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Miguel Brieva cambia apocalipsis por esperanza

Publica 'Memorias de la Tierra', un giro que busca los elementos para escapar de la locura capitalista

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Tenía que pasar. La realidad se ha vuelto tan absurda, perversa y exagerada que hasta los que la parodian desde hace años se ven obligados a cambiar de rumbo. Miguel Brieva (Sevilla, 1974) se ha dedicado a dibujar la locura capitalista desde hace diez años hasta hoy. En su nuevo álbum, Memorias de la Tierra (Reservoir Books), hace balance de estos cinco últimos años a partir de las ilustraciones que ha ido publicando en distintos medios impresos. Y la conclusión es un síntoma de que Brieva, látigo de la conciencia, azote del delirio consumista, ha cambiado apocalipsis por esperanza.

Arranca este recopilatorio, como no podía ser de otra manera, con una estampa irónica sobre las locuras de la fe en el progreso con las que se somete al planeta: explotación desmesurada de los recursos naturales finitos y desviación de las conductas sociales en enfermedades sociópatas. Vamos, todas las pistas macabras que facilitan imaginar la destrucciónde la Tierra antes que la desa-parición del capitalismo.

'El apocalipsis ya es tan real que parece hasta redundante'

Hasta aquí todo normal en él, pero el cierre, en un tono mucho más reconfortante, consolador y, por qué no decirlo, almibarado. Nada imperdonable, pura necesidad. Como él mismo titula el capítulo, es 'el gran salto revolutivo', en el que se pasa lista al final del sufrimiento gracias al 'nuevo decrecimiento. Con nueva fórmula mejorada', a las 'instrucciones para cambiar el mundo para mejor' y al 15-M: '¿Es usted un ser racional? ¿Siente amor hacia el mundo y la vida? Pues prepárese entonces para dar el gran salto revolutivo. ¡Próximamente en sus calles, en sus plazas y en su interior'.

'Al final del libro hay un intento de apuntar hacia otro lado. Más constructivo, menos apocalíptico. El apocalipsis ya es tan real que parece hasta redundante. Tiene más sentido que enfoquemos nuestras energías a la creación de escenarios posibles que no sean como el que padecemos. Debemos romper ese cerco que hace que la gente más lúcida a lo máximo que esté llegando es a visualizar la tragedia', explica el autor.

Así que se dijo basta ya y dio el siguiente paso: 'Visualizar algo que nos saque de la tragedia, en lugar de asumir una actitud nihilista con la que hacemos viñetas para decir: Qué guay soy, que me doy cuenta de que todo es una mierda'. Eso está bien un ratito, pero hay que empezar a jugársela para imaginar en provecho. Es lo que están haciendo las comisiones del 15-Men estos momentos: cómo podemos organizar las cosas de otro modo'.

'Hay que empezara jugársela para imaginar en provecho'

Brieva ha trazado la memoria de la crisis de una sociedad que tiene en sus manos la única esperanza, una vez se ha comprobado que 'las instituciones son herméticas e incapaces de cambiar'. La sátira se atempera con la inserción de anexos para cada uno de los nueve capítulos, en los que Brieva cita extractos de las lecturas que le han ayudado a analizar los mecanismos que dirigen su planeta. Es una invitación a la actividad crítica mucho más descarada (y desesperada) a lo que nos tenía acostumbrados. El moribundo debe reanimarse como sea.

'Ahora quiero redirigir las herramientas de la sátira, más que para confirmar la evidencia y decir que esta sociedad está loca, para ver cómo salimos de esta locura. ¿Contra qué debemos enfrentarnos en el exterior y en el interior de nosotros mismos? ¿Qué cosas concretas se pueden ir haciendo?', cuestiona. Brieva ya ha movido ficha a favor del cambio, una apuesta arriesgada a la espera de la compañía de sus lectores.