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Manuel Alexandre: "Querría haber encarnado a los héroes de la Historia"

Manuel Alexandre, uno de los secundarios más populares del cine español, recibe la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio

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José Luis Rodríguez Zapatero entregó el jueves la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio al actor Manuel Alexandre (Madrid, 1917), uno de los secundarios más populares de la historia del cine español. El presidente del Gobierno quiso destacar la dignidad del oficio de cómico, 'una estirpe de actores' entre los que Alexandre, dijo, 'es, para mí, el mejor'. El intérprete estuvo arropado por amigos y compañeros de profesión como Marisa Paredes, José Luis Cuerda, Juan Diego o Álvaro de Luna. 'Estimo mucho la amistad y ver que tengo tantos amigos delante me deja sin habla', dijo emocionado Alexandre.

Sigue usted trabajando a los 92 años. ¿Tiene cuerda para rato?

Uf, me han puesto un régimen de descanso. Me desgasté demasiado en mi último trabajo.

¿El telefilme en el que hacía de Franco?

Sí. Estuvo bien. No me suelen ofrecer este tipo de papeles.

¿Se siente encasillado?

La cosa viene de lejos. Tampoco me dejaban interpretar papeles dramáticos cuando era joven. Decían que no tenía planta para ponerme en la piel de personajes heroicos. Al parecer, no doy el tipo para interpretar a los protagonistas de la Historia.

No obstante, en alguna ocasión ha dicho que su encasillamiento cómico parte de un equívoco: 'Me han dado muchos papelitos cómicos porque me veían simpático. Nunca me he sentido así. Tuve que aprender a reír, hablar y sentir como si lo fuera'.

Sí, un día le dije a Carmen Seco, mi profesora de declamación, que me habían ofrecido un papelillo dramático y estaba muy contento. Me dijo que no me hiciera ilusiones. Con tu figura te darán mucho trabajo como cómico, comentó. Pensé en dejar la profesión. Yo quería interpretar a los grandes héroes.

Pero no lo dejó

No, ya estaba enganchado. La profesora tenía razón: lo siguiente que me ofrecieron fue un papel cómico. ¡Para mi sorpresa! Lo primero que pensé fue que iba a ser un desastre: con mi aspecto y mi voz grave nadie se va a reír. Así que se me ocurrió inventarme una voz. Mi personaje hablaba con una vocecita temblona, como si se quejara. La gente se partió de risa. A partir de ahí, todo el mundo me pidió que pusiera esa voz cuando actuara. Es más, todos creían que yo era así. He rodado trescientas películas. En la mayoría he tenido que poner esa voz. Eso sí, cuando hago un papel dramático pongo otra voz; una que se parece mucho más a la mía de verdad.

Trescientas películas son bastantes para alguien que entró en la profesión de casualidad.

Pues sí. Estaba estudiando Derecho cuando me engancharon a la guerra. Estaba en el batallón de tapas, al mando del general José Miaja. Me dedique a ordenar la circulación, más que nada. Un día, un amigo actor me pidió que le acompañara a una prueba en el Teatro Español, donde actuaba un grupo de la CNT. Les gustó mucho lo que hizo mi compañero. Al salir, le preguntaron: ¿A tu amigo le gusta esto? ¿No querrá hacer una prueba? Buscamos a alguien de su tipo. Ahí empezó todo. Como me gustaba mucho recitar les declamé un texto de Zorrilla. Me dieron el papel. Era una comedia de Alejandro Casona. Hacía de galán cómico.

En esa época conoció a Fernando Fernán Gómez

Sí, nada menos que el primer día que asistí a las clases de declamación de Carmen Seco. Entré por la puerta y vi a Fernán Gómez recitando. ¡Lo hacía de maravilla! Cuando acabó la clase me acerqué y le dije: Oye, chico, que bien te ha quedado eso. La amistad comenzó entonces, nada más empezar la guerra, y duró hasta que se murió. Era como el hermano que nunca tuve.

Una de las primeras veces que se le vio en pantalla fue en Bienvenido Mister Marshall.

Y dale. ¡Pero si yo ahí no hice nada! Salía en una escena al fondo, haciendo de secretario. Al final me levantaba y decía tres palabras en inglés: European, recovery, program. Y ya está. European, recovery, program y para casa.

Pero sí coincidió con Pepe Isbert en otras películas.

Oh, sí. Don José era muy simpático. Me pasaba el día hablando con él entre escena y escena.

¿Ha vuelto a ver El verdugo?

No. Ya sé que es la película más famosa de Berlanga, que siempre me ha dado muy buenos papeles, pero no me gusta nada.

¿No le gusta nada?

No. No me gustaba el argumento. Hace tiempo me llamaron para ver si quería interpretar el papel de Pepe Isbert en El verdugo en el teatro y les dije que no.