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La masacre guiada por el Rey Celestial

La rebelión Taiping es el conflicto civil más sangriento de la Historia

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Hong Xiuquan era el hijo de una familia de campesinos del sur de China. Ayudaba a sus padres en sus labores y no era muy bueno en la escuela. Hasta que una noche de 1837, Hong tuvo una visión: un hombre con larga barba de oro le dijo que tenía que luchar contra los demonios y, para ayudarlo, le presentó a su hermano mayor, ¡Jesucristo en persona! Hong tenía 25 años y se tomó en serio las supuestas recomendaciones divinas: levantó un ejército y casi consiguió ocupar Pekín. Fracasó. El precio fue muy alto: la llamada rebelión Taiping causó la muerte de entre 20 y 30 millones de personas entre 1851 y 1864. Es la guerra civil más sangrienta de la Historia, el conflicto bélico más mortífero después de la II Guerra Mundial.

En una China sacudida por las catástrofes naturales, la hambruna y arruinada después de la primera Guerra del Opio (1839-1842) la derrota frente a los británicos y franceses obligó las autoridades chinas a ceder a los europeos territorios y pagarles multas millonarias, el objetivo de Hong era levantar el país con la ayuda de Dios. Tras aislarse en la montaña, creó la Sociedad de los Adoradores de Dios y predicó en el campo: su doctrina era una mezcla de cristianismo y de taoísmo, aunque rechazaba todas las referencias del budismo.

Entre 20 y 30 millones de personas perdieron la vida entre 1851 y 1864

Su éxito fue inmediato. Porque, más allá de sus referencias religiosas, el movimiento ordenó la abolición de la esclavitud y la propiedad privada, la distribución igualitaria de los alimentos y la igualdad de género; prohibió a las mujeres atrofiarse los pies, una práctica que, según la tradición, daba belleza; la poligamia y el consumo de drogas también estaban prohibidos. Con el respaldo de varias sociedades secretas, Hong se autoproclamó monarca del Reino Celestial de Taiping (la Gran Paz, en chino), aunque sus seguidores eran conocidos como los chang mao fei, los hombres con pelo largo. Llegaron a ser casi tres millones.

En 1853, ya eran los dueños de la parte sureste de China, un territorio grande como cuatro veces España, y convirtieron Nankín en su capital. El contexto político la dinastía Qing se enfrentaba a más rebeliones en el resto del país y económico participó en el éxito de la secta, aunque su rápida expansión también se debió a una férrea jerarquía militar, un discurso fanático y una gran violencia: los milicianos buscaban de manera sistemática el cuerpo a cuerpo y su estrategia era matar a un máximo de soldados enemigos antes de ocupar una ciudad.

Los problemas llegaron cuando los chang mao fei quisieron avanzar hacia el norte. Tras su derrota en las puertas de Pekín contra el Ejército Imperial, los Taiping se dieron cuenta de que los campesinos de la zona se resistían a adoptar su dogma, muy restrictivo. La nueva religión prohibía hasta dormir con su pareja y los culpables de cualquier delito estaban condenados a muerte.

Hong, que vivía en su palacio para meditar y hablar con su hermano Jesucristo, ya no ejercía realmente el poder a finales de los años 1850 y los conflictos entre sus lugartenientes causaron verdaderas masacres. Frente a la debilidad del movimiento, el Ejército Imperial consiguió el apoyo de los grandes señores de la guerra y de los europeos para acabar con los Taiping, que desaparecieron en 1864 con la muerte de su fundador.

En la China actual, se considera a Hong Xiuquan y al movimiento Taiping como los pioneros de un cambio radical de la sociedad tradicional, necesario para preparar la revolución comunista de 1949.