Publicado: 16.06.2014 07:00 |Actualizado: 16.06.2014 07:00

"Las mujeres del teatro tenemos que ser fundadoras de ideas"

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Resumen del coloquio 'La situación de la mujer en el siglo XXI' en el Teatro del Barrio

La anécdota la contó la actriz Rosa Manteiga: "Pues un amigo que trabaja en un teatro de Suecia me dijo que tienen guardería", a lo que la dramaturga Laila Ripoll respondió: "En el Centro Dramático Nacional no dejan pasar a los hijos a los camerinos" y la directora Cristina Rota añadió: "Cuando José Luis Gómez dirigía el teatro Español, de tapadillo me dejaba que pasasen un momento a saludarme y los chicos de la cafetería a veces me los cuidaban, eran un amor".

Lo que comenzó siendo un chascarrillo sin más, las tres, junto a las actrices Petra Martínez y Esther Acevedo, la productora Concha Bustos y la directora Lucía Miranda, acabaron transformando sus propias vivencias de conciliación en toda una reivindicación al gremio: más oportunidades para las mujeres en las artes escénicas. Y ya que nos ponemos, que la modernidad no sea una mera palabra hueca. Esto ocurrió el pasado martes en un coloquio, moderado por la actriz Vanessa Vega, en el Teatro del Barrio titulado La situación de la mujer en el siglo XXI.

Manteiga fue una de las participantes de la charla que mejor sintetiza ésta, y otras reivindicaciones. Acaba de estrenar Femenino singular, junto a tres compañeras para hablar, en primera persona, sobre la situación de muchas actrices tras dar a luz: "Yo vivo en una especie de urbanización con más actores. La mayoría tienen hijos, y en el parque (no hay ningún hombre) me reúno con otras madres que están en la misma situación. Tras muchas charlas decidimos escribir una obra para contar nuestras vidas, sueños, miedos, ilusiones, esperanzas... al final hablamos de personas, y bueno... ya que no nos llaman, porque parece que cuando estás embarazada en vez de nueve meses lo estás dos años o tres o más, decidimos montar algo nosotras".

Cristina Rota: "Si un varón sale del ensayo para llevar a su hijo al médico todos exclaman, qué mono, qué bueno, qué buen padre...."Sobre la maternidad, fuera de los teatros, las seis coincidieron que se trata de una cuestión de educación que condiciona, cierto es que cada vez menos, que todavía los hombres den por hecho que el cuidado de los hijos sea una obligación de la mujer y algo muy tierno cuando se papel lo asume un hombre. "Si un varón sale del ensayo para llevar a su hijo al médico todos exclaman, qué mono, qué bueno, qué buen padre.... Pero si esto lo hace una mujer, ya la cosa cambia porque dicen qué pesada, que trae sus problemas al ensayo y te llama el productor que te comenta, mira esto no se puede hacer, ya sabes que yo soy muy bueno, pero que sea la última vez. Es la visión social de que si lo hace el hombre es un sacrificio, pero tú te quedas viuda y con tres hijos y no lo es", aseguraba Rota.

Petra Martínez: "La vida siempre se ha visto a través de los ojos de los hombres, por eso los personajes importantes siempre han sido para ellos"Otro de los grandes problemas a los que se enfrentan las actrices a la hora de encontrar trabajo es el hecho de que en la mayoría de las dramaturgias los papeles masculinos predominan por encima de los femeninos. "La vida siempre se ha visto a través de los ojos de los hombres, por eso los personajes importantes siempre han sido para ellos", opina Martínez. Ripoll define esta realidad como el efecto de la Pitufina, es decir, un mundo en el que todos son hombres menos una mujer. Lo curioso de esta tendencia es que son más las chicas que estudian arte dramático que los chicos, sin embargo, ellos tienen más oportunidades que ellas. Si te estás preguntando a qué se dedican las que han estudiado años de arte dramático (de dos a cuatro años dependiendo de la escuela) y no tienen trabajo, solo tienes que darte una vuelta por los bares de Malasaña y preguntar a la camarera (pero esta es otra historia).

Ante esta realidad, algunas actrices, como es el caso de Esther Acevedo, han decidido romper los clichés y adaptar las obras, eminentemente masculinas, a una versión más moderna con un elenco íntegro femenino. Es el caso de la compañía Primas de Riesgo, a la que pertenece. Este viernes estrenan en el festival de Alcalá El mágico Prodigioso, de Calderón de la Barca. El grupo está formado, incluyéndola a ella, por ocho actrices. "Todo empezó por un proceso de investigación. Empezamos cinco actrices y ahora somos ocho. Nos decidimos por esta obra, entonces empezamos a contar: siete hombres y dos mujeres, vale, no podemos hacerla. Pero una vez que nos pusimos a reflexionar decidimos que ¿por qué no íbamos a hacerlo? Y no versionamos, es decir, no pensamos en convertir a Cipriano en Cipriana".

Lucía Miranda: "Yo veía de pequeña Caperucita y el Lobo, y siempre me preguntaba, ¿por qué no pueden resolverlo entre ella y la abuela, y tienen que llamar al leñador?"No se trata de que las mujeres por obligación tengan que escribir textos femeninos o viceversa, se trata de tener la libertad de hacerlo sin que seas criticada por ello. "A mí me gustaría", señala Ripoll, "que los varones escribieran historias de mujeres, pero no porque yo lo sea tengo que inventar relatos de este género". Cristina Rota, por su parte, distingue entre dos realidades, la social y la natural. En la primera pertenece a los hombres y la segunda a las mujeres. Desde pequeños nos educan, explica Lucía Miranda, para que adoptemos ciertos roles, y no es hasta la madurez que nos ponemos a cuestionarlos. "Es por ello, que en los teatros vemos a mujeres que tienen, en su mayoría, roles de prostituta, de madre, hermana, hija o amante del protagonista...", argumentaba la directora. Manteiga iba un paso más allá y aseguraba que "no existen, o existen muy pocos, personajes femeninos filósofas sobre las que recaiga el peso de la dramaturgia". Y de haberlos, son golosinas por las que todas se pelean.

"Yo me formé en Estados Unidos", explica Lucía Miranda, "tengo los estudios de género en vena". Es directora de la compañía The Cross Border Project, especializada en teatro Foro (una comunidad exponen un problema y entre los actores y el público tratan de resolverlo). "Yo veía de pequeña Caperucita y el Lobo, y siempre me preguntaba, ¿por qué no pueden resolverlo entre ella y la abuela, y tienen que llamar al leñador? Que son dos contra uno". Esa conciencia de que la mujer no tiene que ser salvada por el macho dominante que acude raudo a ayudar a la pobre y despavorida mujer en peligro es la que le ha servido, aunque de forma inconsciente, explica Miranda, para que todos sus personajes principales fuesen interpretados por mujeres. "No ha sido una cosa premeditada, simplemente me ha salido de la patata", asegura.

Algo parecido pasa con las mujeres que se dedican a la producción. Cuando Concha Bustos empezó, explica, era de las primeras mujeres en gestionar compañías. "No me tomaban en serio y me decían que avisase a mi papá. Yo les aseguraba que iban a tener, quieran o no, que negociar conmigo. Hoy en día hay muchas mujeres que asumen este rol y creo que es porque nosotras además, tenemos ese papel maternal que gusta a los actores, en definitiva estamos gobernadas por un mundo de hombres".

En lo que todas coinciderion fue en que una actriz no puede quedarse sentada en casa esperando a que este cambio de mentalidad se produzca y por arte de magia de la noche a la mañana los dramaturgos se pongan a escribir papeles para las mujeres. "Nosotros alentamos en nuestra escuela a la autoproducción", explica Cristina Rota, "a que monten sus propios espectáculos y que no esperen la llamada. Las mujeres tienen que ser emprendedoras. Tenemos que ser fundadoras de ideas". Y con esta reflexión, y algunos apuntes del público, finalizó un coloquio para meditar cuya consecuencia lógica será la de realizar, quizás, una segunda parte orientada a un careo entre dramaturgos masculinos y femeninos. Mientras llega esa parte de la historia, queda mucho todavía por cambiar para que la igualdad también se suba a las tablas.