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Manuel Rivas: "Isaac Díaz Pardo estuvo siempre apuntado por el cañón de la historia"

El autor de 'Todo es silencio' destaca el espíritu de lucha y la mentalidad emprendedora de Isaac Díaz Pardo, el intelectual galleguista que impulsó el Grupo Sargadelos

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Isaac Díaz Pardo regresó del exilio de Buenos Aires para tratar de impulsar la recuperación económica y cultural de Galicia con el Laboratorio de Formas y el Grupo Sargadelos, pero también se implicó en diversos proyectos editoriales, un sector que conocía de primera mano por su labor al frente de Edicións do Castro.

El escritor Manuel Rivas, que contó con el 'apoyo desinteresado' del artista y empresario fallecido este jueves para sacar adelante la revista Luzes de Galiza, boceta una sentida semblanza de Díaz Pardo y explica la relación del intelectual galleguista con Éditions Ruedo Ibérico, a la que prestó su decisivo auxilio.

- Usted frecuentó al impulsor de Sargadelos durante años. ¿Qué recuerdo guarda de él?

- Era tan poco egotista, o sea, ególatra, que eso hace que uno lo vea como alguien especialmente grande. Incluso físicamente era un hombre menudo, que a veces sólo comía una manzana y un café expresso. Eso te lo hace ver como un Gulliver, un pequeño gran hombre que en muchas ocasiones tuvo que vérselas con los liliputienses.

- Tuvo que lidiar, desde la adolescencia, con la adversidad.

- Fue un superviviente. Muere anciano, pero toda su vida tuvo que mirar de reojo a la historia, porque estaba en la lista de la maquinaria pesada del odio. Pese a que residió la mayor parte de su vida en Galicia, daba la impresión de que vivía en permanente estado de sitio, en permanente fuga, como Walter Benjamin en Portbou. Su condición de superviviente la explica muy bien la consigna que siempre teníamos: ¿Qué tal Isaac?, le preguntaba. Y me respondía: Estoy vivo. La recuerdo de siempre, no como producto de la edad ni de los achaques.

- Díaz Pardo dejó atrás su juventud como un exiliado interior.

- Su padre fue asesinado cuando también lo iban a buscar a él, porque era un objetivo de caza prioritario. Siendo muy joven, tenía la imagen de un revolucionario, mientras que su progenitor, en cambio, era un republicano moderado. Poseía un taller donde Castelao imprimía sus trabajos, un atelier que bullía, un lugar de convocatoria para mucha gente de diversas corrientes de la Republica. Cuando van a por él, consigue escapar disfrazado y llega a A Coruña, donde se refugia en un desván durante años. Una parte de su familia indirecta era mas afecta al franquismo y eso le permitió salir del agujero. Pudo reconstruir su vida, pero siempre tuvo la sensación de vivir provisionalmente.

- Aquel taller fue una incubadora para su creación posterior.

- Allí se crió Isaac, en esa cuna de libertad e imaginación, adonde llegaban las vanguardias, el constructivismo, la Bauhaus... Porque él es el espíritu de la Bauhaus en Galicia. El Laboratorio de Formas hace posible Sargadelos o Cerámicas do Castro. Y Díaz Pardo participa en el proceso de creación de las obras del principio al final.

- Porque él era pintor.

- Es su faceta olvidada. En pleno esplendor y triunfo, abandona la pintura. Hizo una exposición en Madrid y otra en Londres a finales de los años cuarenta. Vendió todos los cuadros. Se los quitaban de las manos. Pero se  dijo: Yo no puedo ser pintor. Por las circunstancias que le tocaron vivir, consideraba que era una injusticia.

- ¿Qué supone su perdida?

- Fue un hombre del Renacimiento que construye en Galicia la utopía de la Bauhaus. Un pionero en lo medioambiental, pues Sargadelos se cimenta con criterios de ahorro energético. En el campo de la memoria, pese a que era amable de trato, se mostró irreductible. Más allá de Galicia, es el único que, al final, le echa una mano a José Martínez con Ruedo Ibérico. Pagó el deposito de los libros y permitió a la gente de la editorial tener unos medios mínimos para vivir. Era el último reducto.

- Sin embargo, al final de su vida es apartado de Sargadelos. Un epílogo injusto, ¿no?

- Cierra un círculo. Era el hombre que estaba en permanente estado de vilo, apuntado siempre por el cañón de la historia. Es como un personaje entre bíblico y shakesperiano. Al final, por esa condición innata y solidaria, no pensaba que iba a ser traicionado por el ámbito de las personas en las que confiaba. Era tan anticaciquil que no colocó a nadie de la familia, porque no tenía una estrategia de poder sino de creación. Gente mediocre se aprovechó de él a sus espaldas y lo desposeyeron. Es una metáfora de lo que esta pasando: cómo la codicia derrota al ingenio y a la imaginación.

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