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Marionetas para una pesadilla kafkiana

El Festival Animac de Lleida dedica una retrospectiva a los insólitos animadores Timothy y Stephen Quay

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Muy lejos de Avatar, a kilómetros de 'las autopistas atascadas de la cultura', como ellos mismos apuntan, hay dos hermanos gemelos que llevan tres décadas jugando con marionetas y creando con ellas mundos inquietantes y perturbadores. Son los hermanos Quay (Norristown, 1947), que emigraron de Pennsylvania a Londres en los sesenta, para luego hacer del Este europeo su terruño iconográfico.

Las animaciones de Timothy y Stephen Quay se hermanan con la tradición de stop motion que recorre República Checa, Polonia o Rusia y que incluye nombres como Jan Svankmajer o Ladislas Starevich (el pionero que hizo animaciones con insectos), pero donde también podría estar el fascinante alien del cine mudo americano Charley Bowers.

Les dicen surrealistas porque sus imágenes provienen del subconsciente, porque sus mundos producen extrañamiento y porque sus estructuras narrativas nunca son lógicas ni cerradas. Pero ellos rehúyen las clasificaciones. 'No queremos poner ningún nombre a lo que hacemos. Nuestro trabajo es como la danza de Pina Bausch: no puedes decir de qué va, no hay un concepto cerrado detrás. Más que saber, tienes que experimentarlo. Nuestro esfuerzo es por no ser específicos', argumenta Timothy desde Lleida, donde la Muestra de animación Animac les dedica un ciclo.

Les gusta la palabra 'primitivo' porque se consideran artesanos. 'Trabajamos con objetos, no con pixels', dicen, 'y en cada objeto buscamos su historia, aunque sea inventada'. Cortos como Street of Cocrodiles (1989), basado en una obra del escritor ucraniano Bruno Schultz, o Stille Nacht I Dramolet (1988), dan la medida de la tristeza y la belleza de los mundos de los gemelos, que se asemejan a sueños y laberintos. También son responsables de la secuencia del hospital de la película Frida (Julie Taymor, 2002) y de videoclips de bandas como 16 Horsepower o His Name is Alive.

Admirados por Terry Gilliam o Tim Burton, los Quay prestan atención 'a lo que ha sido dejado a la sombra'. Siempre ponen su mirada en los márgenes. 'En un libro lo que más nos interesa son las notas a pie de página, que no están en el centro del dircurso. Nos interesa lo oscuro, lo que está apartado, lo inacabado. Por eso escogemos como inspiración a gente como Bruno Schultz o Robert Walser', aclaran. Por eso también tienen entre sus libros de cabecera los Diarios, de Franz Kafka. Sus mundos tienen mucho de pesadilla kafkiana.

'Nuestro cine está más cercano a las leyes musicales que a las dramatúrgicas'. En efecto, en sus animaciones la música es el elemento narrativo esencial, que han dejado, en gran parte de sus trabajos, en las manos del compositor Leszek Jankowski. En In Absentia experimentaron con una composición de otro abanderado de la experimentación, Karlheinz Stockhausen, y entre sus trabajos fuera del cine se cuentan el diseño de un puñado de óperas.

Muñecos, autómatas, engranajes y escenografías laberínticas. Los hermanos estudian la tradición de ilusionismo visual que va desde Piero della Francesca a Magritte, que es una de las referencias de su segundo largometraje The piano Tuner of Earthquakes (2005), que tras The Institute Benjamenta (1995) es su segunda incursión en el cine con actores.

Ahora preparan un nuevo proyecto de animación sobre su adorado Bruno Schultz, aunque saben que son tiempos aciagos para cineastas que se mueven en los márgenes de lo comercial. Malos tiempos para soñar.