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La mercantilización acaba con el madrileño barrio de las letras 

La gentrificación ha llegado también a este barrio de la capital, ganándole terreno al pequeño comercio tradicional y a la pacífica vida de sus vecinos. 

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Barrio de las Letras de Madrid. Foto: Cedida por DecorAcción 2014. EFE

A finales de los años 80, la madrileña plaza de Santa Ana, en el corazón del barrio de las Letras, acogía un mercado artesanal. Había un ajedrez gigante pintado en el suelo y los niños eran los dueños de la plaza. Una estampa inimaginable hoy en día en un espacio copado por terrazas privadas de precios prohibitivos entre las que se han adecuado dos zonas de juegos infantiles cercadas. El barrio estaba entonces lejos de ser un paraíso. Era uno de los centros neurálgicos de la prostitución en Madrid y estaba azotado por la drogadicción y la inseguridad, como la mayor parte de los barrios populares de la ciudad en aquella época. Pero era eso, un barrio.

“Hay veces que tienes la sensación de que vives en un parque temático”, declara Luisa, el nombre ficticio de una vecina, que como las otras dos entrevistadas para este reportaje, han preferido mantenerse en el anonimato para evitar problemas con los propietarios de casas de alquiler para turistas. “El barrio ha degenerado desde 15 años atrás hasta ahora, cierran una tienda y es un bar, una pizzería o un sitio de perritos calientes. No hay día que salga y que no me pillen dos o tres pandas de gente con los carritos y que te tienes que poner contra la pared como una salamandra porque te llevan por delante”, relata esta vecina que lleva tres décadas en el barrio.

En el proceso de modernización, se está dejando atrás la vida que llenaba sus calles

La calle del León, que atraviesa perpendicularmente la popular calle Huertas, la principal arteria de la vida nocturna de la zona, estaba repleta de pequeños comercios hasta hace pocos años. Ahora, las carnicerías, pescaderías y panaderías han dejado paso a las tiendas de cervezas artesanales, de ropa moderna y a restaurantes de comida internacional. El barrio es mayormente peatonal, las calles están limpias y, según los propios vecinos y comerciantes, es seguro a cualquier hora, pero en el proceso de modernización, se está dejando atrás la vida que llenaba sus calles.

Fachada decorada. Foto: Cedida por DecorAcción 2014. EFE

Pablo es el dueño de una ferretería, uno de los pocos pequeños comercios que sobreviven en la calle del León. “El pequeño comercio tradicional ha desaparecido prácticamente y lo que ha venido son comercios mas innovadores mas vanguardistas, de moda, que van dirigidos a otro público. No al habitante del barrio, porque también el barrio ha envejecido, sino al cliente de paso, al turismo…”, declara detrás del mostrador de su ferretería. Junto a su negocio, en un local que aún conserva el antiguo rótulo de su anterior ocupación - “Confitería. Hay pan caliente” - se ha instalado una pequeña tienda de discos, ropa y decoración minimalista.

El boom de los alquileres turísticos

Si bien el barrio de las letras, ubicado en pleno eje Prado – Palacio Real, lleva ya más de una década siendo una zona eminentemente turística, el boom de los alquileres de apartamentos turísticos han acelerado el proceso de “turistificación”. “Detectamos en un primer momento que el parque de viviendas empezaba a desaparecer, tanto de alquiler como de compraventa y empezaban a crecer los precios de una forma exageradísima”, explica Víctor Rey, presidente de la asociación de vecinos del barrio. “Es una situación que venimos arrastrando y que va creciendo y va afectando a cada vez mas aspectos de la vida del barrio. Tenemos muchos casos de gente que se ha tenido que marchar del barrio por la subida del precio de alquileres”.

La popularización de plataformas como Airbnb, creada en principio para el alquiler de habitaciones o apartamentos sin intermediarios entre turistas y población local, ha provocado el desembarco masivo en el barrio de empresas de compra de inmuebles. Según datos aportados por Rey, hasta 19 empresas españolas y extranjeras estarían comprando apartamentos y edificios enteros para sacarlos posteriormente al mercado de alquiler turístico. El 90 por ciento de los edificios del barrio tienen ya al menos un apartamento destinado al turismo y de las alrededor de 3500 viviendas existentes, un 40 por ciento estaría ya dedicado a esta actividad.

Vista general de la calle Fúcar desde la Verónica. EFE

La consecuencia más inmediata de esto ha sido el encarecimiento del precio de la vivienda, pero los vecinos también denuncian problemas recurrentes de convivencia con turistas que llevan ritmos completamente opuestos a los de la comunidad de residentes. “La gente que viene es gente joven, que sale por las noches, llaman a cualquier hora al telefonillo porque se equivocan, suben y bajan corriendo la escalera, es un follón”, declara Antonia, una vecina que vive desde hace 32 años en una pequeña comunidad de ocho viviendas de las cuales tres han comenzado a ser de alquiler turístico desde hace un año. “Un día de estos que hubo manifestaciones, había un grupo de chavales cantando el ‘Cara al sol’ a las cuatro o cinco de la mañana, dando voces por el patio… Para los vecinos es demoledor”, relata Antonia.

Marta, aunque más joven que Antonia y Luisa, siempre ha vivido en el barrio y lleva 14 años en su actual apartamento. Se encuentra literalmente rodeada de hasta 4 apartamentos de alquiler turístico en su edificio. Alquilando a través de Airbnb los propietarios perciben, según Marta, entre 250€ o 300€ por noche por unos apartamentos algo más grandes que el suyo, por el que paga unos 700€ mensuales de alquiler. “A los propietarios, aunque tengan que pagar un porcentaje a la empresa, si sacas las cuentas, les compensa totalmente”, declara. Ahora, tras una vida en el barrio, Marta se está planteando seriamente marcharse. “He nacido aquí y me da pena porque te tienes que ir de un barrio que conoces y me afecta porque tengo familiares por aquí, trabajo relativamente cerca, pero es que ya no puedo mas. Hay noches que duermo dos o tres horas. Ya ni siquiera controlas tu propia vida. Yo ya vengo con miedo a casa”.

Un turismo sostenible

El principal impedimento para buscar una solución a este problema es el vacío legal en el que se encuentran esta clase de alquileres. Para alquilar una vivienda a través de una plataforma como Airbnb solamente es necesario presentar una declaración de responsabilidad ante la Comunidad de Madrid lo que ha convertido al sector en tierra fértil para lo que Víctor Rey denomina un modelo de “monocultivo turístico”. Por toda la zona están surgiendo edificios enteros dedicados al alquiler, que en la práctica se convierten en hoteles encubiertos, sin las normativas de seguridad, responsabilidad civil y normas tributarias de un hotel tradicional.

Nadie fija un criterio y, mientras, se siguen transformando edificios enteros en edificios de alquiler vacacional.

“Entendemos que para autorizar una actividad económica en una vivienda el Ayuntamiento previamente tendría que autorizar el cambio de uso, porque se está transformando de un uso residencial a un uso terciario”, explica Rey. “Hemos venido reclamando soluciones, pero nadie fija un criterio y, mientras, se siguen transformando edificios enteros en edificios de alquiler vacacional. El Ayuntamiento no debe entregar licencias y debe perseguirlo con expedientes sancionadores”, añade el presidente de la asociación vecinal.

Aunque para algunas zonas vecinas es quizás demasiado tarde, como el triángulo Sevilla-Cibeles-Neptuno, donde Rey calcula que no quedarán más de 20 vecinos, las Letras conserva aún algo de la esencia del barrio vivo que fue. Entre los camiones de abastecimiento de los restaurantes locales y las filas de turistas montados en patinetes eléctricos, aún pasean ancianos, juegan niños y algunos pequeños comercios sobreviven.

El turismo, sin embargo, parece un fenómeno difícilmente reversible y el impulso de modelos turísticos más sostenibles son la última esperanza de los vecinos para poder seguir disfrutando de su barrio, privilegiadamente ubicado en el centro de la ciudad. “Yo vivo en un interior, pero estoy todo el día arrastrando la chancla. Voy aquí, voy allá, todo lo tengo cerca si quieres ir al Retiro, al Prado, a tiendas, al mercado… pero mi hijo y yo nos hemos planteado irnos, sí”, declara Luisa y añade: “Esto se ha ido de las manos porque no se ha regulado. Lo único que pido es control y respeto para la convivencia porque podemos convivir todos”.