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Sin licencia para matar

Un libro sobre la historia del MI6 niega que los espías británicos participaran en una campaña de asesinatos contra nazis

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La típica escena de James Bond. En una de sus películas, el agente secreto interpretado por Sean Connery llega buceando a una playa. Se quita el traje de neopreno y debajo aparece un impecable esmoquin al que sólo le hace falta ajustarle un poco la pajarita. Ya está preparado para todas esas cosas que Bond suele hacer en el cine. Imposible que algo así ocurriera en la vida real, ¿no?

Respuesta equivocada. En el verano de 1940, el MI6 infiltró en la Holanda ocupada por los alemanes a un grupo de agentes holandeses. Algunos se lanzaron en paracaídas. Otros llegaron por mar. Es cierto que Pieter Tazelaar no entró buceando. Fue trasladado de noche en una lancha, pero llevaba puesto por encima un traje de caucho especialmente diseñado para la ocasión con el que evitar llegar empapado, y por debajo la vestimenta adecuada para entrar en el casino de Scheveningen y mezclarse con sus animados clientes.

Los agentes en Alemania en 1945 sólo sobrevivían unas tres semanas

Sólo faltaba el toque genial. Un compañero le roció con unas gotas de brandy Hennessy y hacer así el disfraz más convincente.

La anécdota aparece en el libro MI6. La historia del servicio de inteligencia, que acaba de publicarse por expreso encargo de los guardianes del secreto. El historiador Keith Jeffery obtuvo permiso para entrar en esa 'cueva de Aladino de los secretos', como él llamó a los archivos del MI6, con algunas limitaciones. No podía nombrar a ningún agente que no fuera ya conocido, y el trabajo cubriría sólo desde la fundación del servicio en 1909 hasta el año 1949. Una fecha oportuna. Por entonces, aún no se había descubierto que Kim Philby estaba trabajando desde los años treinta para los soviéticos.

Por seguir con la comparación con 007, tanto el autor del libro como el ex jefe del MI6 John Scarlett negaron en la presentación del libro que los agentes británicos hayan tenido nunca 'licencia para matar'. En el mundo real, el destino más habitual de un espía en una misión peligrosa es ser eliminado, no matar a alguien. De los 15 agentes holandeses enviados en 1940, sólo sobrevivieron cuatro.

Matar al enemigo era 'la típica idea brillante que sólo causa problemas'

El riesgo no se redujo una vez acabada la guerra. 'Hay una estadística impactante que dice que la esperanza de vida media de los agentes enviados a la Alemania ocupada en 1945 era de tres semanas', recordó Jeffery.

En la guerra, matar es cosa de los militares, no de los espías. Eso no quiere decir que estos no tengan a veces que improvisar. En 1941, el MI6 secuestró en España a uno de sus agentes, de origen francés. Estaba a punto de pasar a Francia y revelar toda la organización de espías británicos en España. La segunda opción era eliminarlo.

En la guerra, matar es cosa de los militares, no de los espías

Fue drogado, pero se despertó durante el viaje por carretera. Al intentar pedir auxilio a voces en un pueblo andaluz, fue golpeado con la culata de un revólver con demasiada fuerza y murió. Oficialmente, falleció ahogado.

Poco antes del desembarco de Normandía, se barajó seriamente lanzar una campaña de asesinatos contra mandos militares alemanes, entre los que estaba Rommel, 'cuya eliminación pudiera ser de ayuda a la operación Overlord'.

El plan se descartó al dudar de su eficacia. No tanto por razones morales 'hay varias personas a las que mataría encantado con mis propias manos y sin perder el apetito', dijo el responsable del servicio, sino porque era 'la típica idea brillante que sólo causa problemas y muy pocos beneficios'. Es lo mismo que M suele recordar a James Bond cuando este se entusiasma.