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Mario Pacheco, gurú del nuevo flamenco

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Nunca gustó de la fama postiza. Buscó el talento genuino y terminó por ser el productor musical de referencia del nuevo flamenco. Primero, hippie (estuvo con Jimi Hendrix en la isla de Wight), luego, fotógrafo por herencia familiar (su padre domesticó la luz en Calle Mayor y él, en 1979, retrató a Camarón para la portada de La leyenda del tiempo) y luego, zahorí de sonidos genuinos, en 1982 fundó la discográfica Nuevos Medios como altavoz del nuevo sonido que ya tocaba a la puerta.

En un país donde los sellos son flor de un día, la compañía asentada junto al Retiro logró lo imposible: convencer a los compradores por prestigio de marca. Pocas veces el cliente salió defraudado por un sello con logotipo de Joan Miró. Por Nuevos Medios pasaron imprescindibles de la música española (Morente, Pata Negra, Ketama, Chocolate, Vainica Doble, Golpes Bajos), figuras foráneas como Toumani Diabaté (en 1988 adelantó la eclosión étnica en Songhai con los Carmona) y, como distribuidor, Pacheco acercó discos de New Order, The Smiths, Buena Vista Social Club o Ali Farka Touré.

Entró en el flamenco por su mujer, Cucha Salazar, buscando la raíz del cante cuando aún pesaba el estigma del franquismo. Pacheco conectó el flamenco con la nueva ola (Ray Heredia, Diego Carrasco, Martirio), amparó a los jóvenes que pedían paso (José El Francés, Miguel Poveda, Mayte Martín) y potenció su enganche con el jazz (Benavent, Di Geraldo).

Y su audacia llamó pronto la atención, más en los clubes que entre la crítica. 'El público se lo tragaba, pero los medios no. Y los músicos tampoco tanto. No estaba tan preparado nadie, ni nosotros', recordaba en 2002. Fallecido ayer con 60 años tras luchar contra el cáncer, Mario Pacheco deja una mina musical con rumbo incierto y un proyecto inédito, La Habana era una fiesta, con coplas cantadas en las radios de Cuba durante los años 40 y 50.

 

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