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Una madre contra la madre de todas las crisis

Los hermanos Dardenne presentan 'El niño de la bicicleta' tras triunfar en Cannes

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Un padre abandona a su hijo de 11 años, Cyril, en un centro de acogida. Cyril cree que se trata de algo temporal, pero se equivoca: su padre ni siquiera quiere llamarle ya por teléfono... En efecto, la juerga, pero también la película (El niño de la bicicleta) más optimista de la carrera de los hermanos Dardenne. Los directores belgas, ganadores dos veces de la Palma de Oro en Cannes con los dramas sociales Rosetta (1999) y El niño (2005), han dirigido, escrito y producido su filme más luminoso hasta la fecha. Lo que, como ya se imaginarán ustedes, no significa exactamente que estemos ante una nueva Amélie.

Presentado ayer en la Seminci de Valladolid tras ganar el premio al mejor director en Cannes, el filme, que se estrena el viernes, es otro paseo de los directores Jean-Pierre Dardenne (Lieja, 1951) y Luc Dardenne (Lieja, 1954) por las vidas de ciudadanos anónimos de la Bélgica periférica y posindustrial para quienes la crisis económica no es un fenómeno actual sino un modo de vida y un estado de ánimo. 'Nunca he tenido la sensación de hacer películas pesimistas. Pero es cierto que en El niño de la bicicleta hay aspectos novedosos en nuestro cine: sol, piezas musicales y el personaje de Samantha', explica Jean-Pierre Dardenne.

La cinta sigue a unos personajes para quienes la crisis es un modo de vida

Samantha es una peluquera que acepta quedarse con Cyril los fines de semana. Una historia de amor contra los elementos: la rabia de un Cyril que no acepta el abandono de su padre y se resiste a salir del arroyo de la marginalidad. 'Queríamos contar si era posible que Cyril escapara a su destino. Y responder a esta pregunta sin caer en sentimentalismos: ¿puede el amor de Samantha salvar a Cyril?', cuenta Jean-Pierre. Su hermano Luc razona la ya célebre aversión de los Dardenne al sentimentalismo: 'Los sentimientos son algo estupendo. Sólo que cuando se tienen demasiados dejan de ser sentimientos. Es mucho mejor llorar mientras se come una tostada que llorar solo'. Traducción del aforismo: los amigos del subrayado melodramático y la lágrima impúdica no son bien recibidos en casa de los Dardenne.

Los hermanos se resisten también con uñas y dientes a que les encasqueten el calificativo de cineastas políticos, pese a que pocos dudan de que están entre los dos o tres directores europeos de cine social más relevantes de las dos últimas décadas. Quizás porque la etiqueta encasillaría un cine de compleja lectura política: a los Dardenne no les preocupa tanto explicar las perrerías que los poderosos (las empresas, los estados) les hacen a los débiles, sino si es posible mantener un poco de rectitud moral cuando te están lloviendo hostias por todos lados.

«El conformismo ha sustituido a la autoridad», dicen los cinenastas

'No formamos parte de un cine que defienda una ideología o un partido político. Nos interesa más saber si los individuos pueden llegar a vivir juntos. Es cierto que nuestros protagonistas están excluidos o al borde la exclusión social, lo que lleva a mucha gente a pensar que en cierto sentido hacemos cine político', razona Jean-Pierre.

Dicen los hermanos Dardenne que El niño de la bicicleta habla, entre otras cosas, de que 'la figura paterna ya no tiene presencia en la sociedad'. Una ausencia que va mucho más allá de lo que se cuece entre las cuatro paredes del hogar familiar: 'El modelo de autoridad se ha diluido mucho. Me refiero a la figura a la que un niño puede desear seguir, y que puede ser el padre, la madre o el profesor. Los modelos a imitar pueden ser ahora desde un futbolista a un empresario que gana mucho dinero como Berlusconi, que no son tanto autoridades morales como seductores. Es muy difícil educar a un hijo para que se resista a eso', cuenta Luc.

El director pone un 'pequeño ejemplo' sobre cómo el poder del dinero se infiltra hasta en los detalles más pequeños de la cadena educativa: 'Ahora los profesores de Secundaria recomiendan a sus alumnos leer el libro más leído, del que todo el mundo habla. No porque sea el más interesante sino porque creen que es el único modo de que los estudiantes lean algo. El conformismo sustituye así a la autoridad. Hacer como todos los demás'.

«Los modelos a imitar son futbolistas o empresarios como Berlusconi»

Los hermanos Dardenne no tenían intención alguna de convertir al padre que abandona a Cyril en 'el malo de la película', porque sólo querían 'mostrar a un individuo perdido' en la confusión moral de los tiempos: 'Es un producto de nuestra sociedad. Alguien que al ser preguntado sobre por qué no se hace cargo del niño no alega tener, por ejemplo, problemas con la bebida, sino estar demasiado estresado para hacerlo. Este personaje no hubiera sido posible hace 50 años', zanja Luc.