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Malas noticias: España no es diferente

Nigel Townson pone nuestra Historia en el contexto internacional en su nuevo libro

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Definición posible de España: nación de folclóricas adictas al blanqueo de capitales, generalísimos ultracatólicos y caciques que amañan elecciones. Da gusto, ¿no? Sobre todo si uno tiene que escribir sobre o contra ello. Pues el chollo puede estar a punto de acabarse. Y el culpable tiene un nombre: Nigel Townson. El historiador británico ha venido a aguar (parcialmente) la fiesta a todos aquellos que creen que España era, es y será diferente. Su nuevo libro, ¿Es España diferente? (Taurus), ofrece una mirada comparativa (con relación al resto de Europa) de la Historia nacional de los siglos XIX y XX. Townson, cuyo libro cuenta con los textos de varios historiadores, concluye que nuestra Historia no es tan diferente a la del resto del mundo. Puede que lo sea un poco, pero no más que la de cualquier otro país, y ni mucho menos tanto como cuenta la leyenda. ¡Horror!

Empecemos por el principio. Es posible que el legendario concepto/eslogan España es diferente haya resistido tan bien el paso del tiempo por su capacidad para describir a la vez una cosa y la contraria. Por su asombrosa elasticidad para hablar bien y mal de España en la misma frase. De ahí que la propaganda franquista desechara su uso a principios de los años sesenta cuando entendió que los turistas extranjeros podían empezar a pensar que diferente era sinónimo de subdesarrollada y no de exótica. 'Durante el franquismo se utilizó el eslogan para vender un destino turístico bucólico, un lugar que tenía algo que no había en el norte de Europa. Pero la idea entraba en contradicción con la nueva imagen que se quería dar de un país que comenzaba a presumir de infraestructuras modernas para el disfrute de los turistas', razona Townson, profesor de la Universidad Complutense.

'La represión franquista en tiempos de paz no tenía precedentes'

Pero, dejando a un lado el eslogan turístico, la percepción de que España era diferente se remonta a finales del siglo XIX. Y no tenía precisamente connotaciones positivas. Townson sitúa el nacimiento de la percepción popular de que somos un país singular (para mal) en el año 1898. Con la pérdida de las últimas colonias. 'Sólo entonces se cae en la cuenta de que España ya no es una potencia mundial. Desde ese momento el país no participará en ninguna guerra internacional importante'.

Los españoles han estado convencidos desde 1898 de que el país no tenía remedio. Y el franquismo no ayudó precisamente a que se dejara de ver la Historia de España como una anomalía. Porque, ¿acaso no era el régimen de Franco una singularidad? 'Depende del periodo', cuenta Townson. 'En 1939, en el contexto de las dictaduras fascistas europeas, no lo era, aunque poco después se produjo una excepcionalidad: la represión en tiempos de paz del franquismo fue brutal, no tenía precedentes en Europa. El franquismo también se diferenció en los años cuarenta por ser un régimen tradicionalista y católico que se desmarcó de las ansias modernizadoras del resto de Europa. Para Franco la época ideal fue la autarquía, cuando ejerció un mayor control sobre la sociedad, pero el mal estado de la economía le obligó a aceptar la modernización ofrecida por el Opus Dei'.

'El error está en estudiar la Historia sin compararla con el resto de países'

Y ahí la Historia del país empieza a no ser tan diferente. Hasta el punto de que el cacareado éxito económico del régimen en los años sesenta no se puede explicar 'sin tener en cuenta el boom económico que se produjo en todos los países occidentales. Sin el boom europeo, el boom español no se hubiera producido', afirma tajante Townson. Lo que tampoco quiere decir que no hubiera contrastes. 'En España no se invirtió en el Estado del bienestar, no se produjo un pacto entre patronal y sindicatos y no se reformó el sistema fiscal para redistribuir la riqueza. No se quiso ir contra la base social del franquismo', matiza.

Eso sí, más allá de las tribulaciones del caudillo, Townson, tras repasar los principales acontecimientos españoles de los siglos XIX y XX, concluye que se ha tendido a exagerar las singularidades de España. '¿En qué es tan diferente el caciquismo español si lo estudiamos en el contexto electoral europeo de finales del siglo XIX?', se pregunta. Y señala una de las posibles causas de esta tendencia a creer que la nación española es un ente peculiar. 'El error está en estudiar tu Historia sin compararla con la del resto. Casi todos los historiadores españoles se especializan en su Historia, no hay casi especialistas en Alemania, Francia o los países latinoamericanos. Por el contrario, la mayoría de los historiadores británicos o estadounidenses se dedican a estudiar la Historia de países diferentes al suyo'.

Conclusión: puede que España no sea diferente, pero nuestros historiadores aún no se han quitado la boina. Luego España continua siendo diferente. ¡Viva!