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El mundo infinito de Giverny

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Monet creó un microcosmos en su jardín de Giverny que le valió de motivo para simbolizar la esencia de la naturaleza. Se retiró del mundo e hizo un paraíso a su medida. Un plan maestro para pintarse a sí mismo, al que se entregó durante los sus últimos 40 años de vida.

Atracción

'En Givern,y encontró nada más llegar a aquella huerta una atracción tal que se dedicó de inmediato a plantar flores para tener material para sus paisajes. Desde finales de los años 1890, el jardín se convirtió en su único objetivo. Y terminó comprando terrenos adyacentes para crear su estanque de nenúfares, con puente japonés, al desviar un afluente del río Epte', cuenta la comisaria de la muestra Clare Willsdon.

Entrega

En 1915 escribe en una carta sobre su proyecto, la 'gran decoración': 'Es una cosa monumental que he emprendido, sobre todo a mi edad [once años antes de su muerte y con una severa ceguera], pero que no pierdo la esperanza de terminar si conservo la salud. Se trata de aquel proyecto: agua, nenúfares, plantas, pero sobre todo una gran superficie'.

Esmero

Monet le escribe a su jardinero en febrero de 1900: 'Del 15 al 25, poner las dalias en floración sobre un lecho; desquejar antes de mi vuelta las que salgan. Tener en cuenta los bulbos de los lirios. Si las peonías de Japón llegan, plantarlas enseguida si el tiempo lo permite, teniendo cuidado de proteger los brotes durante los primeros días tanto del frío como del calor del sol'.

Japonés

'En Giverny, Monet plantó muchas flores de Japón, incluyendo un tipo de lirio. Incluso buscó el consejo de un jardinero japonés. Su laguna probablemente fue una copia de uno de las estampas japonesas que guardaba. Sin embargo, la influencia de Japón es más evidente en las pinturas que en los jardines de los impresionistas', explica Willsdon.

Premeditado

'Los reiterados testimonios del pintor nos permiten poner en duda todas las ideas sobre la supuesta espontaneidad de su pintura, al comprobar que no daba nada por terminado hasta haber logrado plasmar satisfactoriamente su idea inicial', explica Paloma Alarcó, conservadora del Museo Thyssen-Bornemisza y Jefe del Área de Pintura Moderna, en el prólogo del libro que reúne la selección de la correspondencia que mantuvo Monet.

Puntilloso

Claude Monet regaló a Francia en 1918 para celebrar la victoria francesa en la Primera Guerra Mundial los 18 grandes paneles de la gran serie ‘Nenúfares', su trabajo más famoso y reconocible. Las obras se instalaron en el Museo Orangerie, que el propio pintor diseñó para que fueran colocados en dos plantas ovales. De esta forma, Monet obligaba al espectador a deambular por un jardín, por el suyo, y por sus interiores.  

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