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Lucrecia Martel: "El cine que lo cuenta todo respeta menos al espectador"

La cineasta argentina defiende su nueva película, 'La mujer sin cabeza', producida por Almodovar

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El cine de Lucrecia Martel (Salta, 1966) se ama o se odia. Sin medias tintas. Su mundo interior es tan poderoso que se enreda al estómago como una hilera de alfileres. Tras el éxito crítico de La ciénaga (2001) y La niña santa (2004), la cineasta argentina presenta ahora La mujer sin cabeza (2008), una cinta de ritmo lento y envolvente que compitió en la última edición del Festival de Cannes. La película, producida por la productora de Almodóvar (El Deseo), profundiza en un personalísimo mundo interior de silencios incómodos que no deja indiferente a nadie.  

Cuando estrenó su primera película dijo: “No sé si esto le interesará a alguien, pero mis hermanos dijeron que a nosotros nos vale”. ¿Hace películas para usted o para el público?

No lo sé. No es una decisión consciente. Mi cine necesita cobijar al espectador de alguna manera. Aunque no del modo en que lo hace el cine comercial estadounidense, donde la trama es lo principal. El cine que lo cuenta todo respeta menos al espectador. Mi cine  permite pensar más.

¿El cine estadounidense impone?

Se preocupa mucho del espectador, pero por su perfil de consumidor. El otro cine piensa en el espectador en otros términos. Yo pienso en con quién puedo compartir la película. No tengo en mente a los esquimales, ni siquiera a los europeos, sino a gentes cercanas.

Hablemos del nuevo cine argentino. ¿Se trata de un movimiento generacional o  no es más que una etiqueta?

Para que haya movimiento tiene que haber un debate. Que las personas conversen sobre estética, narrativa, política, etc. Eso no existe. Hay un montón de gente produciendo películas, pero no hay un intercambio intelectual. No hay movimiento.

¿Qué relación tiene con la literatura?

No soy una gran lectora de ficción pero leo muchísimos libros de ciencias. Me gustan los libros que tratan de explicar una gran verdad. Como no creo en eso, me resulta apasionante. También me gusta la filosofía, pero como rama de la literatura. Leo todos estos libros sobre ciencia y filosofía como si fueran ficciones literarias, así consigo sacarles más juego.

Según Cortázar, el cuento tiene que ganar al lector por ‘knock out’. ¿Y el guión?

Por suerte, el guión no tiene que pelear con el lector. Como literatura, el guión no existe. Es muy técnico, no se arriesga con el lenguaje. El  guión es  poco más que un esqueleto previo a la película.

Los hermanos Almodóvar  producen su película. ¿Cómo es su relación laboral?

Buenísima. Es una productora cuya base es el trabajo de autor. No te fuerzan a transformar el filme en un producto de éxito.

¿El matrimonio cinematográfico entre España y Argentina es de conveniencia?

Todos los matrimonios lo son. Algunas productoras presionan para incluir a actores españoles. No en mi caso. Además, soy la primera interesada en que me produzca Almódovar: gano más que él con el trato.

¿Qué cineastas le inspiran?

Los que no confían en la realidad como algo sólido. Almodóvar no confía en la realidad, pervierte los reduccionismos morales. Me gusta el cine que desconfía de los sistemas de valores.

¿Una imagen vale más que mil palabras?

No se pueden establecer jerarquías. La narrativa es un virus que se mete en el cuerpo. Lo maravilloso es ver cómo transforma el organismo.

¿Televisión o cine?

Lo que me apasiona es YouTube…

¿Por qué?

Es una fuente de innovación sin fin. Y me encanta. Es muy parecida a la dinámica de la narrativa oral. No entiendo que exista gente que se opone al fenómeno. YouTube me dio una felicidad increíble. Nunca he visto tanta locura como en YouTube.

¿No le teme a la piratería?

Cine e Internet no compiten entre sí. Gracias a Internet, los jóvenes leen y escriben mucho más. Dedicamos horas al chat y a los mails. Pero lo que más me gusta es que Internet iguala a la cultura, popular e intelectual.