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La niña grande se hace comercial

La diseñadora presumió ayer en Cibeles de una colección 2para todos los públicos"

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Al entrar en el backstage de Ágatha Ruiz de la Prada en Cibeles Madrid Fashion Week, y a nadie le extrañará, se siente lo mismo que cuando llegas con ganas de un chute de azúcar a una tienda de golosinas. El color es muy necesario y más si se trata de presentar la colección de primavera-verano. Ella en eso no defrauda. Con los corazones como bandera, la diseñadora madrileña sube a la pasarela sus divertidas propuestas, que este año son mucho menos arriesgadas. 'Es una colección muy típica mía, pero también la que más pretensión tiene de ser comercial de todas las que he hecho', dijo a Público una hora antes del desfile. Y no le da miedo, porque busca una sola cosa: que la gente diga: 'Esto me lo pondría'.

Y lo ha conseguido. Salvo excepciones, la mayoría de los 55 looks que ayer pudieron verse en Cibeles eran ponibles. Mini vestidos, rebecas, pantalones piratas, bikinis, etc. aptos para todos los públicos. Porque ella considera que 'hay gente a la que le gusta' su ropa y 'mucha otra a la que no'. La clave cree que es un estigma que la acompaña desde que llegó a este negocio (hace ya 30 años): 'La imagen que di al principio era muy fuerte y hay gente a la que no se le ha olvidado'. Admite que 'no hay forma' de quitarse esa fama de loca, aunque a la vez, cuando recuerda sus desfiles de los ochenta, no puede evitar emocionarse con aquella etapa divertida y desenfadada en la que nada importaba. 'Te vas haciendo mayor y te vuelves más comercial', reconoce. Es una cuestión de imagen y comunicación. En concreto, Ruiz de la Prada ahora está en un momento en el que quiere ser 'súper comercial', aunque (desgraciadamente) para ello tenga que esconder en el estudio sus diseños más 'divertidos' o complejos.

La crisis es parte de esta decisión, aunque como buena 'niña mala de Cibeles', también adora las contradicciones y puede que un día piense eso de 'total, para no vender, hago lo que me dé la gana'. Por el momento, ha dicho sí a producir diseños más mainstream. Puede que Agatha pase por el aro gracias la cantidad de proyectos en diferentes campos artísticos en los que descarga su vena creativa: bodas, el metro de Medellín, un barrio portugués... Eso sí, haga lo que haga, lo 'agathiza'. ¿Cómo puede llegar a convertirse en un verbo, agathizar? 'Es por tantos años de trabajo en la moda y en otras disciplinas', responde. Un estilo reconocible a kilómetros de distancia puede ser también el culpable. Ruiz de la Prada dice que su estilo es 'muy libre', relacionado con el arte contemporáneo y con mucha influencia del color y de sus emociones. 'Nadie hace trajes más libres que yo en España', recalca.

Colores, corazones, estrellas, nubes. Todo agathizado. ¿Le queda aún capacidad de sorpresa? 'Siempre queda, pero lo importante es sobre todo que mi producto sea coherente, y lo es', explica. Entonces parece impensable ver una colección de Ágatha Ruiz de la Prada oscura. O puede que no. 'He pensado en hacerla alguna vez, como truco para ver si me descubrían, pero luego no me atrevo porque me pondría muy triste', admite la diseñadora. Aquella joven que le dio a la moda española el color que según ella necesitaba, cree que se está convirtiendo en un 'clásico'.