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Muere la cantante Ana Kiro, gran icono pop de la verbena gallega

Tenía 68 años y llevaba cuatro luchando contra un cáncer de ovarios. La artista normalizó el uso del gallego y demostró que no era incompatible con el éxito comercial

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Ha muerto Ana Kiro, y no resulta complicado echar mano de adjetivos para describir el carácter de una mujer moderna, trabajadora, valiente y comprometida con su tierra.

María Dolores Casanova González en la pila bautismal, quien dejó la canción para ejercer, con fortuna, de presentadora y actriz en la pequeña pantalla, fue una señora que se anticipó a su tiempo y curró como una condenada para sacar adelante a su familia.

Hija de un militar que no vio con buenos ojos sus tempranas dotes para la música, tuvo que esperar varios años —así como la separación de su primer marido, con el que tuvo una hija— para embarcarse en el mundo del espectáculo. Apaciguó las preocupaciones de su madre, temerosa del qué dirán, y grabó en los estertores del franquismo un disco que terminaría catapultándola a las verbenas de Galicia entera.

Galicia, terra meiga (Olimpo, 1973), el primero de una treintena de álbumes, vendió 100.000 ejemplares (en formato casete). Luego fichó por Belter y sus actuaciones trascendieron las fronteras españolas. Ana Kiro, nacida en Arzúa, pero criada en la emigración barcelonesa, fue un cordón umbilical que mantuvo unida a la diáspora —de Berna a Buenos Aires— con sus orígenes. Y no hubo fiesta a la que no acudieran los que se quedaron atrás ni palco que ella rechazase: provocó la emoción de miles de almas juntas, apelando a la madre patria, pero también se subió a remolques de tractores para dar cuenta de su repertorio, alumbrada por focos de camión y usando hasta una cuadra como camerino.

Su set list estaba trufado de piezas que hacían referencia a las bondades del país, aunque no tuvo reparos en versionar temas como La Bamba (si la escuchara Ritchie Valens...). Al margen de modos y modas, cantó en gallego, lo que le valió el reconocimiento de artistas e intelectuales galleguistas —que hoy la lloran como antes lo hicieron con Andrés Dobarro o Pucho Boedo—, así como de otras solistas que reconocen su influencia y legado, como Pili Pampín.

Y puso de acuerdo, a la hora de su muerte, a líderes del PP como el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo (que valoró su 'profundo amor a Galicia'), y a organizaciones de carácter nacionalista como A Mesa pola Normalización Lingüística (que destacó el uso de la lengua vernácula en un 'contexto difícil', venciendo el 'tópico' de que el gallego y el éxito comercial son 'incompatibles').

Luego vino la tele: presentó medio millar de programas de Tardes con Ana y protagonizó la serie A miña sogra e máis eu, ambos en la TVG. Atrás quedaban los años de juventud, cuando se codeaba con José Guardiola, Mary Santpere, Joaquín Prats o Laura Valenzuela, y de madurez, que le permitieron conocer como la palma de su mano el mapa de carreteras de Galicia. Allí, en la plaza del pueblo, en el campo da festa de la aldea, Ana Kiro ofreció en innumerables ocasiones su exitosa receta: canciones populares gallegas en clave pop, aderezadas con algún gran hit foráneo hecho propio.

Un cáncer se la ha llevado por delante, pero no le fue fácil al cabrón. Ana no se cansó de repetir, cuando supo en 2006 del fatal advenimiento, que ella no se iba a Houston, que médicos como los del hospital de Santiago, ninguno. Bregó sin tregua, acompañada de su esposo y su hija, reapareció en un programa de televisión para contarlo y fue homenajeada en el auditorio Gabriel García Márquez de Mera, localidad cercana a A Coruña, precisamente donde ahora está instalada su capilla ardiente.