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Matt Damon, la versión ecológica de Hollywood

El actor y guionista estadounidense denuncia la fractura hidráulica para la búsqueda y explotación de gas en 'Tierra prometida', dirigida por Gus Van Sant

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Asturias, Andalucía, País Vasco, Murcia... prácticamente todas las regiones de España se encuentran inmersas en pleno debate por el fracking, es decir, la fractura hidráulica para la búsqueda y explotación de gas. Las posibles consecuencias negativas para el medio ambiente y los previsibles terremotos que podría originar este sistema son los principales argumentos que se esgrimen en contra.

El actor y guionista Matt Damon, que protagonizó recientemente una campaña denunciando la crisis del agua, lidera ahora su propia corriente ecologista sobre el tema y lo hace desde el cine, con la película Tierra prometida (Promised Land), que dirige Gus Van Sant, pero sobre un guion escrito por Damon con el también actor John Kransinski.

En la película, Damon interpreta a Steve Butler, un exgranjero que ahora trabaja para una poderosa compañía energética. Acompañado de Sue Thomason (Francesc McDermond), viaja a un pueblo de Pennsylvania para comprar a los habitantes de allí el derecho a explotar sus tierras. Éstas no valen nada, pero el gas que hay bajo la superficie es puro oro.

Las leyes de la oferta y la demanda, la codicia, la incertidumbre de los que viven en zonas rurales ante el futuro, la crisis, la búsqueda de nuevos recursos energéticos, la necesidad de proteger el medio ambiente y cuidar el planeta... se ponen sobre la mesa en esta película, se lanzan al espectador para que piense sobre ello y decida, igual que deben hacer los personajes de esta historia.

Podría decirse que Tierra prometida es una película ecológica y que en ella se contiene la denuncia, la crítica hacia el descaro del sistema capitalista aun cuando se enfrenta al deterioro del planeta. Son preocupaciones que asaltaron las salas de cine hace ya tiempo y que han dejado grandes títulos para  la historia. Bill Forsyth dirigió en 1983 Local Hero (aquí se estrenó como Un tipo genial),  una película que sirve de inspiración para este nuevo filme de Gus Van Sant.

En aquella, un millonario del petróleo enviaba a un empleado, Mac, a un pueblo remoto de Escocia, para asegurar los derechos de propiedad de una refinería. Los habitantes quieren vender, pero un ermitaño de la zona se opone. Poco a poco, el pueblo se va ganando a los enviados.  Prácticamente idéntico argumento que Tierra prometida, aunque ahora se cambie petróleo por gas.

Erin Brockovich, de Steven Soderbergh (2000), metía el dedo en la misma herida y, basándose en un caso real, denunciaba las enfermedades que había producido el agua contaminada en una zona con perforaciones de una compañía de gas. Julia Roberts, que ganó un Oscar por este trabajo, y Albert Finney eran los protagonistas de esta historia.

También se llevó un Oscar, unos años antes, el guionista Robert Towne por Chinatown, en la que Roman Polanski, además de firmar un magnífico thriller, conseguía una poderosa denuncia de los negocios inmobiliarios y de la codicia de políticos y empresarios. En esta historia eran el agua y la sequía de los terrenos de los agricultores los que sufrían las consecuencias.

John Boorman dirigió su propia película ecologista en 1985, La selva esmeralda. La amenaza a la selva amazónica era el eje de este relato, en el que la ambición sin escrúpulos partía de una empresa de ingeniería norteamericana.

El petróleo era, sin embargo, lo que movía a Hans (José Sacristán), un geólogo español, hasta Santa Rosa del Conlara, Provincia de San Luis, en Argentina. En realidad en ese pueblo el Gobierno iba a construir una presa y no iba a ser posible perforar, pero los jefes de Hans ya sabían entonces que de situaciones así siempre se puede sacar dinero. Adolfo Aristarain firmó con Un lugar en el mundo una de las mejores películas del cine argentino.

El cineasta chino Zhang Ke Jia hizo también de una película con denuncia ecológica de fondo una de las mejores de la cinematografía reciente de su país. Still Life (Naturaleza muerta) retrata la salvaje irrupción que hace el hombre en la naturaleza a través de la historia de la construcción de la presa de las Tres Gargantas. El filme cuenta, además, las consecuencias de ello para los habitantes de la aldea inundada de Fengjie. Realojados, los chinos de la aldea se vieron arrastrados igual que la naturaleza por la intervención brutal en ella. La película ganó el León de Oro en el Festival de Venecia y, muy raro, la decisión fue aplaudida por todos.

El Festival Internacional de Cine de Tokio, el Festival Internacional de Medioambiente de California y el Festival Internacional de Medioambiente y Cinema de Palermo premiaron, por su contenido ecológico, la película de José Antonio Quirós, Cenizas del cielo, donde mostraba la contaminación y los problemas de salud que provocaba una central térmica en Asturias. Más preocupada por el universo emocional de los personajes, la película sin embargo apuntaba directamente a la desidia administrativa y a los intereses que rodeaban a las térmicas.

Son solo algunos de los títulos que desde el cine se han preocupado por el deterioro del planeta y por los causantes de éste. La defensa del medio ambiente y la denuncia de miles de tropelías se han visto especialmente bien reflejada en los últimos años en el cine documental. Y si hubiera que escoger una película que explicara mejor que otras cuál es la diabólica mecánica que mueve a medio mundo, mientras destroza al otro medio, ésta sería La pesadilla de Darwin (2004).

Debut cinematográfico de Hubert Sauper, la película contaba cómo en el lago Victoria se introdujo a modo de experimento la perca del Nilo. Depredador voraz, termina con las especies autóctonas, pero se reproduce con facilidad. Los habitantes de la zona hacen filetes del pescado y los exportan a todo el mundo, aunque ellos se han quedado sin los otros pescados y, por tanto, sin alimento. Los filetes se cargan en aviones que, para no hacer un viaje en balde, llegan abarrotados de armas para las guerras africanas.

El tráfico provoca la aparición de otros negocios ilegales, como la prostitución... El ansia de riqueza destroza la fauna y la flora del lago tropical más grande del mundo, sume en la miseria absoluta a todos los habitantes de la zona, donde los niños pelean por un plato de arroz, multiplica la corrupción de políticos y empresarios, facilita el tráfico de armas, origina abusos, violencia y muerte...