Publicado: 26.08.2016 08:16 |Actualizado: 13.09.2016 09:29

‘Narcos’ desdibuja en su regreso
la borrosa línea entre buenos y malos

La segunda temporada de ‘Narcos’ recorre los últimos meses de un Pablo Escobar acorralado por la DEA y sus rivales, traicionado por sus antiguos socios y alejado de su familia. Los diez capítulos que componen la nueva tanda se estrenarán el próximo 2 de septiembre en Netflix.

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Un fotograma de la segunda temporada de 'Narcos'.

Un fotograma de la segunda temporada de 'Narcos'.

Advertencia: Este texto contiene spoilers.

MADRID.- Narcos se convirtió en todo un fenómeno con la misma rapidez con la que se propagan las opiniones (sean estas positivas o negativas) a través de las redes sociales. Lo era antes de su estreno y más aún con la llegada de la segunda temporada (a partir del 2 de septiembre). La primera entrega de la serie creada por Chris Brancato, Eric Newman y Carlo Bernard era un claro ejemplo de lo que Netflix quiere para sus series originales: buenos guiones con un reparto potente y un alto componente adictivo. No siempre lo consigue y ahí está Marseille como ejemplo. De eso, de las tres cosas (guiones, reparto y adicción), Narcos tiene a manos llenas con sus altos y sus bajos. A medio camino entre la ficción y la realidad, es posible que a la trama le costase algo arrancar de inicio, pero una vez echaba a rodar, no había quien la frenase. Adrenalina pura. La problemática de los acentos, una vez superada, se asimila y deja de chirriar. Eso si se ve en VO o VOSE, claro.

La primera temporada se llevó el aplauso de la crítica y acabó en alto, con Escobar escapando de La Catedral, aquella prisión que él mismo se construyó y que más que un centro penitenciario parecía un resort de cinco estrellas. Miles de agentes y soldados cercándole, helicópteros sobrevolando la zona y la cabeza más visible del temido y poderoso cartel de Medellín logró escapar. ¿Cómo? Eso es algo que se desvelará al espectador en el primer episodio de una segunda temporada que supera en ritmo y adicción a la primera. Principalmente porque la acción, muy presente en la anterior tanda de capítulos, se duplica aquí. Por eso y porque el arco de los personajes evoluciona hasta tales niveles que convierte al trío formado por Escobar, Murphy y Peña en uno de los más interesantes del año con añadidos como Carrillo, Tata (la mujer de Escobar) y alguna de las incorporaciones de la temporada.



La exitosa fuga del narco ha supuesto un nuevo puñetazo en el estómago de la DEA y del Gobierno colombiano, que se sienten burlados, ridiculizados, frustrados… Su lucha es un callejón sin salida. Una y otra vez se dan contra los mismo muros, el poder del capo y la fidelidad de la gente que le rodea. Ante un panorama así, los supuestos ‘buenos’ de esta historia empiezan a cuestionarse si los métodos que usan son los más apropiados. No es que antes fuesen unos santos, por así decirlo, pero la cosa va a cambiar. Y ahí es donde empieza lo interesante de esta segunda temporada compuesta de diez episodios que estará disponibles en Netflix a partir del día 2 de septiembre y que los medios ya hemos podido ver.

El antes y el después de ‘Narcos’

El antes y el después para todos lo marca La Catedral. Para el evadido, pero también para los cazadores. El primero verá cómo se recrudecen las medidas contra él, cómo sus otrora aliados creyéndolo ahora más débil intentarán sacar una mayor tajada del mercado y sus perseguidores (la mayoría de ellos) se saltarán los límites de la legalidad para darle caza mientras que él, ironías del personaje, reclama a golpe de pistola y bomba que tiene los mismos derechos que cualquier colombiano al mismo tiempo que ve desmoronarse su imperio y su poder se ve reducido a la mínima expresión. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar cada uno? A esa pregunta responden continuamente los personajes situados al otro lado de la línea, en el que se colocan políticos, fiscales y agentes. Desde el presidente Gaviria (Raúl Méndez), que se ha visto burlado una vez más por Escobar, hasta el último agente anónimo del Bloque de búsqueda cansado de que su presa siempre salga airosa de cada cerco. El narco no se hace esa pregunta, tiene claro desde el inicio hasta dónde está dispuesto a llegar.

Esa lucha por darle caza, esa persecución incansable hasta el punto de poner vida y principios en riesgo por actuar cuanto antes se ve personalizada en Murphy (Boyd Holbrook) y Peña (Pedro Pascal). Si Escobar es la cabeza visible de los narcos, ellos lo son del otro lado, los perseguidores. Compañeros de trabajo en la DEA y amigos, en esta segunda temporada sufrirán una evolución que quizá se echaba de menos en la pasada. Ambos se dejarán seducir por el otro lado (uno en mayor medida que el otro) y darán por válidos métodos poco ortodoxos y nada legales con tal de cumplir la que se ha convertido más en una obsesión que en una misión: acabar con Escobar. Si bien Murphy sigue siendo el narrador, Peña quien toma mayor protagonismo por sus decisiones a la desesperada y fruto de la frustración en una serie que tiene en él uno de los mejores personajes y en Pedro Pascal uno de los grandes acierto del casting.

Hacía dónde camina Narcos es evidente. Lo ha dicho uno de sus protagonistas, Wagner Moura, lo han hecho público durante la promoción desde Netflix y, además, es historia reciente. Si la primera temporada abarcó años del ascenso de Escobar y el cartel de Medellín, ahora se dedican diez episodios a su caída y final, precipitados ambos en unos pocos meses tras escapar de la prisión a la carta en la que se encontraba. Quizá dé la sensación de estar un poco estirado el material hacia el desenlace, que se podría haber contado lo mismo en ocho episodios y no alterar así el ritmo. Es en los capítulos ocho y nueve, mucho más pausados e intimistas incluso, cuando se echa algo de acción en falta. Puede que la situación lo requiriese y la interpretación de Wagner Moura en ambas facetas es notable. El retrato que hace de ese narcotraficante henchido de poder y dinero, que se cree por encima del bien y del mal que ababa solo, empobrecido y acorralado será recordado.

Narcos no deja de ser una serie con mucha acción y adrenalina, persecuciones por tierra, aire y tejados que se mantienen fiel a su estilo narrativo proporcionando al espectador lo que le enganchó en la primera temporada y completando el arco interpretativo y dramático de sus personajes. Escobar sigue siendo el enemigo, el malo de la historia, pero algunos de los agentes de la DEA y del Bloque de Búsqueda creado para acabar con él cansados de perder siempre no solo están dispuestos a cruzar la línea, sino que lo hacen. ¿En qué les convierte eso? Ellos mismos se lo preguntan. Escobar se lo pregunta. Y el espectador también lo hará. Eso y ¿quién mató a Pablo Escobar? Hay una versión oficial y muchas teorías al respecto. La serie elige de entre todas la que quiere contar y, como bien decía Moura en una entrevista, Narcos no tiene porqué terminar con Escobar porque el narcotráfico da para muchas temporadas.