Publicado: 27.11.2014 09:02 |Actualizado: 27.11.2014 09:02

Una mirada al feminismo del siglo XIX

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La 'Casa de Muñecas', explicada por su director y su protagonista

Se suele decir que Casa de muñecas es la primera obra feminista de la historia de la dramaturgia. Puede que tal afirmación sea correcta o no, lo cierto es que quedarse ahí sería simplificar una función que va más allá y cuya intención siempre ha sido la de hacer una feroz crítica de la sociedad de finales del siglo XIX. Fue escrita en 1879 por Henrik Ibsen (1828, Skien, Noruega- 1906, Oslo, Noruega) y representada por primera vez en 1890. Tras un rodaje de un año, se estrenó en octubre de 2013 en Valencia, este miércoles ha llegado a la sala verde de los teatros del Canal esta adaptación contemporánea, dirigida por Ximo Flores y producida por CulturArts Teatre i Dansa, hasta el próximo 7 de diciembre.

Esta es la octava vez que se monta este texto en España, la última fue en el teatro Fernán Gómez de Madrid, en 2011, bajo la batuta de Amelia Ochandiano. Y cabe añadir una más, que coexistirá en el mismo teatro del Canal con la de Flores los días 4 y 6 de enero. No es la misma función, se trata de una recreación del universo de Casa de muñecas en el que Nora Helmer, la protagonista, tendrá que debatir con el mismísimo Ibsen los términos de su personaje, la obra se titula Querido Ibsen: soy Nora. "Tenemos un ciclo que se llama Buenos Aires en Madrid, queríamos añadir teatro y nos dieron varias opciones, estaba esta y la vimos como el complemento perfecto", explica Jorge Goya, intendente de los teatros del Canal.

Querido Ibsen: soy Nora, protagonizada por Belén Blanco, ha tenido gran acogida en su país, donde ha recibido varios premios. "Este espectáculo está en horario nocturno y solo dura tres días. Además está dirigido a un público más especializado, no como Casa de muñecas, que es más generalista", explica Goya. El texto de Ibsen está considerado un clásico, porque trata uno de esos temas tan universales como es la libertad, en este caso la libertad de decidir cómo quieres que sea tu vida.

El director Ximo Flores: "Intento hacer la obra mía, por eso se dice que tengo un lenguaje muy personal y que llevo los clásicos a mi terreno"En la función que nos ocupa, Flores, el director de Casa de Muñecas, no ha querido hacer un réplica del original. "Intento hacer la obra mía, por eso se dice que tengo un lenguaje muy personal y que llevo los clásicos a mi terreno, porque no tengo escrúpulos en transformar". En este sentido, explica el director, lo que ha tratado ha sido llevar esta función a los parámetros del siglo XXI, y para ello se ha servido de pequeñas modificaciones, amén de dar importancia a partes del texto que cobran relevancia en el presente pero pasaron inadvertidas en la época en la que se escribió.

En la obra, Nora, interpretada por Rebeca Valls, es una mujer que vive una vida idílica, según las expectativas de aquel entonces. Madre de tres hijos, y casada con un alto cargo de un banco se da cuenta de que su mundo no es lo que parece. Cuando cae el velo y la realidad se muestra ante ella toma una decisión inesperada para sus coetáneos: coger las riendas de su propia vida y abandonarlo todo. Algo inquietante en una sociedad en la que la mujer estaba relegada a un segundo plano, tanto es así que hasta para pedir un crédito a un banco tenía que contar con el permiso de su  marido.

Aunque los cambios entre las costumbres y las leyes del siglo XIX y las de ahora son tan grandes que es casi ridículo hacer mención a ello, hay todavía algunas luchas que se continúan librando en nuestra sociedad, como la igualdad entre la mujer y el hombre. "No hemos evolucionado tanto", asegura Valls, y añade "en este aspecto se consideró a Ibsen como un revolucionario por esta obra".  Se han acentuado en esta versión los roles que cada uno representa en la sociedad, no solo las mujeres, también los hombres. A lo largo del día son múltiples las caretas en las que nos metemos, y esa cualidad de mimetizarnos en otras personalidades es la que Flores y el dramaturgo Jerónimo Cornelles han querido reflejar en esta versión.


Un momento del montaje de 'Casa de Muñecas'.

La idea de representar una obra como Casa de muñecas, explica Flores, tiene varias lecturas. La primera es la personal. En ella, el director estaba deseoso de dirigir un texto del dramaturgo noruego. "Quería montar una obra de Ibsen, y barajaba varias opciones, El pato Salvaje, entre ellas. Venía de un proyecto que se frustró y se dio la coincidencia de que la compañía de Cornelles me ofreció dirigir algún montaje. Me propusieron Tío Vanía de Chéjov y les dije que me encantaba pero que quería hacer algo de Ibsen. Por el elenco de actores, tres más Rebeca y Mikel al final llegamos a la conclusión de hacer esta obra".

"Obras como Juan Gabriel Borkman, o Al despertar de nuestra muerte me encantan pero son mucho más difíciles de montar"La otra lectura se refiere a que ésta es del dramaturgo escandinavo su función más famosa, o lo que es lo mismo, la más mediática. "Obras como Juan Gabriel Borkman, o Al despertar de nuestra muerte me encantan pero son mucho más difíciles de montar porque desgraciadamente ahora mismo se te exige que la obra funcione bien y las apuestas por textos poco conocidos siempre entrañan un riesgo.", explica Flores.

Hasta aquí bien, si se tratase de una producción privada. Casa de muñecas está financiada por CulturArts, la empresa pública de la Generalitat Valenciana. "Casi siempre me he movido por dramaturgias propias, vengo de un teatro más contemporáneo, pero cuando haces una producción pública entran en valor cosas que no tendrían que entrar. Considero que un actor famoso o que un título famoso ayuda a que mi empresa vaya bien, pero creo que el teatro público es un espacio donde se debería experimentar, se debería de arriesgar y además impulsar las dramaturgias de gente viva que están haciendo cosas"

Con esta obra ha tratado de dar su sello, lo que se suele llamar su marca. Casa de muñecas se ha convertido por méritos propios en una de las obras más conocidas en la escena internacional y en su momento fue muy importante por lo revolucionario de la historia. Hoy en día puede dar múltiples guiños a nuestra realidad social, pero eso, guiños, por ahí hay cientos de obras de dramaturgos jóvenes (y vivos) capaces de mostrar los entresijos de nuestro mundo con más precisión que esta obra que se escribió hace más de cien años. Así que ya saben, en un mes los madrileños van a tener la suerte de disfrutar no solo de una, sino de dos representaciones del universo Ibsen, y en el mismo teatro.