Publicado: 19.01.2016 21:15 |Actualizado: 20.01.2016 07:00

"Ya quisiéramos en México que se tratara al migrante como en Europa"

El autor mexicano Emiliano Monge presenta ‘Las tierras arrasadas’, una ‘road novel’ sobre
el drama de la migración a medio camino entre la ficción y la realidad.

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El escritor mexicano Emiliano Monge.

“Yo no soy el que habla en mis novelas, yo construyo un narrador. ¿Por qué ha trascendido Dostoievski?, ¿por qué nos emociona? Porque sus historias no las cuenta él, porque en cada una de esas novelas el escritor trabajó la voz del narrador tanto como a sus personajes”. El que no habla en sus novelas es Emiliano Monge, joven narrador que, según los críticos más avezados, es uno de los 25 escritores secretos más importantes de América Latina. Y sus novelas, siempre con la violencia como eje articulador, abordan temas como la incomunicación, el amor o el mercadeo con seres humanos.

En Las tierras arrasadas (Literatura Random House) su cuarto libro (tercera novela) Monge pone el foco en el drama de la migración, una realidad con solera en su México natal y que el autor entiende emblemática. “La migración ejemplifica la mayoría de las contradicciones del sistema capitalista, es decir, no existe una frontera entre el primer mundo y el tercer mundo que no tenga una crisis humanitaria”.

"No hay una sola frontera entre el primer mundo y el tercer mundo que no tenga una crisis humanitaria"

Monge, nieto de exiliados catalanes tras la Guerra Civil, hace autocrítica y no duda en señalar las miserias de un país y un gobierno, el mexicano, que mira a otro lado ante la tragedia migratoria. “Somos muy buenos exigiendo derechos para nuestros emigrantes que van a EEUU, en cambio, con respecto a la migración centroamericana que cruza el país, nuestro gobierno hace como si no existiera y la sociedad es incapaz de reconocer la tragedia”, explica el escritor, para quien siempre ha habido migrantes de primera y de tercera. “México es un país que fue muy buen anfitrión con la migración libanesa, que tenía mucho dinero, y con la española porque tenía mucha cultura, pero ha sido muy hijoputa con el migrante chino o el centroamericano que no tenían nada”.

Acostumbrado a la cruda realidad centroamericana, Monge ve con cierta tibieza la creciente presión migratoria que enfrenta Europa y cuyas consecuencias acaparan portadas y evidencian la incapacidad de la clase política. “Ya quisiéramos en México que se tratara al migrante como en Europa. A pesar de todos los problemas, la situación de los migrantes del Magreb y subsaharianos es infinitamente mejor que el trato que se les dispensa a los centroamericanos en México o a los mexicanos en Estados Unidos”.



La violencia como escenario

Las tierras arrasadas rezuma violencia, a través de ella el autor destila la esencia de una Latinoamérica salvaje, crudeza que impregna una tradición literaria que, como señala el autor, nace ya marcada por la brutalidad. “Los primeros textos de la literatura latinoamericana —explica el autor— son crónicas de los soldados que participaron en la conquista del nuevo mundo y que lograron imponerse a base de machetazos, o son crónicas de sacerdotes que llegaron para imponer su religión a la fuerza. Nuestra literatura nace de la violencia, es más, si hacemos una lista de los 50 libros más importantes de la literatura latinoamericana, sería raro encontrar alguno que no esté relacionado con la violencia”.

portada

Junto a la diáspora de la migración y la violencia intrínseca de un país, Monge teje a modo de contrapunto una historia de amor entre dos secuestradores. Un affaire marcado, cómo no, por ese mundo sórdido de víctimas y victimarios que traza el autor. “No hay más que resquemor entre ellos, es una historia de amor difícil de concretar porque lo que les da miedo es ser vulnerable ante el otro, incluso cuando ese otro es la persona amada. No se permiten ni siquiera el último punto de vulnerabilidad, por lo que su amor está marcado por el miedo a sentirse vulnerables, lo cual es tremendo”.

Y si la literatura mexicana, como explica Monge, es inseparable de la violencia, no es menos cierto que, al menos en los últimos años, se ha caracterizado también por una diversidad estilística y temática sin parangón en su historia. “La escena mexicana rompió con la preeminencia del centro, la literatura nacional reconoce por igual a escritores de cualquier zona del país. Además, México vive hoy día una época de profunda transformación social, y creo que estos cambios impactan de forma muy notable en la obra literaria. Por otra parte, si las generaciones siguientes al boom literario tuvieron muy complicado hacerse visibles, parece que poco a poco estas nuevas generaciones han logrado superar ese enorme legado”.

Un legado de vértigo difícilmente digerible que las nuevas voces mexicanas parecen, por fin, asimilar. “Parece que mi generación le debe más a Cormac McCarthy que a Carlos Fuentes y eso siempre es una buena noticia”.