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Te monitorizo, chaval

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Cuando se estableció la figura del tribunal popular, el primer delito que se pensó que este debía juzgar era precisamente el delito de injurias. Muchos son los ejemplos de que una misma palabra, en dos poblaciones distantes menos de 100 kilómetros, tienen significados diferentes. Incluso no es preciso ir a esa comparación: el peor de los insultos es, en la mayoría de los idiomas, al mismo tiempo, un cariñoso saludo. Eso, sin contar con la exhuberancia de nuestro catálogo de insultos, cuyo depositario es el DRAE.

Pero lo que realmente lo peta es pensar que hay una sola cultura por país. Las culturas complejas como la nuestra comportan infinidad de subculturas. Y aquí lo hemos de multiplicar por, al menos, cinco culturas 'oficiales'.

Yo entiendo más la medida del 'te monitorizo, chaval', como aviso para provocar la autocensura; que es censura de lengua y censura de mente. Realmente, al poder siempre le ha incomodado que la gente se sienta libre.

Y la gente en Twitter, hasta ahora, se siente libre, sobre todo de mente. Y nadie piensa renunciar a esa libertad. Y si esta libertad es cuestionada, sencillamente se saltará a otra herramienta. 'Todo pasa y nada queda', decía el poeta; recuérdenlo, señores de Twitter.