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Leyendas que alimentan un teatro pudoroso

Cuenta la leyenda checa que fue Joav, un judío pudiente, el primero en presentar una obra de Teatro Negro en Praga 

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El Teatro Negro es más un juego que cualquier otra cosa. Cuenta la leyenda checa que fue Joav, un judío pudiente, el primero en presentar una obra de este tipo en Praga. El espectáculo fue algo muy sencillo con el que sólo pretendía agasajar a sus invitados. Sin embargo, esta nueva técnica de representación que Joav había conocido viajando por China gustó tanto que pronto fue ganando popularidad entre los vecinos. Los praguenses de la época eran muy aficionados a las artes escénicas. Praga albergó la primera representación del Don Giovanni de Mozart en su Teatro Estatal, y las obras de Smetana se recitaban casi a diario. En el siglo XVIII, la capital checa era uno de los centros culturales de Europa, lo que provocó, de alguna manera, que la estructura urbana fuese un gran escenario que acogía espectáculos de todo tipo.

Este tipo de teatro parte de la imposibilidad del ojo humano de distinguir negro sobre negro. La técnica se conoce como gabinete negro, y consiste en vestir todo de ese color. De esta forma, cuando empieza la función, actores, escenario y utillería se tiñen y el espectador queda a merced de lo que los intérpretes quieran mostrarle. Objetos que vuelan iluminados de manera estrategia, artículos fosforescentes o personajes que, de repente, aparecen flotando para deleite del público. Siendo esta artillería lo único que el público podrá ver, se convierte en el verdadero secreto de un espectáculo con tintes naíf que se ha convertido en insignia de Praga.

Basta compartir un 'pivo' con un nativo para que narren todas esas historias a las que aún hoy parecen temer

Las leyendas que se hacinan en torno a esta representación son muchas. Basta compartir un pivo (cerveza) con un nativo para que narren todas esas historias a las que aún hoy parecen temer. Para muchos, tras la fantasía del Teatro Negro, se esconde la hechicería de aquel entonces, la nigromancia de los que se libraron de la hoguera. Las compañías de teatro de Praga alimentan estas habladurías eligiendo a Godum y a otros personajes oscuros de la historia del país para protagonizar sus números, lo que convierte al Teatro Negro en un verdadero símbolo nacional. Sin embargo, este género también causa especial atractivo para los más pequeños. Por ello, a pesar de las opiniones contrarias de los más dogmáticos, muchos grupos de teatro adaptan textos infantiles clásicos, consiguiendo así acercarles a la tradición teatral del país aprovechándose de la posibilidad que el Teatro Negro da para captar la atención mediante golpes de luz.

Blanick, Metro, Animado... son salas que programan funciones negras, amontonándose por los barrios más característicos de la ciudad, desde Josefov, el barrio judío en el que vivía Joav, hasta Novè Mestro, el nuevo distrito residencial de la capital checa. Quizá es el Ta Fantastika, en Malá Strana uno de los más conocidos y preferidos por los praguenses, ya que posee un amplio y variado cartel durante todo el año. Al estar sentado en una de sus butacas por primera vez, el espectador sentirá la inquietud ante lo desconocido, ante la sensación de estar a punto de contemplar algo que ha marcado los ritmos culturales de un país rebosante de leyendas negras.

Praga resulta fértil para la recreación de escenas oníricas del Teatro Negro. Un espectáculo que no termina una vez que son encendidas las luces y bajado el telón: fuera espera un laberinto de callejones estrechos, edificios misteriosos y un aura tenebrosa que acompaña a una ciudad en la que, una vez caída la oscuridad natural, todo parece volverse aún más fantástico.