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"Me da miedo hacer una película sobre la guerrilla"

Hoy se proyecta 'Sumas y restas', su tercera película. La sección de cine del festival La Mar de Músicas le dedica esta semana un amplio ciclo.

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Víctor Gaviria (1955, Medellín) amaneció ayer doblemente sacudido por el jet lag y por la celebración de la victoria española en el mundial, que le pilló recién aterrizado en Cartagena, donde hoy se proyecta Sumas y restas (2005), su tercera película. Las dos anteriores, Rodrigo D: No futuro (1990) y La vendedora de rosas (1998), nominada a la Palma de Oro en Cannes, le dieron fama internacional y el reconocimiento por un estilo propio, casi documental, con actores no profesionales y diálogos trabajados a partir de la improvisación. La sección de cine del festival La Mar de Músicas le dedica esta semana un amplio ciclo.

En los noventa no se estrenaban más de tres películas colombianas al año. Este año serán 18. ¿A qué se debe esta eclosión del cine colombiano?

Entonces sólo había capital privado en el cine y sin posibilidad de recuperar la inversión. A partir de 2003, con la Ley del Cine, se invita a la empresa privada a participar en la industria con la promesa de unas exenciones de impuestos bastante importantes, de un 45%. Eso disparó al cine.

Su tercera película, Sumas y restas' (2005), es su película más convencional. No sé si ello ha tenido que ver también con esa industrialización o profesionalización.

Mis dos películas anteriores fueron más documentales. Tenían actores naturales, que estaban viviendo una vida idéntica a la de la película. Los guiones los tomaba de la vida de los muchachos, entraba en diálogo con ellos y de ahí salía un guión que era un espejo de lo que vivían. Eran testimonios directos de la realidad, con guiones más casuales.

Pero los diálogos sí que estaban escritos, ¿o no?

No, los diálogos tampoco estaban escritos. Los escribía durante el rodaje, surgieron de sus improvisaciones. Yo trabajo con actores naturales, siempre y cuando ellos sean capaces de improvisar. Nunca los someto a un aprendizaje o a memorizar porque fracasarían. La improvisación es fundamental.

¿Todos son actores no profesionales, incluso el capo?

Sí, el capo, el traqueto, que es como la llamamos. Todos los actores han estado en el narcotráfico.

¿El protagonista, el ingeniero, también?

No. Todos en Medellín hemos tenido contactos con el narcotráfico, pero él era un tipo que nunca se vendió a los narcotraficantes. Era de buena familia, que no tuvo esos deslices con el narcotráfico, y me interesaba que fuera así, para que se notara su total inocencia. Todos los demás son personas que han tenido que ver con el narcotraficante en algún momento.

Nunca ha abordado de frente el problema más antiguo de su país: el conflicto entre el Estado, la guerrilla y los paramilitares.

Es cierto, y no creo que nadie lo haga. Trabajé sobre la historia de un secuestro. Cuando iba a hacer Sangre negra [película que finalmente se abortó poco antes del rodaje] quería encontrar a los actores entre reinsertados de los paramilitares, que son los guerrilleros a los que la fuerza pública ha detenido. Entonces supe cosas de la guerrilla, cosas interesantísimas. Pero da miedo hacer una película sobre eso, ¿me entiendes? Si tú haces una película en la que revelas cosas que se saben, como es el trabajo del paramilitarismo con el ejército, cómo funciona la guerrilla por dentro, las relaciones entre las patrullas guerrilleras y los militantes Si uno toca estos temas lo más probable es que a uno lo maten. Te pones como objetivo de todos esos grupos.

¿Cómo es su trabajo de documentación? ¿Incluye visita a los suburbios, los barrios, las cárceles?

Sí, sí. Como los actores no han pasado por escuelas, ven las películas como una posibilidad de contar sus historias. Durante un tiempo, la gente muy humilde de esos barrios, gente anónima, invisible, sin ninguna posibilidad de tener figuración en los medios, venían a contarme sus historias. Historias siempre llenas de desgracias y fracasos.

Estéticamente, ¿de dónde viene su cine?, ¿en qué referentes se mira usted?

En referentes muy identificables, como son Los olvidados de Buñuel, que es una de esas películas que parecen diez películas al tiempo. Cada vez que las ves, cada secuencia te ilumina como la parte de una realidad desconocida. También el neorrealismo, Vittorio de Sica, Rossellini Ese cine directo, ese cine que rompió los moldes del cine.

¿Es optimista con la realidad colombiana de la que se ocupó 20 años?

Pues qué te digo hay un desorden social muy grande: el narcotráfico siempre presente en todas partes y la guerrilla también. Ahora quieren superarlos con un desarrollismo económico y con la represión militar, donde el ejército tiene el control total del país, y de la inversión extranjera. Pero el malestar social está ahí. Llevamos ocho años de guerra contra la guerilla y la guerrilla no está vencida, porque es alimentada por un malestar enorme.