arriesgado. Estamos de rebajas.

Eso es un problema del teatro público, porque están acostumbrados a trabajar con 100 millones y si ahora le dan 70

¿En su caso no hubiera sido más cómodo quedarse en el privado?

No, porque para este montaje es mejor el María Guerrero. Porque es un montaje donde yo no tengo que seguir con ansiedad la pulsión de tener que gratificar al público de forma inmediata, cosa que en el teatro privado, comercial puro y duro, hay una necesidad permanente por parte del público de ser gratificado, compensado y además de forma urgente.

En estos tiempos, ¿por qué hay que subvencionar al teatro privado?

El teatro privado necesita apoyo, pero también una racionalización para que los teatros de Madrid no se cierren. Los empresarios deben llegar a acuerdos con el ayuntamiento para la conservación de esos teatros, que muchos de ellos se están cayendo. En cambio, el ayuntamiento [de Madrid] está volcado en el Teatro Español porque es su escaparate político. Es una continuación del gabinete de relaciones públicas del señor Gallardón. Hace falta apoyo, pero no al amiguete, sino una racionalización de los criterios de distribución de ese dinero.

El último anuario de la SGAE decía que el teatro había perdido un millón de espectadores de 2008 a 2009.

Es cierto que los empresarios siempre han dicho que la crisis no afectaba al teatro, porque el público que va al teatro todavía no había sido afectado por el tema económico, pero yo creo que algo va a afectar, y cierto es que algo ya está afectando.

¿Usted lo está notando?

Yo no, afortunadamente. Lo que sí noto es la dificultad de los ayuntamientos en pagar. Ahora bien, los ayuntamientos están muy mal acostumbrados. Te contratan y piensan que ya te hacen un favor. Pagan mal, tarde, fuera de contrato. Hacen incumplimiento de contrato. Esto no puede mantenerse.

¿Le ha pasado?

Sí, en algunos casos puntuales. He tenido que poner algunas demandas a algunos ayuntamientos.

¿Cuándo ocurrió?

Hace unos meses con el Ayuntamiento de Getafe. Además, te amenazan mafiosamente. Te dicen: 'Si nos demandas va a ser peor'. ¿Cómo una institución pública puede presionarte como una mafia porque tú exiges algo que te pertenece y él no ha cumplido? Pues esto ocurre en esta democracia. En Getafe.

¿Ya le han pagado?

No, a mí no. Lo que puede ser es que no se contrate o que te digan que te van a pagar menos, pero cuando te toque cobrar, tienes que pagarle y si no, por lo menos llamar y pedirdisculpas.

Sus personajes siempre son bastante excéntricos. ¿Los políticos de hoy se encuadrarían en alguno de sus personajes?

No, ninguno. No les llegan a la altura de las zapatillas. Pero ni los del PSOE ni el PP, ni ninguno. El político de hoy está igual que el lenguaje de hoy en el cine español. Los políticos están muy devaluados, pero es que se lo ganan a pulso. El Congreso de los Diputados parece una guardería. Es todo de pelea barata.

Y nos damos cuenta. La sociedad no es idiota. Por eso están tan mal valorados.

Sí, sí somos tontos. O nos comportamos como tontos. Estamos en unos tiempos en los que parece que nadie puede tener secretos, pero hay un secreto que se mantiene: cómo tantos intereses, aparentemente contrarios, en el fondo tienen el mismo interés en que la gente permanezca sin enterarse. Eso sí que es una gran conjura. ¿Cómo es que en el fondo la política de Telecinco y Antena 3, aunque aparentemente son competencia, en el fondo son lo mismo? Y con el PP y el PSOE pasa lo mismo.