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Matar al padre

Berlanga: el maestro

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Llegué a Madrid para empezar mi vida de estudiante en la capital una mañana de septiembre de 1953. Recuerdo muy bien ese día porque lo primero que hice fue ir a la calle Marqués de Urquijo, sentarme en una butaca del Cine Urquijo y ponerme a ver Bienvenido Mister Marshall. ¡No está mal para mi primer día en la gran ciudad! Fue muy emocionante ver una película que iba a contracorriente del cine español que estábamos acostumbrados a ver en los cines.

Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem eran los cineastas de referencia para los que entonces nos queríamos dedicar al cine. Tanto que solíamos ir a verles hablar en las charlas que daban en lugares como el Colegio Mayor Cisneros.

En 1957 entré en la Escuela Oficial de Cinematografía. Berlanga era uno de los examinadores. También me dio clases durante la carrera. Además le vi más de una vez en las tertulias del Café Comercial, donde compartía mesa y café con nombres como Ignacio Aldecoa y Jesús Fernández Santos. Berlanga parecía estar en todas partes.

Di mi salto al cine en 1959. Ese año escribí con Carlos Saura el guión de Los golfos. Se estaba empezando a formar una nueva generación de cineastas que pretendía mirar hacia delante y recorrer su propio camino. Sin embargo, en ese momento, se inició la colaboración entre Berlanga y Azcona. Berlanga rodó entonces sus dos logros más grandes: Plácido (1961) y El verdugo (1963). Ya no era su alumno y me fijaba en otros referentes, pero la sombra del profesor Berlanga seguía siendo muy alargada.

 

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