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Aquí está el manifiesto posfotográfico

Una exposición concebida por Martin Parr y Joan Fontcuberta replantea el papel de la imagen en tiempos de internet.

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Todos reciclamos, hacemos corta y pega, remixeamos y subimos contenidos. Podemos lograr que las imágenes hagan lo que sea. Sólo necesitamos un ojo, un cerebro, una cámara, un teléfono, un ordenador, un escáner, un punto de vista'. Así empieza el manifiesto concebido por Martin Parr y Joan Fontcuberta para From here on (De aquí en adelante), exposición inaugurada en los Encuentros Fotográficos de Arles, festival que logra concentrar cada verano, desde hace más de seis décadas, a la plana mayor del oficio en la capital de laCamarga francesa.

¿De qué sirve la fotografía cuando todo se encuentra en Google imágenes? A partir de los trabajos de 36 participantes, los comisarios de la muestra exponen los cambios experimentados por la práctica fotográfica ante la saturación de imágenes que caracteriza nuestra época. Más que un creador en el sentido más tradicional del término, el artista que trabaja con la imagen empieza a adoptar el aspecto de un editor de contenidos. 'Se convierte en prescriptor de sentidos, en alguien que asigna valor a las cosas y apunta qué quieren decir. El creador de hoy ya no mira el mundo. Mira lo que han mirado los demás', analiza Fontcuberta, teórico de la llamada posfotografía e impulsor de la exposición.

From here on recoge obras de artistas surgidos mayoritariamente de la escena amateur. Trabajan con material robado en redes sociales y buscadores de imágenes, que observan con distancia crítica y mirada sarcástica hasta dotarlo de un nuevo significado.

'Hasta ahora, han sido rechazados por el establishment, con la excusa de que no hacían arte de verdad. El objetivo de la exposición es reivindicar su amateurismo. El mundo ya está dominado por fotografías técnicamente mal hechas y captadas con un iPhone', apunta Martin Parr, que cita la Primavera Árabe como punto de inflexión definitivo. Fontcuberta lo secunda: 'La fotografía deja de justificarse por sus calidades internas. Ideas como la composición y el instante decisivo desaparecen. También los grandes temas: la muerte, el tiempo y la memoria'.

El fenómeno no es ajeno a los cambios acontecidos en el resto de disciplinas durante el último siglo. El ready-made de Duchamp está a punto de convertirse en centenario. El collage y el fotomontaje ya no sorprenden a casi nadie, como tampoco el sampling y el remix en la música. En literatura, incluso se ha teorizado sobre el intertexto. Pero su equivalente fotográfico sigue molestando. En Arles, la exposición ha sido recibida 'con una mezcla de entusiasmo y cabreo', según cuenta Fontcuberta.

'Tal vez, porque plantea una ruptura con maneras de hacer muy institucionalizadas. Por ejemplo, las que caracterizan el funcionamiento de los museos, tan reacios a profetizar, mucho más interesados en el pasado', opina el fotógrafo barcelonés.

'Cuando algo se presenta en un espacio institucional, el potencial de sorpresa, agitación y ruptura que debe tener el arte queda desactivado. Es nuestra obligación buscar savia nueva. Y, a menudo, la terminas encontrando en lugares no artísticos'.

No es habitual que fotógrafos consagrados pierdan tiempo buscando en los márgenes. Y todavía menos que se exalten ante 'el surtidor continuo de imágenes' derivado del acceso a las nuevas tecnologías, a menudo denunciadas por amenazar los privilegios de los que están en la cumbre. 'Se trata de una distinción superada. La división no es entre profesionales y amateurs, sino entre lo que tiene interés y lo que no. Es lo que está sucediendo en otras profesiones: existen blogs excelentes y periodistas perezosos',considera Parr, que asegura no sentirse amenazado por los imitadores que le crecen en internet. 'No veo por qué debería. Mi posición es increíblemente cómoda. Todo el mundo es bienvenido a esta fiesta', concluye.