Publicado: 15.05.2014 10:48 |Actualizado: 15.05.2014 10:48

El mundo onírico de 'Le voci di dentro' recala en los teatros del Canal

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Se dice que Eduardo de Filippo (Nápoles, 1900- Roma, 1984) escribió la comedia ácida Le voci di dentro en una semana para ser representada en el teatro Nuovo di Milano, en 1948. La fugacidad con la que realizó el texto respondía a la necesidad de cumplir con un encargo del propio coliseo, lo que le llevó a concluir un trabajo brillante, pero con algunas incoherencias y lagunas. Toni Servillo (Afragola, 1959), actor y director de la versión que se representa hasta el próximo domingo en la sala roja de los teatros del Canal (todas las entradas están agotadas) bajo el marco del festival de Otoño a Primavera de la Comunidad de Madrid, opina que esto puede ser una ventaja, ya que de esta forma la función tiene un carácter casi de improvisación.

Esta observación la hizo este miércoles en un encuentro que ofreció en el salón de actos de los teatros del Canal con público y periodistas. Al coloquio se dejaron ver directores y actores españoles como Mario Gas, Rossy de Palma, Aitana Sánchez Gijón e Irene Escolar, entre otros. Bajo la tutela de David Trueba, que además de anfitrión ejerció de entrevistador, el actor italiano, que llega a nuestro país con el Oscar a la mejor película extranjera bajo el brazo por su participación en La gran belleza, de Paolo Sorrentino, respondió a las preguntas del respetable al tiempo que manipulaba un puro apagado con la misma destreza que un director de orquesta su batuta.

Cuando Servillo reflexiona sobre teatro da la sensación de que cuando actúa es él quien observa al público y no al revés. Intérprete autodidacta, curtido en las artes escénicas casi desde siempre formó su compañía, teatro Uniti, en Nápoles en 1987, se define a sí mismo como un estudioso de la condición humana: "Las artes escénicas, desde los años 70, siguen siendo la oportunidad de reflexionar con otros compañeros sobre el oficio de la actuación".

El primer contacto que tuvo con las obras de Fililipo, recuerda Servillo, fue en las navidades que pasaba con sus padres en su infancia. "A veces nos quedábamos dormidos viendo las obras en la televisión. En los personajes de Fillipo había madres que se encontraban al borde de una crisis nerviosa y padres neuróticos. Yo entonces miraba atrás y veía a mi familia y me sentía identificado: fue la primera vez que viví una brecha entre la realidad y la ficción".

Es precisamente esa brecha entre ambos mundos la que transciende en Le voci di dentro. El texto es un homenaje al mundo onírico representado en la figura de Alberto Saporito, que un día sueña que sus vecinos matan a su amigo Aniello Cutre. Parecía tan real que finalmente terminó por creer que había sucedido. Los acontecimientos siguientes llegan de la decisión de Saporito, que vive con su hermano Carlos y su tío Nicolás, de ir a la comisaría a poner una denuncia. Con esta trama, que recuerda en lo surrealista a las novelas de Kafka, Fillipo nos introduce en el Neorealismo italiano de postguerra.

En la versión de Servillo, que dura media hora menos que la original y que ya ha sido representada 240 veces en ciudades como Chicago, Roma, París o San Peterbusgo, entre los 14 actores que forman el elenco se encuentra su hermano Peppe Servillo, cantante de un famoso grupo de música llamado Avion Travel. Aunque ha tenido algunos papeles en largometrajes, ésta es la primera vez que interpreta la prosa sobre los escenarios. La idea de que su hermano, en la realidad, lo fuese también en la ficción se debe, asegura, a que "para el público puede resultar bastante más atractivo ver cómo la vida real tiene que ver con lo que se está representando en escena".

Para el actor italiano, lo suyo, en el fondo, es un oficio dedicado al flujo de energía: "Creo que esta se gasta entre el público y los actores. En escena todos son conscientes de este desgaste. Yo soy consecuente de que hago mi trabajo desgastándome y que cuando haya terminado, se acabó". Esta es la principal diferencia, asegura Servillo, con el largometraje: "El cine nos sobrevive. Yo tengo la impresión de que Spencer Tracy sigue vivo. Pero en el teatro con la muerte, desapareces". Si bien el desgaste es inevitable, explica, también que se hace más llevadero cuando el trabajo se ejecuta con "pasión" y "obstinación": "A través de la expresión de la felicidad le decimos al público la importancia del texto". Esa felicidad de la que Servillo habla ya le viene dada desde pequeño. "Una de las cualidades de los napolitanos", asegura, "es la de encontrar una sonrisa hasta en los momentos más dramáticos". Algo especialmente significativo si se analizan las obras de Fillipo, donde comedia y tragedia se entrelazan con la misma intensidad que realidad y ficción.

El actor también ha hablado de sus influencias españolas, de quien ha destacado al cantaor Camarón de la Isla y al director manchego Pedro Almódovar. "Hay tres o cuatro películas de Almodóvar que son las más hermosas de mi vida", ha asegurado. Además, en su infancia ocupó un espacio especial el poeta de Granada Federico García Lorca, quien ha comparado con un "amor de juventud". Esta fascinación por la cultura española le llevó a dirigir Guernica en 1985. "En una de mis visitas a España había visto el famoso cuadro y me había imaginado una idea de un chico que se queda encerrado en el museo y le impresiona tanto el lienzo que quería meterse dentro".

Servillo, además de actor y director, es un intelectual que reflexiona sobre los batiburrillos de las artes escénicas. Se considera un actor de teatro, ante todo, ya que es en ese medio donde puede elaborar un proceso de investigación sobre las emociones humanas. "He hecho pocas películas porque fundamentalmente hago cine con directores con los que creo que puedo tener un diálogo intelectual", asegura.

Por otra parte, la relación que cree que tienen los actores con el público en el cine se limita a lo onírico, en el teatro, además hay que añadir el método, lo que convierte la experiencia en más compleja y completa. Servillo es un animal de la actuación que estos días se pasea por el escenario de los teatros del Canal con la seguridad, en todas sus funciones, de un lleno absoluto. Un imprescindible de la programación madrileña de este año que muchos seguro sentirán haberse perdido.