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El maestro Cave sienta cátedra en el Primavera Sound

El australiano pone el broche al festival barcelonés con una intensa actuación

J. LOSA

Nick Cave invocó anoche al diablo frente a sus miles de fieles en la tercera y última jornada del Primavera Sound 2013 . Su banda, The bad seeds, ambientó con maestría e intensidad las inquietantes rimas de Cave, que fue alternando temas de su reciente trabajo discográfico Push the sky away con clásicos de tiempos pretéritos.

El australiano compareció a la cita vestido de riguroso negro y con maneras de predicador. No tardó en meterse a los presentes en el bolsillo con sus aspavientos apocalípticos y sus repentinos desplomes sobre las tablas, como exhortando a una luna llena convertida en su mejor foco. El dramón encaró la subida en Red Right Hand, momento en el que el evangelizador Cave decidió auscultar a sus fieles y bajó al foso para, literalmente, andar sobre sus cabezas y bendecir a diestro y siniestro.

A partir de ahí ya no había marcha atrás, el huesudo cuerpo de Nick Cave empezó a sacudirse de lado a lado del escenario como buscando complicidades con el personal. Así, entre espasmos y frenéticas carreras cantó Jack the ripper, Tupelo y The Mercy Seat. El ritual llegaba a su fin y Cave, previsor, suavizó la caída con una balsámica Stagger Lee.

Tras la sacudida del australiano, muchos encontraron acomodo con Los Planetas y su transcipción del ya clásico Una semana en el motor de un autobús, una sucesión de himnos generacionales que los más talluditos recibieron con algarabía pero que para la muchachada festivalera no era más que puro trámite antes de la actuación del dúo Crystal Castles. El dance-punk nihilista de los canadienses y sus diatribas posmodernas compitió casi de forma simultánea con la maraña sónica de My Bloody Valentine, referente del shoegaze que fue intercalando temas de su último trabajo mbv con clásicos de principios de los 90.

Y así, en esa neblina distorsionada de My Bloody Valentine se fue difuminando la última edición de un Primavera Sound que sigue cosechando récords de visitas. Sus números son de vértigo, desde el pasado lunes el festival ha ofrecido en Barcelona 235 actuaciones ante 170.000 asistentes. Sólo en el Fòrum se congregaron, según datos de la organización, cerca de 50.000 personas, un 42% de fuera de España y un 20% de fuera de Catalunya. El recinto se expande a base de norias tuneadas y carpas patrocinadas. Sumidero de hipsters trasnochados para unos, epítome festivalero del indie internacional para otros, el Primavera no deja indiferente.

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