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"Me cuesta creer que al Gobierno no le importe lo que pase con el cine"

Triunfadora en el Festival de Málaga y protagonizada por Arón Pipe, Tito Valverde y Maribel Verdú, '15 años y un día' traza un retrato de la adolescencia

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Mejor Película, Mejor Guion, Mejor Música y Premio de la Crítica en el 16 Festival de Málaga. Cine Español, 15 años y un día, la nueva película de Gracia Querejeta es también la primera que la cineasta ha rodado sin su padre, el productor Elías Querejeta. Retrato de un adolescente complicado, el filme -producido por Gerardo Herrero y con guion de la directora y Antonio Santos Mercero- se rodó durante unas semanas en las que ninguna película española más se estaba haciendo.

Fruto, por tanto, de una época de crisis, la película contesta a algunas preguntas de estos tiempos, aunque también se mueve en el territorio particular de su autora, donde las relaciones familiares adquieren una importancia esencial.

El joven Arón Piper es el protagonista de la historia, en la que también participan Tito Valverde, Pau Poch, Maribel Verdú y Belén López, entre otros. 15 años y un día muestra la relación de un adolescente con su abuelo. A Jon le expulsan del colegio y su madre decide enviarle con su abuelo, Max, un exmilitar aferrado a sus costumbres, a pesar de que el vínculo que existe entre ella y su padre no es especialmente estrecho.

Una vez más vuelve a meterse en el territorio de la familia, las relaciones con el padre...

Hace años estaba preocupada por eso y lo comentaba con Elías (Querejeta), le decía: 'Es que no salgo del mismo rollo'. Y él me decía que no me preocupara, que eso es como los pintores que siempre pintan el mismo cuadro o lo escritores que tienen en todas sus obras un aire de familia... De todos modos, en esta película hay un dato importante, es una historia que escribí ya hace cuatro años. Luego he escrito otro guion para una película mucho más barata, que es el sino de los tiempos. Y en esa ya hay una ruptura.

Hablando de su padre, esta es la primera película que usted hace y no produce él. ¿Ha sido difícil trabajar con esa ausencia?

Hay diferentes maneras de producir, pero yo me he adaptado bien, supongo que, entre otras cosas, porque vengo de trabajar tres años en televisión. Ahora estoy preparada para otra forma de entender la producción. Además hoy, que se están rodando poquísimas películas, solo puedo sentirme afortunada. He tenido menos tiempo de rodaje que en otras películas y menos posibilidades técnicas, pero eso no ha supuesto un trauma ni un inconveniente. Esta película es más pequeña que las otras, pero se sostiene troncalmente.

¿Siente que es muy importante este cambio en su carrera?

En cierto modo. Cuando hice la primera película, todo el mundo decía que la había hecho mi padre. Con la segunda, como era en inglés, se cortaron un poco en los comentarios de ese tipo. Con esta también le dijeron muchas cosas a Gerardo Herrero. Es importante esta película porque ahora ya no pueden decir que no puedo trabajar sin Elías Querejeta. Trabajar con él ha sido una gran escuela.

Antes hablaba de otro proyecto que tiene entre manos, ¿una película para estos tiempos de crisis?

Sí. Es un proyecto con ocho actores en una casa. Es lo que estoy intentando levantar ahora mismo. Con Maribel Verdú de protagonista. Es una historia sobre la avaricia y la querencia desmedida por la pasta. Es una historia que habla de los comienzos de esta crisis.

¿Es el único camino que hay hoy para el cine en España?

Tal vez, aunque también creo que no podemos trabajar así. Lo siguiente debe ser una película de tintes normales. Este es mi oficio y yo aspiro a pagar con él las facturas.

Pero ¿tiene la sensación real de que va a poder hacerse?

La verdad es que estoy asustada. Nunca lo he estado tanto, porque las televisiones también se han amilanado y han cambiado sus relaciones con las productoras. Ahora todo es árido y complejísimo, es difícil levantar cualquier cosa, series de televisión, películas... Es una cosa tremenda. Lo que fue la obligación de las televisiones de financiar el cine es algo que se ha vuelto en contra de todo y ahora solo hay un cine, el que quieren las televisiones y eso limita el espectro muchísimo.

¿Qué podría hacerse?

Para empezar, debemos templar un poco los ánimos, porque ahora hay un ambiente crispado y beligerante que no sirve de nada. No sé cuál es el camino, pero creo que hay que buscar fórmulas de un mínimo entendimiento.

Pues el Gobierno no parece que esté por la labor...

Ya, pero a mí me cuesta creer que a un gobierno no le importe nada lo que pase con la industria audiovisual de su país. Me cuesta creer que al Gobierno no le importa lo que pase con el cine.

¿De dónde sale esta historia de un adolescente?

Como madre me preocupaba mi hijo de catorce años, tenía la sensación de que se me escapaba de las manos y tenía miedo de que entrara en un mundo que yo no pudiera controlar.

¿Siente que los adolescentes están hoy más desprotegidos que nunca?

Estamos pasando un momento económicamente muy delicado y las familias con problemas no tienen tiempo de ocuparse de los más jóvenes, solo pueden ocuparse de lo que van a comer cada día. En ese contexto los adolescentes están más desprotegidos. Es verdad que hay situaciones de violencia extrema, pero la película cuenta algo más comedido y general. El adolescente de la película no está completamente chiflado. Tiene sus motivos, pero es verdad que ahora es más fácil desnortarse.

La violencia en la película procede de unos chicos emigrantes, ¿no pensó en lo políticamente incorrecto que podría resultar ello?

Sí y me preocupó. La historia del chico ecuatoriano si no es políticamente correcta, lo siento, lo lamento. Por supuesto que los ecuatorianos son gente estupenda, pero si empezamos así, con sectores intocables porque no es lo políticamente correcto... En un momento dado nos preocupó, pero no podíamos caer en eso. Esta historia es posible. El protagonista no es un angelito, pero pertenece a una forma de cultura. El chico ecuatoriano pertenece a otra, donde hay, por ejemplo, un trato vejatorio a las mujeres que yo he visto.