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A más oferta de pago, menos descargas

La disponibilidad de contenidos de forma accesible, rápida y barata reduce el intercambio de archivos en páginas no autorizadas

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Perseguir al cliente o darle lo que pide es la disyuntiva a la que se enfrentan las industrias de la cultura desde hace años. Durante mucho tiempo demonizaron internet, culpándolo de todos los males que las asediaban. Sólo en los últimos años han apostado por nuevos modelos de negocio, principalmente en el sector musical, lo que ha acabado demostrando que el peligro de hecatombe cultural no era tal (más bien todo lo contrario).

Sin embargo, su estrategia de persecución no ha decaído. Y una persecución al usuario. Esta misma semana, la Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI) exigía a los gobiernos mayor dureza contra las descargas en internet, con un mensaje particular dirigido a España. Para esta organización, que aglutina a las grandes multinacionales del sector discográfico, la ley Sinde no conseguirá reducir el consumo ilegal de música, ya que sólo contempla el cierre de páginas web.

Se dibuja una imagen de una España pirata en contraposición con una Francia que hace sus deberes con leyes como la Hadopi. Sin embargo, se está comprobando que este tipo de normativas penalizadoras no consiguen sus efectos. En Francia, el envío de advertencias a 100.000 usuarios de las redes P2P provocó una migración de los internautas a las webs de descargas como Rapidshare o Megaupload.

La industria musical española también pone como modelo la forma de combatir las descargas de Inglaterra. Sin embargo, mirando las cifras, allí no están mucho mejor. Pese a que su ley permite desconectar tras tres avisos al usuario que se descargue 'un gran número de archivos' musicales desde plataformas no autorizadas, un estudio de la Industria Discográfica Británica (BPI) reveló en diciembre pasado que el 76% de las canciones descargadas en el país se hizo a través de redes P2P o páginas de enlaces.

Discográficas, editoriales y productoras de cine se quejan de que la gente quiere el 'gratis total'. Sin embargo, cuando han dejado a un lado sus quejas monolíticas y han pasado a la acción, siendo conscientes de que el terreno de juego ha cambiado, las experiencias han dado sus frutos.

Comodidad, rapidez y ahorro económico son los tres motivos por los que los españoles se descargan música gratuita por internet, según figuraba en el Anuario de Estadísticas Culturales del Ministerio de Cultura en el año 2009. Esa ha sido la razón del éxito de Spotify, una plataforma auspiciada por las grandes discográficas que ha alcanzado 3,1 millones de usuarios en España en sólo dos años.

El dato más interesante de Spotify es que gran parte de estos cientos de miles de clientes han dejado de descargar música en redes P2P. Según una encuesta de la compañía entre más de 3.000 usuarios, el 52,9% no recurre a descargas no autorizadas, mientras que otro 32,4% afirma descargar, pero menos que antes. En total, un 85,3% de los usuarios de Spotify no descarga o lo hace en menor medida que antes de que la plataforma estuviera disponible. 'Cuando la gente encuentra algo fácil de utilizar y abundante en contenido, deja de descargar irregularmente', explica Lutz Emmerich, director de Spotify en España.

Esta tendencia también se observa en el mercado norteamericano. El Informe sobre la Industria de la Música de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), publicado el pasado 28 de abril de 2010, cita encuestas de Trendstream y Lightspeed Research: 'Se encontró que las descargas de contenidos digitales están siendo erradicadas por el streaming en el mercado estadounidense'. Y destaca el aspecto de la accesibilidad sobre la gratuidad: 'A más de la mitad de los individuos que descargan contenidos digitales no les motiva el deseo de acceder a estos contenidos gratuitamente, sino que muchos de ellos están interesados en acceder al contenido tan pronto como esté disponible'. El mismo fenómeno se reproduce en varias encuestas realizadas en Reino Unido, donde el streaming a la carta acaba con las descargas no autorizadas.

Ante las voces de las discográficas que critican que el éxito de Spotify no se traduce en rentabilidad económica, Lutz Emmerich pide 'tiempo para crecer'. En 2010, el número de usuarios de pago en toda Europa aumentó más de un 100% (de 320.000 en marzo a 750.000 en diciembre). En el caso de los usuarios gratuitos, la publicidad que escuchan entre las canciones es de las mejor pagadas en Suecia, uno de los siete países donde está disponible.

El mundo del libro camina mucho más lento que el de la música y una reconversión digital competitiva no termina de ser afrontada con decisión por las editoriales. Sin embargo, la amenaza para sus negocios tradicionales está ahí y se empiezan a oír los primeros lamentos a causa de las descargas no autorizadas, en la misma línea que en su día se produjeron con la música. Los datos empiezan a ser preocupantes y la reacción editorial, con plataformas complicadas y poco accesibles como Libranda, no está a la altura.

Esta semana se conocían los datos del estudio del Grupo Gfk, especializado en el análisis de mercados, con respecto a las compras de las pasadas navidades. Mientras la venta de ereaders y tabletas aumentó un 200% con respecto a 2009, con 153.000 unidades vendidas, la venta de ebooks apenas se incrementó un 9,5%. 'Las experiencias de venta digital hasta el momento son desalentadoras, en especial la plataforma Libranda. Hay poca oferta y es complicado acceder a los ebooks, una tarea que se convierte en una rutina latosa para el que se quiere descargar un libro', explica Fernando Valverde, presidente del Gremio de Libreros (Cegal).

En el sector ya hay voces que advierten de que la oferta es paupérrima y los lectores acuden a páginas sin control. Los editores, por su parte, esgrimen que la inversión para digitalizar es tan alta que no se puede garantizar una oferta de calidad más barata. Los precios, otro caballo de batalla del sector, son muy altos. Lorenzo Silva, por ejemplo, no ha logrado negociar un contrato digital con su editorial porque esta quería vender los libros a un precio que él consideraba excesivo.

Por el contrario, en determinados segmentos de la edición, sobre todo los más especializados, hay editoriales que ya no editan en papel, sino que trabajan con suscripciones digitales para sus lectores. Luego existen proyectos novísimos como 24symbols, una especie de Spotify de los libros que se lanzará en marzo y que está basado en la publicidad y la lectura online en su versión gratuita, y en la posibilidad de descarga para el modelo por suscripción de pago. 'Por ahora, las grandes editoriales nos están recibiendo bien. Nos ven como un canal más, no como una amenaza. Nuestra apuesta es clara por un modelo de negocio diferente. La percepción del usuario de un libro físico en relación a un archivo online es muy distinta. Hay que bajar el precio', subraya Aitor Grandes, director de la plataforma.

La oferta de películas en internet también es escasa, aunque el sector está trabajando rápido para adaptarse al nuevo mercado. El cine comienza a internalizar el cambio y ya comprende que para combatir las descargas hay que empezar por ofrecer contenidos de una forma accesible y barata. Desde el sector ya se preparan proyectos dirigidos a crear nuevas plataformas o relanzar las ya existentes.

Un buen ejemplo de negocio en internet en el cine es Filmin, una web especializada en cine de autor que permite el acceso a una biblioteca de películas por una suscripción mensual de diez euros. 'Hace tres o cuatro años había más reticencias a cedernos sus películas, pero ahora la industria confía en el proyecto. Internet es un complemento necesario y hay que estar en él', dice Jaume Ripoll, de Filmin. Todo apunta hacia la Red.

 300: Ebooks vendidos de la novela de Julia Navarro. Mientras tanto, en formato físico la autora ha despachado 300.000, lo que evidencia la precariedad de la oferta digital de libros en España.

13.000.000: Canciones licenciadas en internet. La oferta de música en la red sigue creciendo. En la actualidad, existen 400 servicios autorizados que permiten el acceso a estas canciones.

7: El precio en euros de la suscripción a Netflix, que ha revolucionado la forma de ver películas en EEUU. Por siete euros al mes, el usuario tiene acceso a un amplísimo catálogo de filmes (100.000) en ‘streaming'.

750.000: Usuarios de pago en spotify en Europa. En marzo de 2010, Spotify contaba con 320.000 clientes premium en Europa. En enero de 2011, ya son 750.000. La compañía no desglosa por países.