Público
Público

"¿Qué es esa mierda de la compasión? La piedad es peligrosa"

El director francés estrena 'De óxido y hueso', una historia de amor protagonizada por Marion Cotillard que se desarrolla en un mundo asentado sobre la barbarie

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

A Jacques Audiard le compararon merecidamente con Coppola y con Scorsese cuando estrenó Un profeta. Aquella película, crónica de cinco años de prisión de un joven delincuente árabe, con la que el cineasta contaba mucho más, encerró a Audiard en un sofocante ambiente masculino y carcelario, lo que provocó el nacimiento de un deseo por instalarse en  un universo con luz, con espacios abiertos y con un potente personaje femenino.

Ese anhelo y los relatos de Craig Davidson (Rust and Bone) son el origen de esta nueva película, De óxido y hueso, que se estrena el viernes en España y que muestra a individuos que luchan por su destino en un mundo moderno inestable, levantado sobre cimientos de ferocidad y brutalidad.

Triunfadora en el Festival de Londres y ganadora de los premios al Mejor Director, Mejor Guion y Mejor Actor en la Seminci, la película -protagonizada por Marion Cotillard y Matthias Schoenaerts- es el retrato de unos personajes en el límite, que viven en un territorio asentado sobre la barbarie, donde, como escribe el director en las notas de producción, 'Dios vomita a los blandos'. Los personajes y el amor que surge entre ellos son los héroes de esta historia, la del encuentro de Ali y Stephanie, un hombre que tiene que ocuparse de su hijo y de la supervivencia de ambos, y una mujer hermosa y con éxito en su profesión, es entrenadora de orcas en un parque acuático. Ella pierde las piernas en un accidente y, despojada de su arrogancia, lucha por una nueva vida. Él encuentra un camino en las peleas clandestinas y en Stephanie.

¿Ha sido difícil quitarse de encima el peso del éxito de Un profeta para hacer una nueva película?

Nunca lo he pensado como un reto, sin embargo, con el éxito de Un profeta sí surgió algo, como un mal que acecha, que ensombrece... El miedo de que no te digan, de no saber lo que estás haciendo. Y hay que desconfiar de que todos te digan que tienes un guion estupendo, que todo es estupendo. Es como un cheque en blanco, es el horror total. Y lo notas por el dinero, por los actores, por los técnicos... te dejarían hacer cualquier cosa que quisieras.

Esta película retrata un mundo instalado en una especie de barbarie, ¿así cree usted que es este mundo en que vivimos?

Sí y no soy el único que lo piensa, es la barbarie, la crisis... Y el papel del cine es encontrar los personajes, las narraciones, las mitologías de cada mundo. El cine francés de los años 30 y 40 sirvió para mostrar la Tercera República, el cine italiano mostró la Italia de 1947, después de Mussolini, el cine español de los ochenta mostró otro mundo...

Pero, como en otras de sus películas, los personajes se mueven en submundos...

Esto era muy preciso en Un profeta, porque era un problema muy francés, ¿cuál es la representación del árabe en el cine francés? Yo bajo a la calle y no veo ningún problema, ¿por qué no están en el cine? Había que encontrar la forma de esa representación y en la cárcel encontré la respuesta a la estadística nacional. Quería obligar a ver algo. Y si el personaje es inteligente vas más lejos, lo demás son esquemas. Aquí, el submundo de las peleas clandestinas no constituye el conjunto.

Tampoco es la primera vez que uno de sus personajes femeninos tiene una disminución física. ¿Es fetichismo? ¿Busca mostrar a los individuos de sus historias como unos freaks, una especie de monstruos?

Soy un fetichista. ¿Cuál es el arte más fetichista? El del crimen. Una vez que empiezas a coger trozos, comienzas con el fetichismo. Pero cada caso tiene dinámicas particulares. En Lee mis labios la cuestión era decir sorda para no decir fea. Era la historia de una mujer ingrata.

Emmanuelle Devos en el cine francés de hace diez años era la mujer del fondo y yo quería hacerla entrar en la luz y hacer un proyecto sensual con ella. Aquí, en De óxido y hueso, la amputación de Marion Cotillard viene de mi dificultad por rodar escenas de amor en el cine. Siempre son falsas, excepto en el porno, pero ahí no hay amor. Esto me permitía mirar otra cosa, no miras los rostros, miras los muñones de Marion Cotillard  y eso te lleva a algo sexual.

La reacción en el mundo de hoy ante lo que le pasa al personaje sería de lástima, de compasión. En la película no existen. ¿Son males de esta sociedad?

Sí, la caridad, la política de la compasión... Me acuerdo ahora de La piedad peligrosa, de Stefan Zweig, es un título bonito. La lástima, la piedad son peligrosas. ¿Qué esa mierda de la compasión? Hay cosas que hacer, voy a parecer un viejo maoísta, pero lo que hay que hacer es aprender a pescar y dar los medios para poder pescar. Ali no tiene cultura del amor, viene de una relación diferente con su cuerpo, no plástica, ni estética, si te falta un dedo le da igual, le importa un bledo. Él es mucho más los actos que nos damos unos a otros y no las intenciones.


 

Los personajes tienen que perder cosas muy importantes para que el amor prospere...

Es una historia de amor, solo una historia de amor, entre hombres y mujeres, entre un hombre y su hijo, entre la mujer y el hijo del hombre, entre hermanos... Son distintas declinaciones de una historia de amor.

Pero el hecho de despojarles de esas cosas ¿es una forma de decir que vivimos tan fascinados por lo superficial que no nos ocupamos de lo esencial?

Sí. Y, además, si el amor es un asunto de abandono, el mayor valor es el de abandonarse en unos brazos que no son los tuyos. La paradoja en la película es que estas son personas valientes, pero el verdadero coraje lo demuestran en el amor. Cuando Ali tiene que decir que la ama, es lo que más le cuesta de todo. Pienso en Bresson, en Pickpocket. Ali plantearía una cuestión, ¿qué es amar cuando no tienes palabras para decirlo, cuando no tienes cultura del amor? Ella, por su parte, antes del accidente, tiene una imagen de sí misma que contradice la idea del amor. Es una princesa arrogante con una imagen demasiado elevada de sí misma.

¿Eso tiene que ver con la elección de Marion Cotillard, una estrella, para el personaje?

Si hubiera elegido a una actriz no conocida hubiera sido un accidente laboral. Ella es una estrella, tiene mucha representación, y cortarle las piernas es hacer caer a una estatua. Y sabes que es falso, que no es un documental, así que obligas al público a jugar con eso. Con esta decisión Marion Cotillard se quedaba más que desnuda, es un sobredesnudo, y eso me interesa.

El título es complicado, aunque sea el de los relatos de Davidson, ¿no pensó en cambiarlo?

Es el de los relatos, sí. Esta es una película que hace leer, hay que leer los relatos de Craig Davidson. En Francia se tradujo como Gusto a óxido y hueso, que es el gusto que te queda en la boca después de recibir un puñetazo.

La película no adapta un relato concreto, más bien parece que usted ha querido ser fiel a la atmósfera de esos cuentos...

Sí, al leer los relatos pensé si rodar en EEUU o en Francia, pero si hubiera rodado en EEUU hubiera sido un cliché, un tópico. Al traerlo, hay un exotismo real. Aquí, ni Thomas Bidegain (coguionista) ni yo hubiéramos pensado nunca en orcas, en acuarios, en combates ilegales, en el hielo... Los relatos de Davidson son de crisis, de personas devastadas por la crisis.

¿Eso es lo que quería llevar a una película?

La verdad es que esta película se produjo con Un profeta, por frustración. Después de aquella quería hacer algo con un personaje femenino, con luz, espacio... Es como si el deseo hubiera precedido al proyecto de la película. Cogimos los relatos y pegamos encima este deseo.

¿Cuántas mujeres le han felicitado por este personaje femenino?

Tú. Bueno... y Marion Cotillard, que me dio las gracias y eso me emocionó mucho.

Fuera de las modas que más venden en el cine, ¿es más difícil encontrar financiación para las películas?

En Francia es fácil, solo es necesario saber a qué tienes derecho y si no supero ese presupuesto, no hay problemas. Yo hago películas modestas. En Francia la estabilidad del público francés es sorprendente. Tenemos un 40% de cuota de mercado, con eso es fácil mantener una cuota de producción para las películas.