Publicado: 02.04.2015 17:55 |Actualizado: 02.04.2015 17:55

Manoel de Oliveira, un siglo de metraje

Con cerca de 60 títulos como realizador durante sus 106 años de vida, Oliveira obtuvo un amplio reconocimiento internacional y se convirtió en la figura más destacada del cine portugués.

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Manoel de Oliveira, un siglo de metraje.

Manoel de Oliveira, un siglo de metraje.

Manoel de Oliveira, el realizador en activo más longevo de la historia del cine, nació en Oporto el 11 de diciembre de 1908 en una familia de la burguesía industrial. Con cerca de 60 títulos como realizador durante sus 106 años de vida, Oliveira obtuvo un amplio reconocimiento internacional y se convirtió en la figura más destacada del cine portugués.

Estudió el bachillerato en España con los jesuitas de La Guardia (Pontevedra), y destacó en varios deportes durante su juventud, desde la natación hasta el atletismo. Además fue piloto de aviones acrobáticos y piloto de coches de carreras, consiguiendo varios triunfos en circuitos como el de Estoril (1937).

Empezó muy joven a trabajar en el cine como figurante, tras matricularse a los veinte años en la Escola de Actores de Cinema junto a su hermano Casimiro. Apareció por primera vez en un filme en la película muda de Rino Lupo "Fátima Milagrosa" (1928), y más tarde protagonizó "Canción de Lisboa" (1933), la primera película sonora rodada en Portugal.



En 1931 comenzó su abultada carrera como realizador con el cortometraje documental "Douro, faina fluvial", producido por su padre, que retrataba a los trabajadores de la orilla del Duero en Oporto. En 1939 realizó los documentales "En Portugal ya se fabrican automóviles" y "Miramar, playa de rosas". En 1940 se casó con Maria Isabel Brandão Carvalhais, con la que tendría cuatro hijos.

Dirigió su primer largometraje, "Anika Bobó", en 1942, basado en la novela de Rodrígues de Freitas "Meninos Milionarios". Tras este filme, de estilo neorrealista, se alejó de nuevo de la dirección debido a la dificultad para encontrar productores y a la censura del régimen de Antonio Oliveria Salazar (1926-1974), y durante 14 años se dedicó a escribir guiones.

Regresó a la realización en 1956 con el documental "El pintor y la ciudad" y en 1962 realizó su segundo largometraje, "Acto de primavera", que mostraba la representación tradicional de la pasión de Cristo en una pequeña aldea portuguesa, película por la que obtuvo la medalla de oro del Festival de Siena (Italia).

Ese fue el comienzo de un amplio reconocimiento internacional que se consolidó en la década de los sesenta, cuando apoyado por la Fundación Calouste Gulbenkian, una de las principales instituciones culturales de Portugal, su producción cinematográfica fue más regular.

En 1974 rodó "Benilde ou a Virgen Mae", cuya puesta en escena estilizada repitió en "Amor de perdiçao" (1978), una adaptación de la novela romántica homónima de Camilo Castelo Branco (1862) con la que obtuvo un gran éxito de la crítica.

Sus siguientes obras fueron "Francisca" (1981), "Visita ou Memorias e Confissoes" (1982), un documental autobiográfico que narraba la vida de Oliveira durante la dictadura de Salazar, "Lisboa Cultural" (1983) y "Nice- à propos de Jean Vigo", revisión de la película del director francés.

Oliveira obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia con "El zapato de raso" (1985), un filme de más de siete horas que se desarrolla en la España de siglo XVI, y a partir de entonces realiza al menos una película al año.

De su producción en los años siguientes destacan "Los caníbales" (1988), "Non ou va Gloria de Mandar" (1990) y "A divina comedia" (1991), que obtuvo el Gran Premio especial del jurado de la Muestra de Venecia. En 1992 estrenó "Dia do desespero", año en que obtuvo el Leopardo de Honor en el festival de Locarno (Suiza). Continuó con su producción anual con "Valle de Abraham" (1993) y "A caixa" (1994). En 1995 rueda "El convento", con la actriz francesa Catherine Deneuve y el estadounidense John Malkovich.

En los últimos años del siglo del que fue testigo, rodó "Party" (1996, con Irene Papas), "Viaje al principio del mundo" (1997) última interpretación de Marcello Mastroianni en una cinta que obtuvo de la crítica el Premio Especial Fipresci, "Inquietude" (1998), "A carta" (1999), Premio del Jurado en Cannes, y "Palavra e utopia" (2000).

Ya con 93 años, rodó "Porto da minha infancia" (2001, primera parte de su autobiografía, un homenaje a Oporto que muestra el contraste entre la ciudad que conoció de niño y la de la actualidad).

En los años siguientes estrenó "Vuelvo a casa", "El principio de la incertidumbre" (2002), "Una película hablada" (2003), "O quinto imperio, ontem como hoje" (2004) y "Espelho mágico" (2005), en la que intervino la española Marisa Paredes. En 2006 presentó en la Mostra de Venecia "Belle Toujours", en homenaje a Luis Buñuel.

Su película "Cristóvao Colombo, o enigma", fue galardonada con el premio Bisato de Oro 2007, concedido por la crítica independiente, en el Festival de Venecia. En abril de 2009 presentó en Lisboa uno de sus últimos trabajos, "El extraño caso de Angélica", en la que participó la actriz española Pilar López de Ayala.

Entre sus reconocimientos figuran también el Premio Interfilm del Festival de Berlín 1981; el Premio de la crítica internacional del Festival de Cannes 1990 al conjunto de su obra; el Premio Luchino Visconti 1994, y el Akira Kurosava del Festival de San Francisco en 1994. En 2002 recibió el premio "Personalidad Portuguesa del Año" de la Asociación de la Prensa Extranjera (AIEP).

Dos años después obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia a toda su carrera. Fue condecorado en 2005 con la Legión de Honor francesa, la medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Premio Ciudad de Huelva del Festival de Cine Iberoamericano.

En 2001 publicó el libro "Manoel Oliveira", un compendio de textos y análisis críticos acompañado de testimonios de sus colaboradores. En agosto de 2014 rodó "O Velho do Restelo", que sería la última película de su vasta filmografía, junto con el tráiler realizado para el festival de la Viennale "Chafariz das virtudes" que, una vez más, evocaba el centro histórico de la ciudad que le vio nacer.