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La verdad sobre el motín del Bounty

En 1789, la tripulación abandonó a su capitán por el paraíso de Tahití

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Con una vela, un sextante y un reloj. Los 11 hombres que se amotinaron en el HMAV Bounty en la mañana del 28 de abril de 1789 embarcaron a Willian Blight, su capitán, junto a 18 marineros en un bote minúsculo. No tenían muchas posibilidades de sobrevivir pero, en una hazaña dantesca, Blight consiguió atracar en la isla de Timor, 41 días después, tras recorrer 5.800 millas y perder un solo hombre.

El Bounty, un carguero construido en 1783 con el fin de transportar frutos del pan de Tahití hasta el Caribe para alimentar a los esclavos que trabajaban en las plantaciones de azúcar, vivió uno de los motines más famosos de la historia de la navegación. Su peripecia inspiró a los escritores Charles Nordhoff, Richard Hough y ahora John Boyne, el célebre autor de El niño con el pijama de rayas. El cine también recogió el motín, en 1935, 1962 y 1984, con Clarck Gable, Marlon Brando y Mel Gibson como respectivos protagonistas.

La opinión pública justificó a los rebeldes, mientras que Blight los tachó de traidores

El barco zarpó el 23 de diciembre de 1787 desde Inglaterra con 44 hombres a bordo. Su ruta consistía en atravesar Suramérica y rodear el Cabo de Hornos hasta llegar a Tahití. Sin embargo, una tormenta obligó a Blight a tomar una ruta alternativa que le demoró varios meses más de lo previsto. Atracaron en Tahití tras diez meses de navegación, donde permanecieron otros cinco. Allí, vivieron como reyes. La vida era fácil, y las mujeres bellas y accesibles.

Pero el sueño de los tripulantes del Bounty llegó a su fin y zarpó hacia el Caribe el 4 de abril de 1789. Apenas 24 días después, el primer oficial, Fletcher Christian, se rebeló junto a otros 11 hombres y expulsaron a su capitán en medio del Pacífico. Blight, capitán arrogante, ambicioso e inflexible, dio su versión en unas memorias: 'Christian y sus esbirros entraron en mi camarote y, tras agarrarme, me ataron las manos a la espalda. Amenazaron con matarme y enseguida vi que no había nadie para ayudarme'.

Según el capitán, la razón de la revuelta se debió a que 'los amotinados se habían ilusionado con la esperanza de una vida más feliz entre los tahitianos que la que posiblemente podían disfrutar en Inglaterra; y esto, unido a ciertas relaciones de naturaleza femenina, era el motivo más probable que ocasionó toda la operación'. Sus mujeres eran 'bellas, dulces y alegres' en sus modales y conversación. 'Poseedoras de gran sensibilidad, tienen suficiente delicadeza para hacer que sean admiradas y amadas', dice Blight en su diario.

Tras el destierro, el capitán consiguió llegar a la Isla de Timor tras una travesía en la que racionaron el pan y el agua hasta la extenuación y donde apenas tuvieron posibilidad de desembarcar en ningún islote por miedo a ser atacado por los nativos. A su regreso, dieron parte a las autoridades, y Blight intentó convencer a todos de su inocencia. Recibió el apoyo del almirantazgo y de la corona Británica, a pesar de que la opinión pública vio en Christian a un idealista romántico que defendió la libertad al luchar contra la tiranía de su capitán. En su libro, Blight lo tacha de hombre de fortuna, 'traicionero y sin escrúpulos'.

La corona envió otro barco, el Pandora, para capturar a los amotinados. Al final, diez de los hombres del Bounty fueron llevados de vuelta a Inglaterra encadenados y puestos a disposición de una corte marcial. Christian y ocho hombres de su confianza se escondieron en la isla de Pitcairn y, en enero de 1790, quemaron el Bounty para borrar toda huella material del motín.