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Lucía Etxebarria: "Sin creer en dios no podría haber escrito esta novela"

Sectas, nazis y extraterrestres se entremezclan en la trama de su nuevo libro, 'El contenido del silencio'

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Cualquiera podría imaginar que, en su octava novela, Lucía Etxebarria habría incluido los ingredientes que definieron a sus obras de mayor éxito: sexo, drogas o alcohol. Error. El contenido del silencio (Planeta) supone un punto y aparte en el currículum de la escritora, que sumerge al lector en una reflexión de misticismo y fe. 'Si no creyera en dios, no podría haber escrito este libro', confiesa Etxebarria.

Las más de 400 páginas de la novela se alzan como un paisaje por donde transitan sectas, nazis e incluso extraterrestres. Todos ellos elementos que configuran la cara B de las Islas Canarias, donde Gabriel recorre una trama 'de muñecas rusas' para encontrar a su hermana desaparecida, con quien había perdido el contacto diez años atrás. Pero la historia es sólo un pretexto, una brújula que guía a los personajes en su camino hacia 'la búsqueda de dios'.

¿Están malditas las Islas Canarias?

Es un sitio muy mágico. Llegas allí y es imposible no creer en la magia. Si te saltas los circuitos turísticos puedes creer en lo que quieras. Son islas muy antiguas, volcánicas, con paisajes muy impresionantes y dramáticos, sobre todo los de difícil acceso. En todas las islas hay una enorme tradición de brujas y avistamientos de ovnis. La Canarias de playa e inglesas se organizó en los sitios más habitables.

También es la comunidad con más sectas del país...

Sí. Pero en el resto también hay, algunas de ellas legalizadas, como las pronazis, racistas y xenófobas. También podrían enmarcarse los partidos que siguen la regla del 'estás conmigo o contra mí'. No voy a decir ni PSOE ni PP, pero me parece tremebundo. Yo tengo amigos del PP, puedo debatir educadamente con ellos y parece que no debería. El diálogo existe y lo estamos olvidando.

El contenido del silencio tiene como punto de partida la desaparición de una mujer, ¿qué buscan sus personajes?

Los protagonistas son dos hermanos que han tenido una historia muy dramática y reaccionan con dos respuestas prototípicas y opuestas. Él es un hombre muy frío que se ha creado una armadura de defensa y que mantiene el control todo el rato por el pánico que tiene a dejarse llevar. Ella es todo lo contrario: representa la huida hacia delante, buscando desesperadamente esa familia que no tiene, aferrándose a gente que la cuide. Primero se crea una hermana, luego un padre y más tarde una madre, Heidi, la líder de la secta que la capta.

¿A quién podría representar Heidi en el mundo real?

Al típico jefe psicópata (risas). Hay una diferencia de grado, pero tampoco mucha. Comparten ese nivel que desgraciadamente se premia en nuestra sociedad. Es el de 'me importa un comino del resto de la humanidad, yo voy a cumplir mis objetivos'.


'No necesito que el papa me diga qué tengo que hacer con mi vida'

Uno de sus personajes se refiere a los periodistas sensacionalistas como 'carroñeros, hienas, chacales en busca de carne corrompida', ¿se le ocurre algún ejemplo?

Uy que si se me ocurre, me tienen vetada en Telecinco (vuelve a reír). No quiero entrar en guerras de sangre y decir que es lo peor, pero algunos de sus programas son muy peligrosos. La gente se refugia en ellos para satisfacer la necesidad profunda de tener un sustituto de familia, cómo Cordelia, el personaje desaparecido de mi novela. Les crean la ilusión de que pertenecen a esa familia en la que todos se conocen y se pelean, pero acaban sin tener una vida real. Además, transmiten una ética muy peligrosa de lo que son las relaciones humanas, porque recompensan la agresividad.

Su obra es una metáfora sobre la búsqueda de dios...

Si no creyera en dios no podría haber escrito esta novela. El catolicismo es una cosa con la que he crecido, de la que estoy orgullosa y que tiene partes muy buenas. Mi padre era un católico muy creyente y de izquierdas, mi madre también y es totalmente progay, va con todos mis amigos. No todos los católicos son iguales, aunque el Vaticano sea un gobierno de derechas. Yo tengo una ética cristiana.

Pero no cree en la Iglesia

Dejé la Iglesia cuando me convencí de que no me representaba. Fue con el caso de Marcial Maciel, un sacerdote pederasta que abusó de entre 100 y 200 seminaristas y de sus propios hijos. No fue encarcelado una vez que sus delitos salieron a la luz. Más tarde Benedicto XVI le condenó a no poder ejercer, a llevar una vida retirada de oración y soledad.

No necesito que el papa me diga qué tengo que hacer con mi vida, pero sí mi idea personal de dios. No es tan fácil decir 'yo he sido católica media vida y a partir de ahora no lo soy', es que no puedo. Te garantizo que yo me pongo mal y me voy a la iglesia a rezar a la virgen. No puedo quitármelo y además no quiero.

¿Pasarías la novela al cine?

No, no, yo he acabado con ella, pero animo a cualquier productor a que se lo plantee. He acabado harta de nazis y sectas. Es un tema que al final te exprime mucho. La documentación fue muy bestia, me leí todo lo que había y acabé teniendo pesadillas con que me secuestraban nazis. Nació como un guión de encargo con dos condiciones para poder recibir subvenciones: que hubiera dos islas de Canarias y personajes de varias nacionalidades. Al final el productor se fue con la pasta y yo me quedé con la historia, porque me gustaba.  Ahora quiero meterme en otra cosa que no tenga nada que ver.

¿Cómo se sobrevive en las redes sociales siendo una persona pública?

Puedes expresar una emoción, pero no puedes poner nada personal. Tienes que saber ignorar cualquier provocación, sacar la parte buena y olvidarte de la malísima: que es el sitio perfecto para un acosador. Cuando yo era joven, que no había nada de esto, era un tipo que te llamaba por teléfono y gemía. En mi casa uno debía de estar fascinado porque nos tenía completamente controladas a mis hermanas y a mí. Entonces decíamos, '¿es que ese hombre no tiene vida?'. Ahora tienen internet, que es mucho más amplio.

¿Se arrepiente de lo que dijo sobre Steve Jobs en Twitter?

Me reafirmo. Yo dije una cosa muy normal. Vi a todo el mundo como loco con su muerte y lo único que dije fue que no era para tanto. Este señor se murió con una factura personal de 5.000 millones de dólares a base de tener trabajando a niños en sus fábricas de Asia. No niego que fuera un genio, pero no es un salvador de la humanidad. En realidad, creo que los que me atacaron querían ir a por mi como fuera. No era por Steve Jobs. Casualmente todos los usuarios eran anónimos. De hecho uno se hacía llamar María José Campanario, que no tiene otra cosa que hacer, con lo que tiene encima.