Publicado: 16.07.2014 07:51 |Actualizado: 16.07.2014 07:51

El niño que Mayorga lleva dentro

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Picasso dijo que le llevó toda una vida aprender a dibujar como un niño. Juan Mayorga reflexiona sobre esta frase mientras pasea por el parque infantil que hay en la plaza del Conde del Valle de Súchil, en el barrio de Argüelles. Allí se crió, y mientras posa para las fotografías de esta entrevista señala un punto del enclave y describe cómo cuando era un joven infante esquivaba los antiguos arbustos mientras empujaba su pelota en los frecuentes partidos de fútbol que improvisaba con sus amigos. Parece un lugar apropiado para hablar de su primera incursión dentro del universo escénico infantil, ya que este 13 de septiembre se estrena El elefante ha ocupado la catedral en el teatro Paco Rabal, en Madrid. Una obra de teatro ideada para ser representada por niños que ahora da el salto al circuito profesional de la mano del director Juanfra Rodríguez, ganador de un premio MAX al mejor montaje infantil en 2001.

La historia de este infantil, explica Mayorga, se remonta a hace un par de años. Cuando su hijo mayor empezó a estudiar piano, su amigo Pedro Sarmientos le propuso un intercambio: El dramaturgo escribía un infantil para ser representado por los niños de una comunidad de vecinos y a cambio él le prestaba un piano para que su retoño ensayase. Dicho y hecho. "Yo ya tenía ganas de escribir un infantil desde hace mucho tiempo y me preocupaba que mis hijos se hicieran mayores sin disfrutarlo. Pero nunca llegaba el momento, me daba pena", relata.

Finalmente, el momento llegó y no solo sus hijos pudieron disfrutar de la imaginación de su padre, además dos de ellos se atrevieron a protagonizarla. Desde entonces, la función se ha representado en algunos colegios, pero siempre por niños. "Cuando la escribí, pensé que en algún momento podría ser representada por actores adultos, y estoy contento de que llegue ese momento", asegura.

Después de dar el salto del papel a la escena le vino una nueva transformación. "Gracias a otro amigo, Paco Martínez, la obra cayó en manos del ilustrador Daniel Montero Galán. A mí me parece un dibujante genial y no dudé en dejarlo en sus manos. Gracias a la editorial 27 Letritas se consiguió un libro muy bello. Me parece increíble que mi pequeña imaginación haya servido para excitar la de otro creador", asegura Mayorga. Y es cierto, ya que la cadena de personajes que, de una forma u otra, tienen que ver con el devenir de la historia han aportado, además del empuje creativo, una visión particular en su propia disciplina. Sarmientos, además de proponer el proyecto también colaboró aportando sus conocimientos musicales y se encargó de crear la melodía. Ahora es el turno de Rodríguez, quien tiene la misión de aunar todas las disciplinas (ilustración, música y dramaturgia) para crear una propuesta continuista en calidad.

"De pronto hay bromas que los espectadores van a aceptar como humor surrealista"En el texto, explica Mayorga, aunque va dirigido a un público infantil, hay expresiones que a los niños puede resultarles extrañas. "De pronto hay bromas que los espectadores van a aceptar como humor surrealista. Como la del sacristán que vende mapas a los turistas. En un momento usa la expresión este dinero es soviético. Probablemente a los niños les va a resultar una expresión más o menos graciosa, pero no creo que lo entiendan y a los adultos les va a parecer un poco pintoresco".

La predisposición del respetable a la hora de asimilar un infantil es distinta a la que tiene cuando va a ver una función para adultos, y ya si el texto es de Mayorga, a veces es incluso aconsejable tener algunas nociones sobre filósofos como Kant. "El elefante ha ocupado la catedral requiere, probablemente haber leído mucho menos pero sí haber sido mucho más hospitalario en la imaginación y ser más audaz", explica Mayorga.

Lo que más le ha gustado al dramaturgo madrileño al escribir El elefante ha ocupado la catedral ha sido la idea de crear un conflicto y que toda la ciudad se tenga que volcar para solucionarlo. Una utopía, si se quiere hacer un símil con el mundo real, pero algo factible en el mundo de la imaginación. El conflicto se presenta por la noche, cuando descubren a un elefante encerrado en la catedral. Es un desastre, ya que al día siguiente vienen los turistas noruegos y la imagen de la ciudad está en juego. Para solucionar el embrollo, la alcaldesa llama a un fontanero a punto de jubilarse que tiene como ayudante a una joven aprendiz.

El elenco está formado por jóvenes actores: Cristina Gallego, Víctor Antona, Benito Jiménez, María Moral y Carlos Fierro. Para dar vida a estos personajes los intérpretes han creado una campaña de crowdfunding para recaudar dinero  y pagar la escenografía y el vestuario. Si quieres participar entra en la página de verkami.com y escribe en el buscador el nombre de la obra.

Y es que hoy no se libra ni una obra, aunque sea de Mayorga, de la necesidad de encontrar dinero para financiar un proyecto teatral. Mucho menos si se trata de un infantil, un género que la mayoría considera menor frente al teatro para adultos. "Ha habido iniciativas en teatros públicos lo largo de la historia. Recuerdo una versión infantil de El círculo de riza caucasiano, de Bertolt Brecht firmado por Alfonso Sastre que recurrentemente apareció en el teatro Español. También ha habido espectáculos estupendos de la compañía Uroc, de Olga Margallo y la versión de El Quijote de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Ron Lalá que me parece muy interesante".

"El público pequeño es extraordinariamente sincero. No engaña. Con los niños uno no puede negociar"Pese al esfuerzo que supone sacar adelante este tipo de espectáculos se sigue intentando y Mayorga avisa de que escribir otro infantil está dentro de sus planes. "El público pequeño es extraordinariamente sincero. No engaña. Con los niños uno no puede negociar", asegura y explica que es ese reto el que le hace replantearse volver a dejar libre su imaginación para crear historias para los pequeños de la casa. Escribir para pequeños requiere un ejercicio de regresión a nuestra más tierna infancia. Es una actividad dulce cuando dejas volar tu imaginación y eres capaz de hacer de lo inverosímil una realidad. Porque para el niño, cualquier ficción es una posible realidad, y ante esa realidad no hay barrera que limite nuestra imaginación.

"Me gustó mucho la idea de un mundo increíble", explica Mayorga, y asegura que la idea era la de "estar dentro del elefante. Estaba pensando en la ballena de Pinocho, que se ha tragado tantas cosas  que uno puede esperar encontrarse lo que sea dentro de su interior. Esa es la parte que más me gustó, el imaginar una catedral, dentro un elefante y dentro muchísimos mundos posibles, muchísimos personajes posibles". Aunque en el mundo real todo tiene una limitación, es por ello que en situaciones normales hubiese limitado el número de personajes "por las condiciones del mercado". En este caso, la obra fue pensada para ser representada por niños, por lo que ese condicionante no existía: "Me dije, bueno, voy a darme el gusto de crear figuras".

Esta forma de pensar dice mucho del dramaturgo. Su generosidad a la hora de crear los personajes de su obra, en cierto sentido condiciona su propia dramaturgia, y la orienta a la productividad y la rentabilidad. Un equilibrio necesario para recobrar la dignidad de las obras y que los actores, al menos el tiempo que dure esa representación pueda decir que vive del teatro. No. Bien pensado es una utopía más.

Juafra Rodríguez: "Lo que me apetece aportar es una forma de hacer teatro infantil que a mi me atrapa"Juafra Rodríguez, el director, ganador de un premio MAX al mejor espectáculo en 2001 comenta, en uno de los ensayos de El elefante ha ocupado la catedral la adaptación que hace del texto de Mayorga: "No sé lo que hay de mí en este espectáculo. Pronto lo sabremos. Lo que me apetece aportar es una forma de hacer teatro infantil que a mi me atrapa. Se trata de considerar la obra como si fuese un juguete. Esta metáfora me gustó mucho cuando la leí de un dramaturgo canadiense. Ellos están más avanzados que nosotros en la escena infantil. No se trata de educar, sino de divertir y pasárselo bien y que los niños vuelvan a querer que les cuenten una historia en el teatro", explica.

Sobre la adaptación del texto de Mayorga, cuya lectura no dura más de 20 minutos y la obra un total de 50 minutos, Rodríguez explica que "lo complicado es convertir un texto de 70 páginas en una hora, que es el tiempo medio que te piden los productores porque es lo que el público puede aguantar". Es por ello que, más allá de las palabras del dramaturgo, que son una buena pista, el papel de Rodríguez es el de crear las acciones para que los actores se puedan explayar y jugar. Es decir, le toca crear el ritmo.

"Había un filósofo que decía que la madurez está en la infancia y que cuando crecemos la perdemos. La educación es buena en un sentido y en otro no, porque con la edad todos perdemos la capacidad de sorprendernos", explica el director. Esa reflexión nos invita a pensar que tendemos a asociar la madurez con la pérdida de la inocencia, cuando puede que sea al contrario. Quizás nunca volvamos a ver la vida con los ojos de un niño, pero gracias al trabajo de autores como Mayorga y de la imaginación de directores como Rodríguez, podemos, si acaso, acordarnos de cuando todo lo que nos rodeaba era misterioso y mágico.