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Muere el actor Aldo Sambrell, el malo de los 'spaghetti western'

Trabajó en 200 películas con estrellas del género como Clint Eastwood y Sergio Leone

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Ha muerto el actor español conocido como Aldo Sambrell, el malo en cientos de películas del Oeste. Un interprete que trabajó junto a Clint Eastwood, Sean Connery, Charles Bronson o Rachel Welch y fue íntimo de Sergio Leone.

Alfredo Sánchez Brell, el verdadero nombre de este actor madrileño, falleció a los 79 años el pasado sábado, día 10, en el Hospital Universitario de Alicante, donde llevaba varias semanas ingresado, informa AISGE.

Sambrell pasará a la historia de la cinefilia por sus cerca de 200 largometrajes, casi todos del Oeste, y en la mayoría ejerciendo el papel de malo de la película. El actor fue portada en la revista especializada Wildest Westerns y compartió escenas y emociones fuertes con todos los grandes del género, desde Eastwood a Bronson pasando por Yul Brinner, Sean Connery, Eli Wallach, Raquel Welch o Jackie Chan. Integrante de AISGE desde 1994, tenía el número de socio 954 y estaba casado con la también actriz Cándida López Cano, de nombre artístico Candice Key.

Ex futbolista en México y en el Rayo Vallecano, entre otros equipos, Aldo conservó durante décadas un pequeño despacho en la Gran Vía madrileña, repleto de recuerdos profesionales. Pero su fotografía predilecta no provenía del celuloide: era el bautizo de su primer hijo, para el que su gran amigo Sergio Leone (director de Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio o El bueno, el feo y el malo) ejerció de padrino.

En una entrevista a finales de 2006 a la publicación AISGE Actúa, Sambrell confesaba su pasión por el fútbol. De hecho fue jugador profesional en la liga mexicana con el Monterrey y el Puebla. A su regreso a España, Samitier se interesó por él y le recomendó que fichara por el Madrid, pero habría ocupado plaza de extranjero y le desecharon. Con todo, vistió los colores del Alcoyano y del Rayo Vallecano, con Aparicio en el banquillo.

La 'maldita guerra', como la definió, fue lo que le llevó a cruzar al otro lado del océano. Fue en las salas Numancia y Goya donde comenzó su afición por el cine. 'Si eras un poco pillo y no te levantabas durante el Cara al sol, podías quedarte a la segunda sesión. Allí empecé a ver westerns. Me volvían loco tipos como James Cagner', aseguraba. En su opinión, las películas del Oeste 'entretienen' y 'consiguen evadirte de los sufrimientos'. 'Para sentirse mal no hace falta pagar una entrada de cine; basta con poner el telediario'.

Fue una profesora de Arte Dramático que tuvo en Puebla la que le dijo que tenía cara de malo. 'Sacaba partido de aquellas facetas en las que podía defenderme. Yo sólo hago aquello en lo que creo, las cosas donde sé que soy más o menos bueno. Por eso jugaba, interpretaba y cantaba, claro', decía entonces. El actor fallecido recordaba también que había muerto 'de cien maneras diferentes ante la cámara, y para eso hay que meterse en el personaje; asumir su actitud, su mirada. Para mirar tienes que interiorizar el personaje, convertirte en él, ser así'.

Su nombre artístico se lo inventó como una reducción de su nombre completo. 'Me pareció que sonaba bonito y muy italiano; quizás por eso luego lo hayan transcrito muchas veces como Sambrelli. Hoy la familia me sigue llamando Alfredo, pero entre los amigos ya me quedé con lo de Aldo', señalaba.

En el fondo, confesaba ser 'un sentimental'. 'Lloro cuando hay que llorar. Y no olvide un pequeño detalle: ¡soy del Atleti!'.