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Murakami también teme al Gran Hermano

Hoy llega a las librerías '1Q84', la última novela del japonés

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Haruki Murakami nació en 1949, el mismo año en que George Orwell publicaba su novela 1984, que entre otras cosas ha pasado a la posteridad por adelantarse a conceptos propios de la sociedad actual, como la paranoia al Gran Hermano que-todo-lo-vigila, la confusión entre información y propaganda propia de los estados totalitarios, la reescritura del pasado para adueñarse del presente y la manipulación de las palabras y su significado en el lenguaje político. Jugando con los números y las fechas, Orwell, que escribió la mayor parte de la novela en 1948, le dio una vuelta a los dos últimos dígitos para dar con el año en que se desarrollaba su distopía, resumible en citas como esta: 'Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido'.

En otro baile de caracteres, Murakami ha titulado su última novela que sale hoy a la venta, 1Q84, jugando en este caso con los sonidos: en japonés, la letra Q y el número 9 se pronuncian de la misma manera. El juego de espejos está servido: 'Orwell escribió su novela 1984 en 1949, y en ella imaginó el futuro. Ahora 1984 es el pasado. Por eso, en 1Q84 yo recreo el pasado y me imagino cómo podría haber sido nuestra Historia', dice Murakami sobre la novela, publicada en España por Tusquets.

«En 1Q84' recreo el pasado; cómo podría haber sido nuestra Historia»

El japonés se vale de nuevo de dos personajes principales para levantar un escenario que recuerda al presente y al pasado y también al futuro que nunca llegó a ser pero que fue imaginado por otros escritores, con ecos musicales y a la cultura popular, que tiene algo de onírico y fantástico pero también mucho de real y de cotidianidad, y donde las reflexiones superficiales se cruzan con otras de mayor calado, como el aislamiento individual, la sociedad alienada, el trabajo, el sexo, el fanatismo religioso o la labor del escritor.

Y todo con una coartada estética: 1Q84 está dividida en dos partes de veinticuatro capítulos cada uno (la primera abarca de abril a junio de 1987; la segunda de julio a septiembre), siguiendo El clave bien temperado de Bach. 'Imagino que el teclado del ordenador es como un piano e improviso sobre él; escribo mis novelas como si interpretara un instrumento. Supongo que la buena escritura se asemeja a la buena música: ambas han de generar placer, entretener y actuar como un bálsamo que eleve el espíritu', dice el autor.

El autor trata temas como el aislamiento individual y el fanatismo religioso

A un lado está Aomame, que ronda los 30, dueña de una belleza irregular, a la que Murakami describe, en homenaje a Chandler, como 'un insecto ingeniosamente mimetizado. Cambiar de color y forma para llamar la atención lo menos posible'. Al otro, Tengo, profesor de matemáticas de la misma edad, con la constitución de un luchador de judo' y la mirada de un campesino madrugador'. Ambos esconden una segunda vida. Aomame es una asesina capaz de matar a sus víctimas como una araña, en silencio, sin rastro, clavándoles en el cuello su aguijón. Y Tengo es en la intimidad un escritor que nunca ha publicado y que hace horas leyendo novelas amateur para un editor sin moral.

De fondo se levanta un Japón cuyas viviendas han orientado sus balcones a las autopistas, en el que los informativos dan cuenta de 'la guerra sangrienta' entre Irán e Irak mientras EEUU y la URSS colaboran en una base de observación en la Luna y donde los procesadores de texto son lo último en tecnología. Y más al fondo aún, en un mundo subterráneo, se mueve el equivalente al Gran Hermano orwelliano: la Little People de Murakami, pequeños seres 'que viven escondidos y nos hacen cosas oscuras y misteriosas'.

En Japón, 1Q84 fue el libro más vendido en 2009. Como en Occidente ahora, había ganas de Murakami, cuya última obra, After Dark, era una novela corta. Y como 1984, aspira a no ser sólo ciencia-ficción: 'No me gusta. En las películas de ciencia-ficción, el mundo es oscuro, llueve sin cesar y la gente lleva una vestimenta ridícula'.