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La muerte en directo de una obra

La Casa Encendida alberga la primera exposición de arte efímero en España

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Dicen que el rock murió cuando se empezaron a hacer solos interminables con guitarras de tres mástiles. ¿Estaba ya todo inventado? Todo no. Aún faltaba por ver la actuación estelar de un grupo de pájaros (de la raza diamante mandarín) haciendo punteos y sacando sonidos imposibles a una Fender. Pío, pío. Este milagro de la naturaleza podrá verse desde el próximo día 19 de noviembre en la Casa Encendida, como parte de On & On, primera muestra de arte efímero celebrada en España. O cuando la obra de arte se convierte en performance y se consume delante de nuestras narices.

'La intención es reflejar lo fugazde la existencia humana'

Para lograr esta sensación de fugacidad los 13 artistas internacionales que participan en On & On han utilizado materiales perecederos como fruta, chocolate, animales, hielo o cera para armar sus piezas. ¿Con qué intención? 'Reflejar el paso del tiempo. La naturaleza como espejo en el que se refleja lo efímero de la existencia', cuenta Yara Sonseca Más, coordinadora de exposiciones de la Casa Encendida de Madrid. 'On & On es una exposición que apela a esta era digital en la que, con demasiada frecuencia, se trata la experiencia como si fuera eterna, como si su conocimiento pudiese registrarse para siempre en dígitos binarios', razona la crítica de arte de The New York Times Rachel Campbell Johnston en el catálogo de la muestra.

On & On, comisariada por Flora Fairbairn y Olivier Varenne, incluye una instalación de miles de fresas en descomposición (Claire Morgan), una habitación con las paredes bañadas en chocolate (Anaya Gallaccio), un bloque de hielo gigante derritiéndose al calor de una bombilla interior (Kitty Kraus) o la mencionada sala en la que decenas de pájaros crean su propia sinfonía musical al apoyarse sobre cinco guitarras y tres bajos poderosamente amplificados (Céleste Boursier).

'He rehecho esta obra en numerosas ocasiones, y el cambio de contexto produce siempre una leve alteración de la respuesta a la pieza. En Viena, las paredes se llenaron de huellas de narices y marcas de lenguas; en Londres, los visitantes arrancaron furtivamente trocitos de las esquinas o las marcaron con pintadas', explica Anya Gallacio sobre su habitación de chocolate.

La muestra incluye la controvertida obra de Creed que ganó el Turner

La complejidad y el barroquismo de estas instalaciones contrasta con la insultante sencillez de Work Number 227, del escocés Martin Creed, una habitación vacía con una luz que se enciende y se apaga cada cinco segundos. Y punto. Sí, parece poca cosa, pero si el arte se midiera en titulares exaltados de prensa, Work Number 227 podría ser la obra más importante de la última década. 'La obra activa todo el espacio que ocupa sin incorporar nada físicamente. En cierto modo es una obra de gran envergadura en laque no hay nada', ha explicado el afamado artista de arte conceptual.

Cuando la pieza de Creed fue premiada con el prestigioso premio Turner (2001) se produjo en el Reino Unido el clásico debate estruendoso sobre si aquello podía considerarse o no una obra de arte. '¿Cuántos jueces del premio Turner hacen falta para cambiar una bombilla?', se preguntó esos días un periodista con brutal ironía británica. La cuestión quedó sin responder. Lo que sí es fácil de imaginar es que On & On va a dar mucho que hablar este otoño.