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"Mi responsabilidad es estar en silencio"

Lourdes Fernández, directora de Arco, desapareció de la escena del crimen, pero trabajó en las negociaciones entre Ifema y los galeristas

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Las galerías españolas montaron en pie de guerra contra las reiteradas intervenciones que el presidente de Ifema, Luis Eduardo Cortés, menospreció el valor del comité encargado del contenido editorial de la feria Arco. Lourdes Fernández desapareció de la escena del crimen, pero trabajó en las negociaciones entre Ifema y los galeristas, que se cerraron a favor de los últimos.

¿Esperaba esta unión entre las galerías contra Ifema?

Las galerías ahora mismo están muy organizadas. Con esas estructuras organizadas es más fácil actuar. Es bueno que estén así. Es un logro haber llegado todas conjuntas, para trabajar juntos.

¿Se ha menospreciado la capacidad de las galerías?

No. Nunca. Al margen de todo esto, el comité siempre ha estado en todas las decisiones de Arco.

A tres meses de la inauguración, ¿no es un acto de irresponsabilidad despistarles de su trabajo que es montar el stand?

No quiero contestar a eso. Ya se ha solucionado y dentro de una semana levantamos una persiana con 230 galerías que se están jugando muchísimo dinero, porque el tema está como está. Ahora tenemos que hablar de la feria y de la parte positiva de la feria.

Bien, pero ¿por qué prefirió desaparecer de la escena pública como directora?

Yo estaba en la sombra y estaba haciendo lo que creo que tenía que hacer que es velar por el bien de la feria. Afortunadamente, todo se arregló.

¿Creyó que lo mejor era apartarse?

Sobre todo estar en silencio. Mi responsabilidad es estar en silencio y sacar adelante la feria, y que las galerías finalmente no cuestionaran Arco. Yo debía salvar la situación y nos ha salido fenomenal. Hay un compromiso mutuo.

¿Llegó a pensar en la dimisión?

No, jamás. Sé que se ha hablado de ese tema. Yo he estado como un roble.

¿En qué debe mejorar Arco?

Más que mejorar, hay que reflexionar qué feria queremos, porque no es el mismo momento en el que se creó. Las nuevas tecnologías pueden aportar mucho para las transacciones mercantiles. Yo estoy segura de que eso todavía no está desarrollado.

¿Y lo que dijo Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, sobre la pérdida de identidad al desvincularse de Latinoamérica, lo ha valorado?

Bueno, esto es una lucha personal. No hemos aprovechado lo suficiente Iberoamérica. Tenemos en España y tenemos el mismo idioma que la mitad del continente latinoamericano. Son países que pasan por una riqueza enorme en cuanto a coleccionismo y creación artística.

¿Por qué se rompe ese contacto?

No se ha roto conscientemente. Arco nace en una España sin coleccionismo y hay un momento en que se acerca a Latinoamérica. En eso fue pionero, porque cuando se trajo a Latinoamérica sólo se conocía a Botero. No se conocía todo ese boom que ha surgido luego. Ha sido un boom por todo el mundo. Ese mercado se ha acercado más a Nueva York ya Art Basel en Miami.

¿Arco cultivó y otros recogieron los frutos?

Sí. Eso suele pasar.

¿La fórmula del país invitado está gastada en el primer año en que se invita a una ciudad?

Es que el concepto de ciudad es más contemporáneo que el de nación. Hoy las cosas pasan en las ciudades. Lo local ya no es tu país, sino tu ciudad, sobre todo, si es una gran ciudad. Para los artistas la referencia es la ciudad.

¿Que en tres años Arco haya perdido 30 galerías que exponen es algo casual o forzado?

Es que no hemos perdido galerías. Queremos que haya menos galerías. Pero es verdad que con la crisis hay galerías que han preferido no venir. Pero hay una intención también de primar la calidad y recortar galerías invitadas.

¿La entrada de nuevos coleccionistas ha traído cambios a Arco?

Evidentemente. Los pudientes ya salen fuera a comprar y hay una nueva generación de coleccionistas. Además, antes los coleccionistas compraban arte más consagrado. Hoy vienen artistas jovencísimos y venden, eso era impensable antes.