Público
Público

Máximo Pradera: "Mozart fue el primer 'freelance' de la historia"

El periodista presenta bajo el seudónimo de Joseph Gelinek 'Las dos muertes de Mozart', un thriller musical en el que investiga qué hay de cierto en esa histórica rivalidad entre el genial compositor austríaco y el veneciano Antonio Salieri.

Publicidad
Media: 5
Votos: 1

Joseph Gelinek, seudónimo del periodista Máximo Pradera, durante la presentación de su novela 'Las dos muertes de Mozart'.- EFE

El popular periodista Máximo Pradera se descubre como el autor oculto tras la máscara de Joseph Gelinek, seudónimo que le toma prestado a un compositor y pianista austríaco de mediados del XVIII. Careta que le viene al pelo en esta nueva aventura literaria que —a modo de thriller— indaga en dos personajes claves en la historia de la música: Mozart y Salieri.

Una historia que rompe con versiones que se han perpetuado a lo largo de los siglos y que, como nos desvela Pradera, responden a oscuras campañas de descrédito vertidas contra el compositor veneciano. El autor pasa revista también a las sospechas sobre la muerte del genial compositor austríaco a una edad muy temprana y a los pormenores de su intempestivo carácter. 

¿Qué hay de cierto en esa rivalidad histórica entre Salieri y Mozart?

Es una fantasía que se origina a finales del siglo XVIII y principios del XIX consecuencia de una campaña de difamación orquestada por los austriacos. Salieri  era veneciano y fue víctima de un intento de descrédito puesto en marcha por los austríacos... 

Una campaña que ha perdurado durante siglos

Y que ahondó la oscarizada Amadeus, de Milos Forman. Una película que nos ofrece un Salieri corroído por la envidia hacia el genio de Mozart hasta el punto de que no duda en conspirar contra él. Nada más lejos de la realidad. Para empezar porque el talento de Salieri poco tenía que envidiar al del salzburgués. Con apenas 14 años el italiano ya estaba tocando en el grupo de cámara del emperador Jose II de Habsburgo. Trata de imaginar qué talento debía poseer alguien que, siendo huérfano, consigue que el director musical del Emperador se haga cargo de su formación.

¿Cómo explica entonces que sea Mozart el que pase a la historia como el verdadero genio de la época?

Máximo Pradera durante la presentación de su última novela.- EFE

Porque Salieri logró siendo muy joven un cargo institucional y esto le hizo más conservador. Supongo que llegó a la conclusión de que iba a tener menos complicaciones sin romper moldes. Mozart, en cambio, siempre vivió con el agua al cuello, tenía que arriesgar porque era el eterno aspirante. 

¿De qué forma arriesgó?

Mozart fue el primer freelance de la historia. El hecho de que no pudiera estrenar óperas, por ejemplo, le hace inventarse los llamados 'conciertos para piano'. De esta forma consigue dar 27 conciertos encargándose él mismo no sólo de componer, sino también de buscar la orquesta, el local y hasta los asistentes. Mozart popularizó los recitales por suscripción, es decir, sesiones para las que los burgueses de la época que quisieran asistir debían pagar una especie de abono. 

¿Se podría decir que Salieri era la apuesta del 'establishment'?

Al menos tenía mucha más mano izquierda que Mozart, que era un soberbio muy consciente de su genio. Su actitud echaba para atrás a los empresarios y nobles de la época, un poco el mismo conflicto que tengo yo... [risas].

No sólo no fueron enemigos, sino que incluso colaboraron juntos...

Fueron adversarios, no cabe duda, pero en ningún momento enemigos. Cuando la famosa soprano inglesa Nancy Storace perdió la voz y estuvo convaleciente, Salieri y Mozart tuvieron a bien colaborar en una breve cantata titulada en italiano Para la recuperada salud de Ofelia. Pero ahí no acaba la cosa; Salieri fue profesor de escritura vocal del hijo de Mozart, lo cual resulta un poco extraño si de verdad quería conspirar contra su padre. Por no hablar de su labor impartiendo clases de música a alumnos que no podían pagárselas. 

Y qué hay de ese nuevo proyecto con Stalin y Shostakovich como protagonistas...

Está en ciernes todavía. Me fascina ese momento en el que durante el cerco nazi a Leningrado un puñado de músicos desnutridos interpreta la Sinfonía nº 7 de Shostakovich. Ese momento en el que un general nazi, tras casi un año de sitio, escucha la melodía y asume que será imposible tomar la ciudad. Hay mucha poesía en ese momento.