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"Meter música en tu cerebro siempre es algo peligroso"

El norteamericano Bonnie Prince Billy, el Dylan del siglo XXI, regresa hoy con nuevo disco, 'Beware'

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¿Otro Dylan del siglo XXI? ¿Cuántos van ya? Antes de tachar de perezosos a los críticos musicales, conviene precisar: dentro de Bob Dylan, hay varios Dylans, así que no debemos extrañarnos de que haya muchos Dylans del siglo XXI pululando por ahí. Bonnie Prince Billy sería el heredero del Dylan más folk, íntimo, escurridizo y espiritual. Es decir, del Dylan de finales de los sesenta John Wesley Harding y Nashville skyline y el que culminó la década de los ochenta con Slow train coming y Saved.

Bajo un nombre tan novelesco como Bonnie Prince Billy, se esconde Will Oldham, un cantautor superlativo cuyo talento compositivo es directamente proporcional a su prolífica producción. Con Beware (2009, Domino/Pias Spain), el álbum que publica este lunes en todo el mundo, son ya 11 los discos que ha lanzado en lo que llevamos de década.

'Es cierto, son muchos discos. Y eso que ha habido canciones que he tardado tres años en componer. Por cierto, en dos meses saco un nuevo EP, Chijimi, este grabado prácticamente en solitario y en casa', adelanta el músico desde su casa en Louisville (EEUU).

Oldham comenzó su carrera artística como actor a finales de los ochenta, pero la imposibilidad de tener el control sobre la creación de la obra le desvió hacia el territorio de la canción. En los noventa, se hizo un nombre en la escena independiente con discos que firmaba con distintos nombres: Palace Brothers, Palace Music e incluso con su propio nombre, Will Oldham.

Como ocurre con todo francotirador de culto, grandes estrellas de la canción se declararon sus fans. Como Björk y Johnny Cash, que grabaron versiones de sus canciones y colaboraron con él. Desde 1999, se refugió en el nombre de Bonnie Prince Billy.

Su carácter escurridizo demasiado cambio de nombre y una aversión aguda a las entrevistas ha limitado sus posibilidades de llegar a audiencias mayores, algo que en realidad no parece preocuparle. 'Me gustaría tener una audiencia más variada, pero no necesariamente más amplia responde Oldham. Creo que algunos artistas tienen un público muy numeroso, pero que no escucha su música hasta el fondo, de una forma responsable. A mí me interesa la mejor audiencia, no la más grande'.

Beware es un álbum consagrado al folk americano, con ecos de las tradiciones musicales apalaches e irlandesas, y una atmósfera campestre. Violines, trompetas y mandolinas colorean unas canciones que no pactan con el oyente melodías cálidas y previsibles, sino que obedecen a sus propias leyes y rezuman el frescor de la creación propia.

Para dar pistas sobre sus nuevas composiciones, Will Oldham hace referencia al disco que publicó el año pasado, Lie down in the light. Sus palabras pueden parecer demasiado abstractas, pero en realidad sugieren mucho sobre el mundo creativo del autor.

'Beware podría ser la otra cara de aquel álbum. Tiene una relación directa con él. Lie down in the light fue escrito con una visión mental muy estrecha, mientras que con este tenía una clara conciencia del mundo entero', sostiene el artista.

No conviene confundir sus canciones con amables baladas otoñales. Para eso hay que prestar atención tanto a música como a letras. De ahí ese título: Beware (Permanece alerta). Según Oldham, 'Creo que es una buena idea advertir a la audiencia antes de que se gaste el dinero en tu disco. El disco puede dese-quilibrarles de algún modo. Meter música en tu cerebro siempre es algo peligroso'.

Su música está fuertemente conectada con su vida: 'Sin hacer canciones, no sería feliz, ni me sentiría vivo. Durante mucho tiempo, me sentí fuera de todo. Gracias a la música, lentamente, he ido entrando en las cosas, he empezado a ser parte de la existencia'.