Publicado: 19.05.2015 10:08 |Actualizado: 19.05.2015 15:43

Muere el cantaor Manuel Molina, renovador del 
flamenco con el dúo Lole y Manuel 

El músico, de 67 años, sufría un cáncer y se había negado a recibir tratamiento. Es una figura esencial de la música flamenca de los últimos 40 años.

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Manuel Molina, en una imagen de 1999 / EFE (Archivo)

Manuel Molina, en una imagen de 1999 / EFE (Archivo)

El compositor, guitarrista y cantaor Manuel Molina, del dúo Lole y Manuel, ha fallecido esta madrugada a los 67 años en San Juan de Aznalfarache (Sevilla) víctima de un cáncer, han informado fuentes del Ayuntamiento de la localidad.

El músico llevaba un tiempo enfermo de cáncer y se había negado a recibir tratamiento de quimioterapia. Según han avanzado fuentes del Consistorio sanjuanero, al mediodía se instalará la capilla ardiente en el teatro Romero San Juan de la localidad sevillana.



Con Lole y Manuel consiguió "demostrar que el flamenco es algo de todos" y saboreó las mieles del éxito.


Manuel Molina, nacido en Ceuta en 1948 pero afincado en Sevilla, formó parte con Dolores Montoya del dúo flamenco Lole y Manuel, con quien fue padre de la también artista Alba Molina, nacida en 1978.

A principios de los años setenta comenzó su carrera con el trío Los gitanillos del Tardón, en el que estaban Antonio Cortés Chiquetete y Manuel Domínguez.

"El flamenco no le importaba a nadie. Ahora —señalaba a Efe en una reciente entrevista— el flamenco de verdad vende discos porque hay gente auténtica que sabe hacerlo y gracias a Camarón, que fue capaz de hacer escuchar a la gente desde lo más sencillo, una bulería, a lo más complicado, las seguirillas".

 

Luego, pasó por el grupo Smash y descubrió "la música electrónica sin abandonar mi flamenco, pero sabiendo que había algo más", y consiguió el éxito con su "Garrotín".

Conoció a la que sería su mujer y formó con ella el dúo Lole y Manuel. "Aunque no fuimos muy bien recibidos al principio, conseguimos abrir una ventana al flamenco de cara al público en general".

Manuel Molina con Smash descubrió, "gracias a los Beatles y Pink Floyd, que había algo más que flamenco", y con Lole y Manuel consiguió "demostrar que el flamenco es algo de todos" y saboreó las mieles del éxito.

Carrera en solitario

Cuando inició su carrera en solitario, en 1999, temblaba por la reacción del público, sacó su disco La calle del beso y se enfrentó a la música cantando, algo a lo que no estaba acostumbrado su público, y en un momento en el que el flamenco vivía uno de sus mejores momentos.

Más tarde, produjo el disco de su hija Alba Molina con quien contó para la grabación de su debut en solitario: "Hice pruebas a otras mujeres pero al final fue Alba la que más me gustó, quizá porque por el hecho de estar en casa sabía lo que yo quería para mi disco".

Una de las últimas actuaciones de Manuel Molina fue el pasado año acompañando a Alba en Madrid, en esa ocasión también cantando, aunque siempre prefirió quedarse "mudo" y ser conocido "solo" como "la música y letra" de Lole.

En 2014, los Molina estrenaron en el ciclo Flamenco en la dos del teatro Fernán Gómez, el espectáculo Flamenco, versos y fuego, una cosa que el guitarrista definía en una entrevista como "muy bonita" y que permitió que el público volviera a tener el privilegio de oír al que fue la mitad de Lole y Manuel.

"Yo quería que la Lole fuera mi voz. Siempre he sido un cantaor frustrado y lo que se me ocurría, lo que yo escribía, lo tenía que cantar alguien. Lole era la mejor para eso, y no quiero compararla con nadie", pero esa "comunión", afirmaba entonces, "se acabó y se acabó".

A Manuel Molina no le gustaba prodigarse en actuaciones, pero reconocía que si se lo pedía su hija Alba era capaz de "cualquier cosa".

"Me pasa lo mismo que le pasaba al fallecido Paco de Lucía. Que, aunque lo que más le gustaba era cantar, siempre 'tuvo' que tocar la guitarra. Yo nunca he cantado, a excepción de cuando era chico con Chiquetete, pero ahora, como mi Alba tiene interés en que vaya con ella, y yo a ella no le niego nada, pues, ¡ea!, canto", recalcaba.

Molina dedicaba actualmente sus esfuerzos a un libro que estaba escribiendo, un manuscrito de 600 páginas con los poemas que ha escrito a lo largo de su vida y que iba comentando.