Publicado: 28.08.2015 16:47 |Actualizado: 29.08.2015 07:30

Si Mick Jagger fuera mujer

Meryl Streep se atreve ahora con el papel de una guitarrista y cantante de rock en ‘Ricki’, de Jonathan Demme, una película que le sirve para certificar su valor, su entusiasmo y su enorme talento y, de paso, para denunciar que también hay "discriminación en el mundo del rock".

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Rick Springfield y Meryl Streep en la película 'Ricki'.

Rick Springfield y Meryl Streep en la película 'Ricki'.

MADRID.- Confiese. ¿Cuántas veces ha pensado en el sacrificio colosal (personal) que ha debido hacer el gran Mick Jagger para seguir adelante con su carrera en el rock’n roll? Los hijos a los que no ha visto crecer, los momentos familiares que no ha disfrutado… Confiese. Si Mick Jagger fuera una mujer ¿no pensaría, más bien, que ha sido una madre que ha abandonado a sus hijos para dedicarse egoístamente a su sueño? "El mundo sería mejor si hubiera más equilibrio, pero lo que hay son reglas distintas para hombres y mujeres", sentencia Meryl Streep, que vive esta discriminación en su propia realidad y en la de su nuevo personaje, Ricki Rendazzo.



Guitarrista y cantante de rock, Ricki Rendazzo es una mujer que ha cumplido ya sesenta y que un día decidió pelear por su proyecto y lanzarse a los escenarios con su banda, The Flash. Ahora, su hija está en una mala época y ella regresa para ayudarla y, tal vez, para conseguir la comprensión de su familia. "Ricki Rendazzo es indudablemente una Meryl Streep nunca antes vista", asegura el cineasta Jonathan Demme, que ha regalado un nuevo desafío a la intérprete, quien, sin duda, lo aprovecha. "Es un alivio interpretar a alguien que no actúa como todos piensan que debería ser. Su mensaje es: No puedo evitar ser como soy".

¡Le arrancaré la garganta!

Ricki, con guion de Diablo Cody, es una película de reencuentros para la actriz. Vuelve a trabajar con el director neoyorquino once años después de El mensajero del miedo, y con su amigo Kevin Kline, con quien ya hizo La decisión de Sophie (Alan J. Pakula, 1982) y El último show (Robert Altman, 2006). Además, coincide con una de sus hijas, Mamie Gummer, su hija también en la ficción. Pero el reencuentro más destacado es, seguramente el que vive con la música.

"Yo canto mejor que ella. Si Madonna obtiene ese papel, ¡le arrancaré la garganta!". No pasó de ahí y seguramente fue una broma, pero lo cierto es que a Meryl Streep no le hizo gracia que le arrebataran el papel de Evita en la película de Alan Parker (1996). Al fin y al cabo, ella se formó en el canto porque su ambición era llegar a ser una estrella de la ópera.

Convertida en una de las mejores actrices del mundo, con cuatro Oscar (acumula ya 19 candidaturas) y ocho Globos de Oro, parece que esta artista ha apostado en los últimos años por volver a intentar la ilusión de la música. Le dio al country en la mencionada El último show, de la mano de Altman y al lado de su querida Lily Tomlin. Dos años después encabezó el reparto de la popularísima Mamma mía! (Phyllida Lloyd, 2008). Ahora se ha puesto a disposición de otro cineasta con gran olfato musical, Jonathan Demme. Y está a punto de estrenar, con Stephen Frears, Florence Foster Jenkins, la historia de la peor cantante de ópera de la historia.

Mamie Gummer, Meryl Streep y Kevin Kline en la película 'Ricki'.

Mamie Gummer, Meryl Streep y Kevin Kline en la película 'Ricki'.

Tres papeles de bruja

Recién cumplidos los 66, la carrera de Meryl Streep es una auténtica excepción, no solo por su incontestable talento, sino por los logros que ha conseguido como "mujer mayor de cuarenta" en un ambiente claramente hostil. "Cuando tenía cuarenta me ofrecieron tres papeles de bruja el mismo verano. Entonces pensé: Ya está, esto es. La única razón de que tenga trabajo a los 64 años es que he tenido algunos éxitos en mi carrera. Pero no es el público, porque éste en realidad no tiene fobia a las mujeres de cierta edad", dijo en una entrevista concedida a The Guardian en 2013.

Meryl Streep, una de las pocas personas de la industria del cine que se ha atrevido a decir bien alto y bien claro que Walt Disney era sexista, ha creado y financiado el Writers Lab, un programa anual que apoya el desarrollo de guiones escritos por mujeres por encima de los cuarenta años. Se puso en pie para aplaudir entusiasta a su compañera Patricia Arquette cuando aquella recibió el Oscar y aprovechó la ocasión para denunciar la discriminación que viven las mujeres en el cine.

Acaba de rodar Suffragette, película que muestra el movimiento sufragista que consiguió el voto para la mujer. Dirigida por Sarah Gavron, es una historia escrita por Abi Morgan (Shame, La dama de hierro…), en la que Streep comparte cartel con Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Ben Whishaw y Brendan Gleeson.

Que le pregunten a Mick Jagger

Hace poco lanzó una pulla a sus compañeras y compañeros cuando aseguró que "para decir que hay discriminación en Hollywood no hay que ser valiente". El coraje en su caso está, desde luego, en muchos otros gestos. Sin duda en muchos de los papeles que ha elegido a lo largo de su vida y en muchas decisiones que ha tomado. No era fácil lanzarse con tanta resolución, siendo uno de sus primeros protagonistas, a interpretar a Joanna Kramen (Kramer vs Kramer), aquella mujer que apostaba por tomar las riendas de su vida. Desde entonces no ha parado de arriesgar.

Meryl Streep a lo largo de los años ha repetido innumerables veces que ella muy a menudo eligió las películas por el lugar y el tiempo en que iban a rodarse, para poder armonizar trabajo y familia. Ahora, con la misma contundencia y claridad, también ha dicho que está harta de que le hagan esa pregunta y que ¿por qué no se la plantean también a sus compañeros hombres? ¡Que alguien pregunte por sus hijos a Mick Jagger!