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"Nadie se salvó de la influencia de ‘Akira’"

El dibujante Man ha sido testigo de la repercusión que ha tenido la obra de Katsuhiro Otomo en los artistas de su generación

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Manel Carot (Man) es el autor del cómic Saltando al vacío (Glénat) y finalista, por segundo año consecutivo, del Premio Internacional de Manga organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón para dibujantes extranjeros. Este joven artista, que busca mostrar la 'emoción' en las historias a través de 'personajes de verdad', nació en 1976 en Mollet del Vallés (Barcelona) y fue testigo directo de la repercusión que tuvo el lanzamiento de Akira.

¿Cómo te ha influido la obra de Katsuhiro Otomo?

La película me impactó mucho más que el manga, que me parece frío y, a veces, enrevesado. Recuerdo que cuando fui a verla a una sesión en la que había muchas familias con niños y se fueron del cine, y me marcó porque era la primera película de dibujos para adultos. Creo que a toda nuestra generación nos ha influido y que nadie se salvó de la influencia de Akira.

¿Qué destacarías de la película?

Me interesó mucho la crítica social y el trasfondo, porque la película tiene muchas tramas secundarias. Además, le da importancia desde el primero, hasta el tercer plano de la animación. Están pasando cosas en cada una de las capas y en casi todas las escenas los personajes interactúan y todos y cada uno de ellos tiene una expresión. Eso es algo que ni siquiera ahora se suele hacer.

¿Qué es lo que más te interesa del trabajo de Otomo?

Es de los dibujantes más completos. Tiene unos personajes que no quiere que sean reales, que se nota que son suyos, donde prima la expresividad, el carisma y el carácter frente al realismo. Sin embargo, usa un fondo que es absolutamente realista, como las máquinas y los edificios. Creo que eso está muy bien, porque sería absurdo hacer unos protagonistas reales con un fondo absolutamente real, porque entonces sería una fotonovela.

¿Qué opinas de la banda sonora?

Es una de mis favoritas. Tiene tanto cantos de monjes budistas, como música tradicional y otra muy moderna para su momento. Está claro que quisieron hace un hito con esta película, porque todo está muy pensado.

¿Crees que ahora mismo esta historia sigue un punto de referencia?

El problema es que ahora mismo hay demasiada oferta y a la gente le cuesta recuperar las cosas antiguas, aunque es una de las películas que mejor aguanta el paso del tiempo y está entre las diez mejores películas de animación que hay.

¿Qué otras obras te han marcado especialmente?

Me acerqué al mundo del cómic con Superlópez pero después, al ir al quiosco me encontré con el cómic americano y con Bola de Dragón. Me he inspirado en Rumiko Takahashi, Naruto, o el trabajo de ilustradores como Range Murata. Del manga me atrae que ellos no lo consideran como una obra de arte, como sucede como el cómic europeo, sino como un producto de consumo que a cuanta más gente le llegue, mejor.

¿Qué diferencia a los autores japoneses de los americanos?

Creo que es la empatía que el manga logra con los lectores. Los japoneses tienen muchísima capacidad de trabajo, saben sintetizar mucho, sacan muchos tomos semanales y aunque el dibujo es menos detallado, sus historias tienen más páginas y, si son buenas, te enganchan. Además, en las grandes empresas americanas, hay muchos dibujantes para hacer las historias sobre un mismo personaje, mientras que los japoneses, en la mayoría de los casos, un solo dibujante hace el guión y dibuja el cómic. Los japoneses son más autores, lo crean todo.

¿Defines tu trabajo como manga?

El manga es el cómic que se hace en Japón, y dentro de él hay muchos géneros. Yo hago tebeos influidos por el manga.