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Los 'moratones' que provoca la codicia

Juana Salabert publica una novela sobre la avidez económica y los malos tratos en una familia contemporánea

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La escritora Juana Salabert (París, 1962) dice sentirse más cercana a Stanislavskique a Bertolt Brecht por la cuestión de la identificación con los personajes. En su última novela, La faz de la tierra (Alianza), con la que huye de la temática de la II Guerra Mundial, el Holocausto y la Guerra Civil que ha evocado en sus libros más recientes Hijas de la ira, El bulevar del miedoy acerca al lector a los malos tratos y a una familia contemporánea que ve cómo se diluye el patrimonio conseguido gracias a la especulación inmobiliaria. Y son personajes palpables. 'Sí, me interesaba que los malos tratos los sufriera alguien que puede ser cualquiera. El machismo es una ideología que lo ha impregnado todo y que puede saltar en cualquier momento', afirma Salabert a Público.

En la novela, Adela es una treintañera que hizo una beca Erasmus en Berlín a comienzos de la pasada década. Ahora está en la cama de un hospital y tiene el cuerpo marcado por los moratones de las palizas de su marido. Él, Álvaro, pertenece a una de esas familias que se hizo grande con la burbuja del ladrillo y que ahora sufre las consecuencias de la crisis. 'La decisión de que la empresa fuera una inmobiliaria fue algo deliberado', reconoce Salabert, quien pretendía mostrar retazos de esa codicia tan socialmente aceptada durante tanto tiempo. 'Es que eso ha sido lo peor de los últimos años. Antes la gente intentaba que no se le notase la avidez, pero desde los grandes pelotazos, esa avidez se vio como positiva. A mí me pareció muy inquietante cuando a principios de los noventa los universitarios dijeron que el hombre al que más admiraban era Mario Conde', apunta.

'El machismo lo ha impregnado todo y salta en cualquier momento'

Como ocurre con buena parte de sus novelas, en esta también hay un gran espacio para los traumas que se sufren en la infancia. Aparecen adultos que fueron el clásico 'niño gordo' discriminado por el resto de compañeros. El guapo que vive su belleza como un lastre. Para Salabert, como para su admirada Ana María Matute, 'los niños no son un proyecto de adulto' y es en esa etapa donde quedan marcadas las líneas de la personalidad. 'La fantasía se fragua en la infancia. Pero ahora cada vez dejamos menos ser niños a los niños. Y nadie está trabajando de verdad con grandes problemas como el acoso escolar', señala.

Estos traumas suelen perderse en los intersticios secretos de las familias. Como tantos otros hechos avergonzantes. En este sentido, La faz de la tierra es un dardo envenenado hacia la imagen desgastada de la familia feliz. 'Como en cualquier grupo social, se dan todas las luchas de poder, las estrategias. Y nadie se puede definir como feliz todo el tiempo', sostiene la escritora, a quien no le interesa esa idea de lavar los trapos sucios en casa. 'Es aberrante, porque hay trapos sucios que contaminan toda la casa y te gangrenan la mente y el alma. El maltrato, por ejemplo, es algo que nadie debe aguantar ni medio minuto', añade.

'Lo peor de la avaricia es que, desde los noventa, ha sido aceptada'

A pesar de la temática de esta historia, la escritora insiste en que no se trata de una novela comprometida. 'Nunca me gustó eso que se llamó realismo socialista, lo que ocurre es que mis personajes tienen una ideología u otra', precisa. Eso sí, el lector nunca olvida que esa mujer postrada en la cama podría ser cualquiera de nosotros.