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"La libertad a la que aspiro es utópica"

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Nader y Simin se quieren divorciar. No es la única separación existente en un Irán fracturado en dos, dividido entre hombres y mujeres, fundamentalistas y seculares, aspirantes al exilio e inclinados a quedarse para lograr cambiar su rumbo. De todos ellos habla Asghar Farhadi (1972) en su quinta película, un compendio de historias cruzadas que se originan con el conflicto entre un hombre y la trabajadora ultrarreligiosa que cuidaba de su padre. Ganadora del Oso de Oro en la pasada Berlinale, la película llega hoy a la cartelera española de camino a los Oscar, en los que representará a Irán entre los filmes de habla no inglesa, tras esquivar a la censura con la sutileza como mejor arma. El cineasta nos dio cita en París, donde se instalará en breve para rodar su primera película europea, junto al actor francés Tahir Rahim (Un profeta) y lejos de las presiones crecientes del régimen isla-mista en su país, de las que habla sólo a media voz.

¿Simbolizan los personajes de su película a un país que también se encuentra en pleno trámite de divorcio?

'Las películas más políticas son las que menos lo parecen', dice el director

Existe un vasto retrato social en la película y es posible hacer una lectura en clave iraní, aunque no sea la única posible. No se trata de una enciclopedia para conocer a fondo mi país. Ninguna película puede aspirar a tanto. Por otra parte, seguro que los españoles podrán identificarse con lo que cuento, incluso si no tienen la menor idea de lo que sucede en Irán. Hablo de un divorcio entre dos clases sociales, pero también de una separación más íntima, que se reproduce en el interior de cada familia y de cada individuo, en muchos lugares del mundo.

¿Existe, como indica su película, un Irán que mira al futuro y otro que se aferra al pasado?

Exacto. Una parte de la sociedad mira hacia la modernidad y el futuro, mientras que la otra se mantiene fiel a la tradición y a la identidad cultural. Pero no creo que sea blanco y negro, ni que existan dos grupos claramente enfrentados, puesto que existen paradojas en el interior de cada clase social. Incluso los menos conservadores tienen tendencia a defender la tradición. El personaje de Nader pertenece a la clase urbana, pero no está al margen de ciertas tendencias tradicionalistas. Si se niega a abandonar el país, como le pide su esposa, es porque se siente íntimamente ligado a su padre enfermo.

«El cine no puede servir sólo para constatar que nos encontramos en un callejón sin salida»

Contra la imagen estereotipada de la mujer iraní, ha escogido a personajes femeninos valientes y comprometidos con el cambio.

Mi opinión personal es que las mujeres acompañan más a menudo las evoluciones sociales, mientras que los hombres son más partidarios de la estabilidad y el continuismo.

Su película está llena de conflicto e incomprensión entre las personas. ¿Cree que el entendimiento entre humanos es imposible?

«Si soy prudente, es para hacer pasar mensajes políticos sin que me lo impidan»

Todo lo contrario. Si fuera pesimista al respecto, nunca hubiera rodado esta película. Para mí, el cine no puede servir simplemente para constatar que nos encontramos en un callejón sin salida. Si fuera así, me parecería totalmente inútil. Lo que yo creo es que reflejar la existencia de este problema origina una reflexión en el espectador, que se ve obligado a buscar sus propias soluciones. Que yo no proponga ninguna no significa que crea que no existen. Además, no aspiro a que el espectador piense lo mismo que yo, sino a que piense. No quiero adoctrinar, sino generar reflexión.

¿Se considera un cineasta político?

Si por político entiende un cine que refleje un manifiesto político, entonces no lo soy. Pero yo creo que las películas más políticas son las que menos lo parecen...

Hasta hace muy poco, había mantenido una actitud prudente respecto al régimen iraní...

¿Por qué dice que soy prudente? ¿Si hiciera un cine repleto de eslóganes lo sería menos? Para mí, presentar una imagen realista de Irán a través de mi cine es el mejor método político que pueda utilizar. Si voy con cuidado y soy prudente, es para hacer pasar mensajes políticos sin que me lo impidan. No creo que sea prudencia, sino más bien astucia [risas].

Se lo decía porque, en el último año, ha salido de la reserva. Ha apoyado al cineasta encarcelado Jafar Panahi y al movimiento anti-Ahmadineyad. ¿Qué problemas le ha provocado?

No tengo más problemas que cualquier otro cineasta iraní. Y no me gusta demasiado hablar de los que he experimentado, porque lo último que quiero es que parezca que quiero llamar la atención o presentarme como una víctima. Digamos que he podido hacer esta película en las mejores condiciones posibles, aunque no sea del todo cierto.

'En Occidente tampoco existe la plena libertad', ha dicho. ¿Considera el mundo occidental condescendiente respecto a la situación iraní?

Nunca he querido utilizar este argumento para justificar la falta de libertad en mi país, sino para decir que debemos anhelarla todavía más. El ser humano no dispone de libertad absoluta en ningún lugar de este mundo. La libertad a la que aspiro es auténtica y utópica.

¿Se plantea una estancia pasajera en Francia o más bien un exilio permanente?

La inmigración es uno de los fenómenos más positivos del mundo moderno. Siempre que no sea forzada, porque entonces se convierte en tragedia. Los artistas no estamos exentos de ese fenómeno, aunque ese no sea verdaderamente mi caso. Yo me marcho porque las historias que ahora me apetece contar suceden en Europa.

'Mejor un final amargo que una amargura sin fin', decía uno de los personajes de su anterior película, A propósito de Elly'. ¿Lo comparte?

Es una frase que refleja profundamente lo que pienso sobre muchos aspectos de la vida, incluida la vida en pareja, la situación política de mi país y el exilio.

Siete cineastas más acaban de ser arrestados por el régimen. En un país que encarcela a sus artistas, ¿se considera un privilegiado?

Más que un privilegiado, considero que este contexto difícil me obliga a involucrarme todavía más, a no dejar de hacer películas. Es como cuando tu hijo se pone enfermo, resulta imposible considerar no ayudarlo. Lo mismo me sucede con mi país.

En su película, los adultos se pelean sin parar mientras las niñas juegan juntas al margen del conflicto. ¿Tiene esperanza en la juventud iraní?

Efectivamente, tengo una enorme esperanza en la juventud. Pero no sólo la iraní, sino la de todo el mundo. Son ellos los que construirán un futuro diferente.

¿Por qué se convirtió en cineasta?

Nunca fue una decisión consciente. Un día me di cuenta de que me había convertido en uno sin querer. Fue como cuando te pierdes y acabas encontrando un camino mejor del que tenías previsto. Mi familia nunca se opuso a mi decisión y me apoyó con una gran libertad de espíritu. Sospecho que en el fondo no estaban de acuerdo, aunque nunca me lo hicieron saber. Mi familia no se parece en nada a la de Nader y Simin. Mis padres llevan más de 50 años juntos. Y yo me entiendo muy bien con mi mujer.