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'Ná en la nevera' también la cantan los belgas, donde los Ojos de Brujo encontraron el paraíso de los músicos

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Llegamos a Floreffe el típico día belga. Lluvioso y gris. Yo sólo lo conocía por la cerveza, pero lo que nos encontramos fue una antigua abadía que acogía el Festival de Músicas del Mundo Esperanzah de Bélgica. Nos unimos allí a grupos africanos, franceses, holandeses, belgas, españoles...

El pueblo-convento estaba ocupado por una mezcla generacional y racial muy diversa. Siempre que vamos por esos países se disfruta mucho de esta integración, pudimos ver desde niños de 5 años hasta abueletes.

'Cuando entramos en el camerino no podíamos creérnoslo. Había dos mesas de ping-pong. Es como si supieran lo de nuestra adicción'

¡Qué hambre! Llegábamos de un concierto el día anterior y estábamos hambrientos. Los de la organización nos sorprendieron con unos tickets que podíamos usar a modo de dinero en unos puestos de comida senegalesa, tailandesa, una fusión de comidas del mundo. Una auténtica pasada. Pero las sorpresas no parecían acabar ahí. Cuando entramos en el camerino (que formaba parte de la abadía central, unas columnas y unos techos altísimos...) no podíamos creérnoslo. Había dos mesas de ping-pong. Es como si supieran lo de nuestra adicción. En el estudio de Barcelona tenemos una mesa y estamos tan picados que hasta apostamos dinero... ¡de fiebre!

Así que le dimos caña para calentar antes del concierto. Mientras, Marina y la bailaora se refugiaron en su mundo femenino para hacer su ritual previo: una hora vistiéndose, maquillándose... Los chicos somos más chicos y sea con la botella de ron, el ping-pong, o charlando, nuestro rato antes del concierto es diferente.

Salimos al escenario en la plaza, ellas estaban perfectas y nosotros sudados perdidos. Entre el público entregado algún niño bosteza. Raperos, abuelos con melena, jóvenes, los niños que no se dormían bailaban... Era un auténtico cuadro. Tocamos canciones del último disco, Aocaná, y otras antiguas. La gente cuando oye los primeros acordes de Ventilador R 80 o Ná en la nevera se entusiasma más que con las nuevas, porque saben la letra y la conexión es diferente. Hora y media después íbamos camino del hotel. El concierto había salido redondo.

En general, las cosas no son tan fáciles como en Floreffe. En el pasado Viñarock siempre nos pasa algo en este festival, ¿seremos gafes? tuvimos que hacer medio concierto sin Marina. Ella estaba enferma y llegaba tarde al concierto. En el camino, vomitos y mareos. Paradas. Sirenas, la policía (iban a más de 180 km/h). Seis puntos menos. Obviamente, no llegó a tiempo. El concierto comenzó con nuestras disculpas y explicaciones pertinentes. Lo hicimos muy instrumental y yo intentando cantar. Sin previo aviso Marina saltó al escenario y el público sintió y nos dio también a nosotros un subidón bestial. Aunque estaba malísima no sé de dónde sacó las fuerzas hizo uno de los mejores conciertos de todo el año.

Desde febrero llevamos con esta gira loquísima que nos ha llevado por Australia, Hong Kong, Brasil, Colombia, toda Europa. Julio ha sido una locura, con 12 conciertos, y ya toca ir relajándose un poco... para rematar el disco del décimo aniversario, que saldrá el próximo noviembre.