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La llamada de la selva

  

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'UN DIOS SALVAJE'

DIRECTOR: Roman Polanski

GÉNERO: Tragicomedia

NACIONALIDAD: Francia, Polonia, Alemania, España

REPARTO: Kate Winslet, Jodie Fóster, Cristoph Waltz

DURACIÓN:79 Minutos

EN SÍNTESIS

El pequeño Ethan ha perdido un par de dientes después de pelearse con su compañero Zachary. Los padres de ambos niños deciden discutir de forma civilizada el asunto. Nancy y Alan, agente de Bolsa y abogado respectivamente, además de progenitores del supuesto atacante, acuden al apartamento de Penelope y Michael, ella escritora especializada en África y él vendedor de productos de ferretería, dispuestos a llegar a un acuerdo de conciliación. Al fin y al cabo, Nueva York no es la jungla ni sus habitantes unos salvajes...

COMENTARIO

No es la primera vez que Roman Polanski adapta una obra teatral de éxito. Ya en 1994 encerró a Sigourney Weaver y Ben Kingsley en un apartado caserón para llevar a cabo un ajuste de cuentas entre víctima y verdugo en la traslación a la gran pantalla de La muerte y la doncella de Ariel Dorfman. En este caso, el traslado al cine de Un dios salvaje' de la parisina Yasmina Reza resulta más depurado y a la vez sofisticado. A excepción de un prólogo y un epílogo situados en exteriores, toda la película tiene lugar en un único escenario interior, la casa de Penelope y Michael, además de desarrollarse en tiempo real, sin elipsis, flashbacks o tramas paralelas. Un espléndido trabajo de orquestación de los movimientos de los personajes por los diferentes espacios de la casa evita que al filme le pese demasiado su origen teatral. Este esfuerzo de concentración permite al director fijarse únicamente en cómo lo que debía ser un civilizado encuentro entre dos parejas adultas degenera en un proceso de destape de las hipocresías de la alta burguesía.

Buena parte de los virtudes y los defectos de Un dios salvaje se deben al texto de la autora de Arte, una de las dramaturgas más sobrevaloradas del teatro contemporáneo. Tan eficaz como efectista, la obra de Reza vuelve a recurrir a un 'macguffin', la pelea entre dos chavales, para poner al descubierto las contradicciones, miserias y debilidades del cuarteto protagonista a través de ingeniosos diálogos que, con la ayuda del alcohol, van resquebrajando la coraza de lo políticamente correcto. Despojados de los convencionalismos sociales, los personajes devienen verdaderas fieras dispuestas a devorarse entre ellas.

Esta afición por recrearse en el lado oscuro de la burguesía tiene, en este caso, algo de caduco y superficial.

Al fin y al cabo, el supuesto ejercicio de disección de los personajes, en lugar de profundizar en sus contradicciones, los convierte en meros arquetipos de reacciones previsibles: el profesional liberal cínico siempre pegado a su móvil, la militante social amargada, la rica histérica y el inútil campechano...

Roman Polanski evita el peligro de quedarse en la simple parodia aplicando una mirada distanciada y sarcástica al salvaje festín. Hay algo en la puesta en escena de Un dios salvaje' que recuerda al mejor cine de Luis Buñuel: la pareja invitada intenta marcharse del apartamento de Penelope y Michael en más de una ocasión pero, como si fueran personajes de una versión contemporánea de El ángel exterminador (1962), una fuerza mayor parece arrastrarles una y otra vez de nuevo hacia dentro, como si no pudieran evitar participar en esta ceremonia de autoinmolación.

GRUPO SALVAJE

El otro plus de Un dios salvaje son sus cuatro protagonistas. Christoph Waltz, el actor austriaco descubierto por Quentin Tarantino en Malditos bastardos, constata lo bien que le sientan los personajes cínicos. A Jodie Foster le toca la peor papeleta: su personaje, la mujer de moral intachable, es el que se desliza más peligrosamente hacia el patetismo. John C. Reilly te convence que era la única opción posible para dar vida al simpático pero superficial Michael. Y Kate Winslet supera con éxito el reto de interpretar una mujer que se pasa buena parte del tiempo borracha.