Publicado: 06.12.2013 11:05 |Actualizado: 06.12.2013 11:05

Marcos Ana: "Nadie es feliz si es ajeno a la esclavitud de los otros"

El poeta de 93 años publica 'Vale la pena luchar', en el que anima a "calentar la calle y las plazas" para que los ciudadanos exijan el bienestar de "manera pacífica".

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A sus 93 años, el poeta Marcos Ana (San Vicente de la Alconada, Salamanca, 1920) no se ha cansado de exigir un mundo mejor, una sociedad más justa y humana. Se siente un indignado más y por ello ahora lanza una reivindicación y un mensaje para quienes se sienten decepcionados: el libro Vale la pena luchar (Espasa), en el que anima a "calentar la calle y las plazas" para que los ciudadanos exijan el bienestar de "manera pacífica".

El poeta se sorprende cuando escucha su nombre de nacimiento, Fernando Macarro Castillo, ya que se hace llamar desde hace mucho tiempo Marcos Ana, en homenaje a sus progenitores, para que estuvieran "siempre con él". Su padre murió durante la Guerra Civil y su madre enfermó durante los años en los que visitó a su hijo "de cárcel en cárcel", según ha explicado durante una entrevista.

Con tan solo 19 años entró en la cárcel y pasó allí 23 largos inviernos de su vida, un tiempo en el que comenzó a escribir sus primeros poemas, con los que, lejos de "tocar el cielo con las manos", quería escribir "poesía terrenal y directa, que llegase a la gente para que se movilizara".

Su mente ágil y lúcida sorprende cuando recuerda con exactitud el tiempo que pasó entre rejas, una historia en apariencia triste que en cambio él relata como si se tratara de una experiencia con la que aprendió a resistir. "No tengo rencor, ni espíritu de venganza, no sirve para nada", indica Marcos Ana. Su pasión por la poesía comenzó cuando sus compañeros de cárcel metieron en un petate de paja, junto a algo de comida, unos poemas de Alberti y de Neruda. "Como no tenía otra cosa que hacer, los leí mil y un veces, y vi que fluía una necesidad de hacer algo parecido acerca de mis impresiones en la celda", cuenta.

El poeta no salió en libertad hasta 1961, cuando contaba con 41 años. "Salí como si me hubieran lanzado de un planeta extraño. Tuve que acostumbrarme a la vida y a las cosas, los ojos se me pusieron rojos y cuando salía al exterior me ponía enfermo. Me había acostumbrado a distancias cortas y verticales. Me mareaba hasta vomitar", recuerda.

Su primer amor fue una prostituta, quien "se humanizó tanto" que se comportó con Marcos Ana casi como si fuera una novia, incluso "una madre". Esta historia conmovió tanto al cineasta Pedro Almodóvar que decidió adquirir los derechos de la obra autobiográfica Decidme cómo es un árbol, aunque aún no se conoce cuándo llevará a cabo este proyecto. "Quiero que lo haga porque lo escribí para mandar un mensaje a los demás, ya que a través de ellos es la mejor manera de vivir para uno mismo", comenta ilusionado el escritor, quien afirma sentirse "un privilegiado" ante el cariño que ha recibido siempre. "Cuando me hacen homenajes me siento mal, pienso en los seres anónimos que no han tenido el mismo reconocimiento", añade.

Marcos Ana dedica este libro a los jóvenes, en quienes confía. "A la juventud, en cuyos surcos hemos sembrado nuestra historia: una lucha incesante por alcanzar un mundo mejor y más justo en el que el sol salga y caliente para todos", escribe en esta obra. El poeta mira a las nuevas generaciones con esperanza porque está convencido de que "abrirán caminos", encontrarán un futuro mejor y conquistarán "el bienestar de los ciudadanos". Aunque, para eso, cree necesario "cambiar la política de Estado", un ente "capitalista" que, a su juicio, "solo tiene una ley: la del máximo beneficio".

"Una de las cosas que hace el capitalismo es invalidar al hombre, anularle porque quieren hacer de él un pequeño dios, pero el objetivo es separarlo de los demás, que cada uno piense para él y no se una al resto, porque así el estado podría tambalearse. Sin embargo, la realidad es que nadie es feliz si es ajeno a la esclavitud de los otros", reflexiona el escritor.