Publicado: 01.03.2016 10:49 |Actualizado: 01.03.2016 15:10

Por qué sí ha merecido la pena
el regreso de 'Expediente X'

Muchas voces se han levantado en contra de la que ha sido la décima temporada de ‘Expediente X’ y Chris Carter, su creador. Pero, con sus errores y tomaduras de pelo al espectador incluidas, el regreso de Mulder y Scully ha merecido la pena por varias razones.

Publicidad
Media: 5
Votos: 3
Comentarios:
Mulder y Scully en un momento de la última temporada de 'Expediente X'.

Mulder y Scully en un momento de la última temporada de 'Expediente X'.

MADRID.- Han sido catorce años de espera para volver a ver de nuevo en la pequeña pantalla a Dana Scully (Gillian Anderson) y Fox Mulder (David Duchovny) en acción. Ahora que ha terminado la décima temporada (compuesta por solo seis episodios), muchos se preguntan si mereció la pena tanta espera.

El sentir general, el que se aprecia al leer las críticas en los medios de aquí y de allá, en las redes sociales y los blogs del vasto mundo virtual es que no, que Chris Carter ha firmado una de las peores temporadas de su buque insignia y que otra vez ha tomado el pelo al espectador con un final demasiado abierto en un capítulo en el que son más las inconsistencias que las esperadas respuestas. Pero, ¿realmente ha sido tan malo el regreso de Expediente X? ¿De verdad habría sido mejor que Carter hubiese dejado descansar a Mulder y Scully infinitamente? Rotundamente, no.



(Nota: Este texto contiene spoliers a partir de aquí si no se ha visto completa la décima temporada de Expediente X)

¿Por qué no? Porque la temporada 10 no solo no ha sido tan mala (dentro de que ha habido cosas que claman al cielo y tomaduras de pelo de proporciones descomunales), sino que ha tenido capítulos realmente buenos. Como, por ejemplo, el tercero. Eso sí, para poder disfrutarlo en su plenitud había que dejarse llevar por el tono de autoparodia que desprendía en cada escena. En Mulder & Scully Meet the Were-Monster ambos agentes tienen que descifrar un caso que arranca con el hallazgo de un cadáver en el bosque. El episodio al completo es delirante, con Mulder casi como único protagonista enfrentándose a sus propios demonios y tratando de hacerse pasar por ‘no creyente’ ante la existencia de una criatura en la que está empeñado en no creer.

Pero el monstruo existe, y la conversación entre Mulder y el hombre lagarto en el cementerio es tan delirante y divertida como un Expediente X de libro. Eso sí, hay que entrar en el juego y aceptar que, como tantas otras veces a lo largo de nueve temporadas, Carter tira de ironía y parodia para reírse de sí mismo y de sus personajes. De lo contrario, de no entrar al trapo, parecerá algo chusco e, incluso, insultante. Al igual que la escena del episodio cinco, Babylon, en la que Mulder ingiere un alucinógeno y acaba bailando al ritmo de ‘no rompas más, mi pobre corazón’ rodeado de abuelas texanas.

La escena tiene su gracia, pero más allá de eso, en realidad el quinto es uno de los capítulos más cuestionables junto con el cuarto, Home Again, en el que Scully se pasa gran parte del tiempo ante la cama de su madre en coma y Mulder persiguiendo al asesino de la basura que defiende los intereses de los sin techo. Volviendo al quinto, Babylon, la trama del terrorista islámico suicida no se sostiene demasiado bien aunque sirvió para introducir en escena a los agentes Einstein (Lauren Ambrose) y Muller (Robbie Amell). Ella, pelirroja, la parte racional y científica de la pareja. Él, el crédulo y más propenso a creer que hay mucho que la ciencia no puede explicar.

¿Hay vida más allá de Mulder y Scully?

Sí, una copia de Mulder y Scully y de su relación. Hasta ellos mismos lo ven intentando convencer a su contrario de que el otro tiene razón. Como buscando que estos nuevos agentes no repitan los mismos errores por los que ellos ya pasaron. La duda que surge es si al sacarse Carter a estos dos nuevos personajes de la manga y volver a contar con ellos en el desenlace no estará preparando el terreno para la sucesión. No parecen tener mucho recorrido más allá de lo ya explorado con Mulder y Scully ni tampoco se perfilan como la mejor opción para un Expediente X más allá de Duchovny y Anderson. Sin ellos la serie no solo no sería lo mismo, sino que no se sostendría. Bien lo saben quienes aguantaron las nueve temporadas anteriores, incluidas aquellas en las que Mulder estaba desaparecido.

La nostalgia y ese aire de los noventa han estado presentes en todo momento en esta décima temporada. Han sido sus dos grandes bazas y sus dos grandes aciertos pese a los altibajos

La nostalgia y ese aire de los noventa han estado presentes en todo momento. Han sido sus dos grandes bazas y sus dos grandes aciertos pese a los altibajos. Porque si recuperas una serie que echó el cierre hace casi década y media, la nostalgia no puede faltar. Es la única manera de que funcione. Y eso se vio en el primer episodio, My Struggle, en el que se respiraba el mismo aire noventero que la original. Carter no quería captar nuevos adeptos, sino llamar a filas a los de siempre.

La misma atmósfera de los años noventa

Eso quedó claro desde el primer minuto, con una intro que era la de antaño. Después, monstruos con más maquillaje y vestuario que efectos digitales, pocos juegos de artificio con naves espaciales, teorías conspiratorias y mucho de Mulder y Scully haciendo de Mulder y Scully. Nada de volverse locos con los avances tecnológicos como hicieron con V en su regreso. Expediente X fue una serie de los noventa y así ha seguido siendo pese a estar ya en 2016. Y la fórmula ha funcionado. Con sus fallos, sí, pero también los hubo antes y se le perdonó. O, al menos, no se les retiró la confianza a Carter y su criatura. Porque sopesando aciertos y errores, al final compensa.

¿Y si las abducciones no hubiesen sido cosa de alienígenas sino de los humanos? ¿Y si los más poderosos de la Tierra estuviesen esperando a usar armas extraterrestres contra la población con fines de exterminio?

Volviendo a los aciertos, el primer episodio planteaba una línea argumental interesante. ¿Y si las abducciones no hubiesen sido cosa de alienígenas sino de los humanos? ¿Y si los más poderosos de la Tierra estuviesen esperando a usar armas extraterrestres contra la población con fines de exterminio? ¿Y si todo aquello en lo que Mulder creyó, los Expedientes X, los alienígenas y los monstruos, no fuesen más que una patraña del Gobierno para desviarle de la verdadera trama subyacente? La idea estaba bien, la pena es que a Carter se le olvidase seguirla hasta al final, en el capítulo seis, My Struggle II. Como si de pronto se hubiese acordado que olvidaba algo, retomaba lo plateado en el primer capítulo para acabar dejándolo todo en el aire incendiando los comentarios en su contra y dejando la puerta abierta a una undécima temporada.

El propio Carter ha reconocido que desde Fox le han pedido más capítulos. Porque una de las razones por las que ha merecido la pena en regreso de Expediente X –al menos para la cadena que la emite– son las audiencias. Casi 7,6 millones de espectadores vieron el controvertido final y a Fox le salen las cuentas. “Me han pedido más. Las audiencias fueron muy bien. Están contentos con la serie”, decía Carter en una charla en The Hollywood Reporter. Los gerifaltes saben que por muchas que sean las críticas recibidas, la fórmula funciona. Por mucho que las críticas arrecien y los espectadores se quejen, estos volverán a sentarse delante del televisor si Carter, Mulder y Scully les convocan. De eso no hay duda.