Publicado: 13.11.2014 17:46 |Actualizado: 13.11.2014 17:46

El mundo que se observa desde la última fila

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El Teatro del Barrio se convierte todos los jueves del mes de noviembre en un enorme aula en la que se hace realidad una de las obras del reputado dramaturgo Juan Mayorga. En esta ocasión, el espacio acoge El chico de la última fila, de cuyo montaje se encarga la compañía La Fila de al Lado bajo la dirección del joven Víctor Velasco. Una historia compleja que se adentra en las relaciones entre un profesor y un alumno muy especial. Una obra que el director de cine francés François Ozon adaptó en su fascinante película En la casa.

En El chico de la última fila, Germán, un profesor de bachillerato de Lengua y Literatura, corrige las redacciones escritas por sus alumnos bajo el título 'Mi pasado fin de semana'. Cada redacción le parece peor que la anterior. Hasta que llega a sus manos la firmada por Claudio, ese chico silencioso que se sienta en la última fila... A partir de ahí arranca la acción de la obra "sobre maestros y discípulos; sobre padres e hijos; sobre personas que ya han visto demasiado y personas que están aprendiendo a mirar... Una obra sobre los que eligen la última fila: aquella desde la que se ve todas las demás", como explica el propio Mayorga.

Precisamente, la obra parte de una experiencia autobiográfica del propio Mayorga cuando daba clases de Matemáticas: "Yo daba clase en el nocturno en el Ramiro de Maetzu y este chico en un examen me escribió 'Juan no he podido contestarte porque no he estudiado pero me está yendo muy bien como tenista, he ganado un torneo este fin de semana, lo puedes ver en el Marca, pronto voy a ser un campeón y tú y yo vamos a ir a celebrarlo'". Obviamente, Mayorga no pudo aprobarle pero sí vio rápidamente una historia detrás de aquella explicación.

El texto de Mayorga es plasmado con maestría y velocidad narrativa por uno de los talentos en la dirección teatral española, Víctor Velasco, que juega con múltiples planos y logra transportar al espectador a distintos escenarios imaginarios desde el simple escenario compuesto por una gran mesa verde de colegio con las típicas sillas alrededor. En torno a ella transcurre todo el hilo narrativo, que a veces nos lleva a la del profesor, la del amigo, la galería o a la escuela. Los personajes son los que marcan las transiciones y los juegos de luces marcan los diferentes ambientes. Velasco explica, sobre la puesta en escena, que "la obra planteaba un problema escénico grande y es que son muchos espacios. Y decidimos por falta de medios y por una decisión artística que se tratara de un espacio único como si fueran diferentes espacios y así poder jugar con esa magia que tiene el teatro".